Sunday, July 03, 2005

The requirements
El Nacional,
September 16 2004
Milagros Socorro


Lo patético de la impugnación de la madrina del Poder Electoral no es que al minuto siguiente de su elección alguien haya protestado a gritos que la pobre muchacha ganadora recibía una corona fraudulenta. Lo grave, lo vergonzante, lo injustificable es que el Consejo Nacional Electoral, objeto de sospechas en un país sediento de gobernabilidad y probidad de los gobernantes, esté organizando pujas de tres al cuarto, como el torneo de dominó, la carrera de caballos y el rally automovilístico, pavosa actividad, por cierto, que jamás ha demostrado ninguna pericia de sus participantes, salvo la capacidad para hacer el ridículo con la cara de piedra.

En un país donde el centenario del nacimiento de Ángel Rosenblat (19021984) —investigador pionero y gran valorizador del alma venezolana expresada en su habla—, por mencionar el primer olvidado rampante que viene a la mente, pasó por debajo de la mesa, qué relevancia puede tener el cuarto cumpleaños de una institución que, con descaro reconocido inclusive por el secretario general de la OEA en su reciente informe, creó “un clima de innecesaria desconfianza” justo cuando más se necesitaba de lo contrario.

No hay que ser un detective para concluir que las autoridades electorales no están celebrando otra cosa que el cumplimiento de la tarea asignada por el jefazo. Una torpeza más que añadir a su lista de rusticidades, porque la organización de estas festividades no puede sino arrojar más dudas sobre los resultados del referéndum presidencial que, de ser reflejo de la legítima voluntad popular, no tendrían por qué ser redituadas por el Poder Electoral, que con tanta chabacanería se ufana de sus buenos oficios.

Hasta el más convencido de que los cómputos del CNE son legítimos y retratan el mapa político del país alberga dudas al ver que el organismo “árbitro”, como se le ha dado en llamar, se vale de una excusa pueril para gastar casi 200 millones de bolívares en una rumba que, y aquí viene otra intemperancia, involucra a los militares como único sector de la sociedad convidado a la rochela.

En simultaneidad con esta exhibición de provinciana grosería, el presidente Chávez prepara a toda carrera y anuncia la creación de tres nuevos ministerios, al frente de cuyos despachos destina viejos y leales colaboradores.

El domingo pasado, cuando hizo públicas estas decisiones, el jefe del Estado en ningún momento aludió a las condiciones profesionales e intelectuales de sus fichas ministeriales.

Jamás hizo referencia a sus logros, su experiencia, sus estudios o destrezas.

Se limitó, al referirse a Elías Jaua, nuevo ministro de Economía Popular, a encomiar su talante revolucionario y su apego al “proceso”. Para qué más.

Con los mismos requisitos se completó el perfil de los rectores del CNE que debían ejecutar las directrices de Miraflores.

El fiestón del cumpleaños número cuatro es prueba de esto: en qué ha demostrado más capacidad de ejecutoria el doctor Carrasquero, cesante por voluntad propia de las labores de vocería del CNE, para dejarlas en manos de Jorge Rodríguez, ¿en convertirse en factor de tranquilidad y respeto para todos los electores?, ¿en interpretar las aspiraciones de la sociedad en forma plural?
No. La flor de su currículo será la organización de la parranda campestre en el Círculo Militar.

Como es la adhesión al proyecto revolucionario el único adorno que se le exige a Jaua y a sus colegas del tren ministerial para desempeñar sus cargos.

Cierto es que el artículo 244 de la Constitución establece que para ser ministro o ministra en Venezuela, sólo se requiere poseer la nacionalidad y ser mayor de 25 años; pero cuál sería el alivio de la ciudadanía si escuchara decir al jefe del Estado que fulano o fulana han sido escogidos para un ministerio por alguna razón más consistente que la adoración perpetua por el líder, condición susceptible de oportunistas fingimientos.

El puesto de trabajo que demanda menos requisitos es el de ministro venezolano. Piénsese, por ejemplo, que para ser guía del Museo de los Niños, es preciso tener buena presencia, excelente vocabulario y dicción (al canciller lo eliminarían en la primera entrevista) y disposición para el trabajo en equipo.

Para ser policía de Chacao no basta con tener una estatura mínima de 1,70 metros, los hombres y 1,65 metros, las mujeres, también es obligatorio ser bachiller y apto física y mentalmente, lo que se determina mediante exámenes, así como aprobar un test psicológico (¿hubiera llegado a ministro el general Lucas Rincón de haber sido sometido a semejantes comprobaciones?).

Los jóvenes panameños aspirantes a convertirse en policías deben ser bachilleres y no tener cicatrices ni tatuajes. Y si fuera puertorriqueño, deberá demostrar preparación académica y profesional, lo que no le vale de nada si no cumple con sus responsabilidades contributivas y de pensión alimentaria de menores en el caso de haberlas contraído. Si una mujer en Querétaro quisiera ocupar la plaza de cajera en una “importante empresa textil”, no podrá limitarse a tener una excelente presentación, además deberá ser delgada, honrada, responsable, amable y preferiblemente con experiencia.

Quien proyecte ser sacerdote de la Arquidiócesis de Bogotá, está emplazado a demostrar que tiene ganas de superarse cada día y superar los propios defectos, debe tener una inteligencia normal, con capacidad para estudios universitarios y un grado de madurez acorde con su edad (qué pasaría si a los candidatos a gobernador, como Acosta Carles, se les impusiera esta norma).

Todo esto para no mencionar los diplomas y solvencia en varios idiomas que deben ostentar los maestros alemanes, los diplomáticos brasileños, los capitanes de empresa norteamericanos o, para no descarriarnos del tema, los ministros noruegos.

La revolución no exige tanto. Para ser prócer en la era bolivariana basta calificar para fan enamorado y derrochar experticia en la sazón de carne en varas.

Con respecto a la reina, no hablen paja:
cualquiera de ellas podría triunfar.
I take the liberty
El Nacional, June 30 2005
Milagros Socorro


Hace varios años se produjo un fenómeno que muchos lectores deben recordar: el ángel exterminador sobrevoló Venezuela, pero no para cobrar una cosecha de recién nacidos, como hizo la vez que pasó por Egipto, sino para llevarse un conjunto de intelectuales y figuras de la cultura. Fue la época en que murieron Arturo Uslar Pietri, Isaac Pardo, Juan Liscano, Horacio Cabrera Sifontes, Manuel Alfredo Rodríguez, Hesnor Rivera, Sergio Antillano... El grupo es mayor y es amplio el rango temporal en que ocurrieron sus fallecimientos pero el síndrome al que aludiré se presentó en bloque.

Los entrevisté cuando faltaban pocos meses para sus decesos. Y en todos encontré la misma desazón. En cada oportunidad, tras hacer mi trabajo, llegaba a mi casa con el ánimo perturbado y con la idea de que me había tocado vivir un país deshilachado, opaco, muy chato y donde, definitivamente, no vislumbraría esa llama del vivir colectivo que había iluminado a todos estos hombres e impulsado su acción y su arte. Me había tocado una especie de república enratonada, una resaca del viejo sueño venezolano, la ropa arrugada del día que sigue a la gran fiesta.

Transcribía los diálogos (grabados) concediéndoles plenamente la razón. Quién se iba a mostrar refractario a los discernimientos de semejantes mentalidades (y semejantes trayectorias, porque cuando hablaban de la historia contemporánea aludían a hechos que les habían ocurrido a ellos, no se estaban refiriendo a una tropelía de ignaros en el salón Ayacucho o algo así). Debían tener razón: al país se lo había llevado el carajo, todo era peor, casi nada se había salvado de la debacle de la segunda mitad del siglo XX, justamente cuando teníamos todo para hacer buena la promesa de redención que manteníamos –o mantenemos– suspendida desde el día en que terminó la guerra de Independencia.

Era una generación convencida de que cambiaría el mundo en la próxima esquina y se hundió en la tristeza cuando vio que la esquina saltaba en pedazos... o la demolía algún funcionario voraz para levantar otra y cobrar la comisión.

UN DÍA FUI A ENTREVISTAR A ISAAC PARDO Y TUVE LA CERTEZA DE QUE ESTABA DELANTE DEL HOMBRE MÁS ENCANTADOR DEL SIGLO XX VENEZOLANO. Lo más cercano a un aristócrata criollo. Estaba ya muy anciano y deteriorado físicamente pero tan refinadas eran sus maneras, tan tierno y sutil su humor, tan diáfana su esencia de varón, que no podía sino producir el impacto de un hombre tremendamente atractivo.

En un momento de la conversación, –y para ilustrar hasta qué grado había vivenciado su compromiso con la república– Pardo se levantó el ruedo del pantalón para hacerme ver las marcas de los grillos. Corrían, para el momento de esta entrevista, los años noventa, habían pasado aproximadamente 60 años de la muerte de Gómez. El país había tenido –y perdido en buena medida– todas las posibilidades de superar el atraso, la pobreza, el autoritarismo, la corrupción, el militarismo... Y ahí estábamos, Isaac Pardo dándome un piconcito entrañable, yo llevando la mirada de sus ojos a sus tobillos, impresos con antigua y rosada caligrafía; y allá fuera el país fracasando a cada pulsación.

—Cómo cree usted que me siento –me dijo Isaac Pardo–, viendo cercana mi muerte y yo, que luché para cambiar mi país y contribuir a hacerlo grande, me voy, dejándolo convertido en este desastre.

Algo parecido escucharía de los otros entrevistados. Y siempre terminaba yo con el alma en vilo y aquella convicción de haber nacido a destiempo y a deslugar. Hasta que un día comenzó a abrírseme paso la idea de que aquellos hombres, muy brillantes, sin duda, estaban, sin embargo, haciendo una operación fallida:
estaban confundiendo su propio fin, inminente, con la decadencia y cancelación de la Nación. No podían separar su desaparición de la del país que habían amado y convertido en motivo para vivir. Pero ése no era mi caso. Puedo, desde luego, morir mañana por uno de esos disparos que nos están diezmando, pero el imperativo cronológico me indica que tengo una larga expectativa de vida; yo no tenía que adherir la visión catastrófica que abrumaba a aquellos hombres y que les redoblaba sus penas de moribundos.

TRAIGO ESTE ASUNTO A ESTA TRIBUNA PORQUE ACABA DE PASAR EL DÍA DEL PERIODISTA Y ME HA DADO EN LOS ÚLTIMOS AÑOS POR USAR ESO DE COARTADA para dedicar mi columna de la semana en que se celebra el oficio para reflexionar desde mis experiencias como reportera. Quiero compartir esto con los lectores y ponerlos de frente con una situación que veo que se está presentando en la actualidad, cuando el molinillo del desmoronamiento del país parece haber multiplicado sus revoluciones por segundo.

Ahora percibo que el espejo se ha volteado y ya no sólo los viejos superponen su muerte a la de la Nación sino que son los jóvenes, desesperados por la destrucción a la que ha sido condenado el país, sus instituciones, su infraestructura, sus valores, su dignidad y su soberanía, los que ven en ese paisaje espectral el reflejo adelantado de su muerte.

No sé si logro explicarme. Volveré sobre mis pasos, a ver si ahora me hago entender. Tengo la impresión de que así como Isaac Pardo temblaba al intuir que los tobillos de la república tenían la muesca de la tortura y que muy pronto Venezuela desaparecería, tragada por la brutalidad, la injusticia, la vulgaridad de los prevaricadores y las penurias de sus habitantes, ahora son los compatriotas que están en la plenitud de su vida, los que tienen con frecuencia la idea de que sus días están acabados, que si han visto su país volverse este campo yermo donde desfila un anciano dictador, extranjero, fracasado y sanguinario, eso significa que todo lo que creían seguro estaba, en realidad, a punto de desaparecer. Si el país se ha vuelto esto y encima tiene toda la traza de empeorar, esto significa que todo lo que habíamos creído era una quimera, que no veremos en el espacio de nuestra vida el florecimiento de Venezuela, su prosperidad, su independencia económica, su estallido cultural... y si esto no es así, no va a ser así, entonces qué sentido tiene llamarse venezolano, ser venezolano, soñarse venezolano. En suma, qué sentido, qué viabilidad, tiene la propia existencia.

¿Sigo enredada? Puede ser.

NO PROLONGUEMOS, PUES, ESTA ESPECIE DE TARDE DE TOROS EN QUE EL ANIMAL ELUDE CON MAÑA LA ESTOCADA.

VAYAMOS AL PUNTO EN EL QUE QUISIERA DESEMBOCAR.

Mis entrevistados que ya eran rondados por el ángel exterminador, efectivamente fueron conducidos por éste a otros mundos. Y el país se quedó. Turulato, llagado, estridente en sus miserias, pero aquí está. Permanecerá aquí cuando también nosotros nos hayamos ido. Y está destinado a ser mejor; sea que concibamos su recuperación o que no podamos concebirla estando, como estamos, en el rincón más oscuro de nuestro devenir republicano. El país va a ser mejor, algún día, cuando los venezolanos lo procuremos de verdad. Y nosotros nos moriremos de otra cosa (ojalá pasados los 80 y, si no fuera mucho pedir, a manos de un amante con razones para estar celoso) pero no nos moriremos de Venezuela. Eso seguro. Lo que nos queda es luchar, tratar de ver las cosas con inteligencia, sin dejarnos llevar por nociones preconcebidas que hayan demostrado desencaminarnos de la realidad en vez de ayudarnos a penetrar en ella.

Y si la cosa se pone muy difícil, si hay días en que crees que ya no puedes más, que te vas a morir de patria, opta por un exilio parcial, en la lectura, en la contemplación, en el corazón de alguien.
Practice and theory of ketman
El Nacional
November 22, 2004
Ibsen Martínez


1Según Ceslaw Milosz —el tipo que se ganó el Nobel de Literatura en 1980, y de cuyo libro La mente cautiva vengo escribiendo desde la semana pasada–, el ketman no es, como pudiera pensarse, otro nombre para el disimulo.

Disimulo: “Arte con que se oculta lo que se siente o se sabe”. Así lo define la Real Academia y dice, además, que puede también ser la “tolerancia afectada de una incomodidad o de un disgusto”. Se concibe, pues, el disimulo como algo indeseable, como un arte cuyo cultivo conviene, que haya circunstancias adversas que hacen necesario aprender ese arte. Para irnos entendiendo:
Milosz advierte que el ketman es disimulo, ciertamente, pero con un “chin” de íntimo orgullo. El ketman es enmascaramiento acompañado de un sentimiento moral de superioridad del oprimido respecto del opresor.

Conviene, también, adelantar que el ketman tampoco es racionalización pura. Quienes, obligados a vivir bajo un régimen totalitario, se ven en la necesidad de practicar el ketman, no lo hacen solamente para lograr avenirse “racionalmente” y de buen grado a la tormenta de contradicciones y de presiones de todo tipo en medio de las cuales se desenvuelven.

El ketman, en tanto que conducta interior, es una compleja operación, más emocional que mental, y se despliega en muchas e insospechadas direcciones.

Antes de seguir adelante, preguntémonos de dónde sacó Milosz un concepto tan exótico como eufónico para explicar las tortuosas cerebraciones que produce el ciudadano común en las sociedades totalitarias en su afán de seguir funcionando sin enloquecer, sin escindirse y, digámoslo de una vez, sin volverse mierda del todo, y no terminar lanzándose enloquecidamente al mar, a bordo de un neumático vacío, en plan de arrostrar corrientes, tiburones y patrulleras castristas.

“Lo que nos protege de ojos entrometidos —nos dice el poeta lituano—polaco, en su libro La mente cautiva—– adquiere un valor especial porque nunca se formula claramente en palabras y por ello tiene el encanto irracional de las cosas puramente emocionales”.

Sostiene Milosz que, hasta la instauración de los totalitarismos del siglo XX, y del estalinista en particular, un cambio tan profundo en los hábitos mentales, en las costumbres no había ocurrido en la historia de la raza humana. “Al tratar de describir estos nuevos hábitos, encontramos una llamativa analogía en la civilización islámica de la Edad Media: el ketman”.

Milosz narra en La mente cautiva cómo fue que, leyendo a un autor “más bien peligroso” —son sus palabras—, encontró la primera descripción del ketman de la que tuvo noticia. El escritor peligroso del que habla es, en efecto, alguien cuyos libros cualquier demócrata se cuidaría mucho de citar desprevenidamente, sin antes hacer puntillosas aclaratorias: nada menos que al recalcitrante aristócrata francés Joseph Arthur Comte de Gobineau.

El conde de Gobineau vivió entre 1816 y 1882; fue diplomático y hombre de letras. Decía ser descendiente de reyes vikingos y de condottieri renacentistas y se hizo muy célebre como pionero del supremacismo racial ario. Su estudio La Renaissance (1887) fue muy leído y apreciado en su tiempo.

Pero su obra más polémica e influyente fue, sin duda, su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (1853- 1855), que convirtió a Gobineau en uno de los más distinguidos proponentes de la tesis de la supremacía nórdica sobre el resto de nosotros.

La carrera diplomática de Gobineau lo llevó a ser ministro de Francia en Irán, por entonces llamado Persia, y donde, según él, desarrolló buena parte de sus ideas.

El conde sostenía, entre otras cosas, que es la raza lo que crea cultura y no al revés. Dicho sea al pasar, Gobineau no podía tener peor opinión de la democracia. Y de los judíos. Por todo ello, Milosz se cura en salud —y hace bien— cuando dice que no es necesario coincidir con las conclusiones de Gobineau para apreciar su extraordinario don de observación. Yo pienso lo mismo.

2Volviendo al ketman, he aquí el comentario de Gobineau que Milosz leyó en Religiones y filosofías de Asia Central: “Algunos pueblos musulmanes no árabes —es el caso de Persia— creen que aquel que está en posesión de la verdad no debe exponer su persona, sus familiares y su reputación a la ceguera, la majadería y la perversidad de aquellos a quienes Dios quiso mantener en el error”. Por tanto, se puede y se debe, cuando resulte posible, guardar silencio acerca de las propias convicciones.

“Sin embargo”, prosigue Gobineau, “hay ocasiones en las que guardar silencio no es suficiente, en especial cuando callar equivale a una confesión. En esos casos no se debe vacilar. No sólo se puede y se debe negar el propio y recto parecer, sino que la fe ordena recurrir a cualquier ardid con tal de engañar al adversario. Así, es licito hacer todas las profesiones de fe que, sin abjurar explícitamente de la nuestra, puedan complacerlo, igual que es lícito participar en ritos que, en nuestro fuero íntimo, consideremos vanos. Se debe, en estos casos, enmascarar lo que hayan podido brindarnos los libros y agotar todo medio de engaño.

De este modo, se obtienen múltiples satisfacciones y se hacen méritos, al ponerse cada quien a cubierto junto con los suyos, y al no haber expuesto una fe venerable al horrible contacto del infiel. Finalmente, al engañar al adversario y contribuir a que se afirme aún más en su error, se le impone la desgracia, la vergüenza y la miseria espiritual que merece.

Quien practica el ketman se llena de orgullo. El creyente se eleva, gracias a él, hasta un estado permanente de superioridad respecto del hombre a quien engaña, ya sea éste un dignatario de estado o un poderoso rey. Para quien recurre al ketman, aquél no es más que un ciego miserable a quien apartamos de la verdadera senda, una senda de cuya existencia no llega siquiera a sospechar.

Podrás ser desgarrado por las fieras mientras mueres de hambre, podrás temblar en lo externo, a los pies de una fuerza superior, pero burlada. Tus ojos, sin embargo, estarán llenos de luz, marcharás resplandeciente entre tus enemigos porque es un ser sin inteligencia ese con el que has jugado, es una bestia peligrosa esa que has desarmado.

¡Qué tesoro de placeres!”

3Gobineau cita los esfuerzos de un “sadra”, un racionalista discípulo de Avicena. Avicena fue un filósofo y médico persa del siglo XI, estudioso de Aristóteles, cuyo manual de medicina fue muy apreciado y difundido por la escolástica en Occidente.

El sadra —no sé si interese saber que se llamaba Hadzhi-SheikhAhmed— observaba escrupulosamente todos los dogmas cardinales del shiísmo, pasaba horas elucubrando, en voz alta y donde lo escucharan, hasta el mínimo detalle de la fe. Con ello proclamaba su superior conocimiento de los mismos, hasta que se granjeó el respeto de los temidos mullahs y los temibles imanes. Entonces, el sadra se dio la tarea de impartir el avicenismo racionalista entre las clases ilustradas.

Llegado el momento, repudió el Islam, y se mostró como el aristotélico que verdaderamente era.

Gobineau no cuenta si los mulás lo esperaron en la bajadita.

Desde luego, no todo el mundo ostenta credenciales intelectuales, ¡y ni hablemos de los nervios de acero!, para practicar el ketman a una escala tan exaltada como el del sadra, pero Milosz, al “secularizar” el concepto, señala que el método ketman de supervivencia intelectual en ambientes ideológicamente opresivos puede desplegarse en formas igualmente dramáticas y cotidianas en las sociedades totalitarias En su libro, Milosz hace hincapié en que en una dictadura comunista existen tantos ketman como desviaciones ideológicas puedan haber. Y que cada ciudadano es, por sí mismo, una desviación ideológica de la ortodoxia del régimen. Con todo, Milosz distingue varios ketman básicos: el ketman del nacionalista, el ketman del profesional, el ketman del esteta, el del académico, el del alto funcionario, el del deportista, etcétera.

En la vida de todo disidente, mucho antes de que la notoriedad de una prisión política lo singularice, si es que llega a saberse que está en prisión, se registran largos períodos de ketman.

No estamos hablando ya solamente de Andrei Shajarov, de Milan Kundera, de Vaclav Havel o del propio Milosz, ni exclusivamente de científicos o escritores cuyos nombres jalonaron la dilatada y crudelísima crisis del “socialismo real” en el siglo XX.

Piénsese no más en las “horas hombre” invertidas en ketman puro y duro por gente como Paquito D’ Rivera, Arturo Sandoval, “el Duque” Hernández o, sin ir más lejos, por la compañía de baile cubana —43 integrantes— que apenas la semana pasada desertó en masa en Las Vegas.

El ketman no se extinguió con el desplome del bloque soviético: es cosa de todos los días, a pocas horas de vuelo de Caracas.

Tuesday, June 14, 2005

National Guard Versus the Army

Tal Cual, Teodoro Petkoff, June 14 2005

Lo más lamentable y descorazonador del episodio que comenzó con la destitución del comandante del Comando Regional 8 de la Guardia Nacional en Guayana (CORE 8), general Alberto Betancourt, y continuó con la intervención del Ejército, “ocupando” todas las sedes de la GN en la región, es que es cierto lo que se ha dicho, tanto sobre la conducta del general Betancourt y su comando, como sobre el posterior comportamiento del Ejército en su ejercicio de “guerra asimétrica” contra la GN. El viejo pique entre ambos componentes de la FAN se expresó con particular virulencia en Guayana.

Por una parte, cómo serán de sólidas las acusaciones de los mineros contra la GN, que en este reinado de la impunidad para toda clase de atropellos en que se ha convertido nuestro país, al gobierno no le quedó más remedio que sacar al general Betancourt de su cargo. No le valió de nada su insólito programa radial, en el cual, pasándose por el forro la Bicha y toda la legislación y reglamentación castrense, el general de marras, cual estrella de La Hojilla, intervenía abierta y agresivamente en el debate político —siempre en defensa del gobierno y de “mi comandante en jefe”. Sus “méritos” políticos no le sirvieron de escudo.

Porque el expediente contra el CORE 8 es gordo. Los mineros denunciaron el maltrato físico y verbal y el implacable cobro de peaje sobre el oro que extraen (una fuente minera nos habló de la “tarifa” de 250 gramos de oro que cada minero debía entregar mensualmente a los caballeros que en el brazalete llevan la inscripción “el honor es su divisa” ). Pero también personal del CORE 8 es el que está acusado y enjuiciado por la masacre de la cárcel de Vista Hermosa. El general Betancourt no sólo defendió la criminal operación sino que opuso toda clase de obstáculos a la acción de la Fiscalía, que allá se portó como debe ser. El último escándalo en que está involucrado el CORE 8 es el de la desaparición del joven Franklin Moreno Rojas, detenido por efectivos de la GN el 15 de febrero pasado, en un accidente de tránsito, y a quien desde entonces no se le ha vuelto a ver. Se lo tragó la tierra, en sentido absolutamente literal. De modo que para la destitución del comandante del CORE 8 sobraban, al parecer, motivos —que por lo demás corresponden a un patrón de conducta del cual en modo alguno tenía la exclusividad el comando regional guayanés.

Pero también es verdad que el modo como los efectivos del Ejército cumplieron con su misión de intervenir el CORE 8 fue brutal y descomedido. Eso no es un secreto para nadie en Guayana. Tanto así que ello condujo al amotinamiento de los guardias nacionales y a que se creara una peligrosa situación de tensión entre ambos componentes militares. La legalidad, pues, también fue violentada por quienes debían velar por ella.

La conclusión de todo esto es que al proceso de deterioro de las estructuras institucionales del país no escapa la FAN. Todo lo contrario, allí está uno de los principales escenarios de ese proceso.

La partidización, la ideologización, la marcha acelerada hacia la condición de guardia pretoriana, están afectando gravemente a la institución castrense.

Monday, June 13, 2005

El Padrino (the Godfather)

Podemos imaginar el instante en que los oficiales del curso de Estado Mayor fueron colocados ante la proposición de darle el nombre de Fidel Castro a su promoción.

Seguramente siguió un silencio de leones. Lo más probable es que haya sido “sugerida” desde arriba, tal vez por el propio Chávez, a través de algún cursante seleccionado para cumplir ese rol, pero también cabe la posibilidad de que haya partido espontáneamente de alguno de los alumnos. Sin embargo, ¿hubo discusión sobre el tema entre los señores oficiales? ¿Se habría atrevido alguno de los presentes a asomar aunque fuera tímidamente una discrepancia o reserva? Se puede apostar que no. Entre los graduandos, por supuesto que algunos habrán acogido jubilosos la idea, pero también es probable, como ocurre en toda colectividad humana, que haya habido oficiales inconformes.

¿Qué opción tenían? Tuvieron que tragarse sus opiniones.

Cualquier disidencia, en la FAN de hoy, significa literalmente jugarse la carrera.

Fidel Castro es una figura importante del siglo XX, qué duda cabe, pero es una figura polémica y por tanto divisiva.

No une ni siquiera a la nación cubana, muchísimo menos puede unir a otra. Darle su nombre a una promoción de oficiales venezolanos es, literalmente hablando, una provocación.

En un país tan tremendamente escindido y polarizado como el nuestro, ese gesto no puede interpretarse sino como evidencia de la intención de profundizar malévolamente el abismo que separa a las dos Venezuelas. Es también una provocación y un acto de insensata arrogancia ante la Fuerza Armada Nacional.

Cualquiera que sea la importancia histórica de Fidel Castro, a estas alturas de su vida, acercándose al medio siglo de poder absoluto, el líder cubano es la encarnación de una dictadura cerril, de un régimen totalitario, cerrado y antidemocrático, que descansa en un aparato policial omnipresente y en la represión continua, sistemática, de toda opinión disidente. Por añadidura, ese régimen ni siquiera puede esgrimir la coartada de haber proporcionado prosperidad material a la isla.

Cuba, económica y socialmente hablando, es un fracaso estentóreo.

El sueño igualitario del socialismo ha sido hecho trizas por realidades económicas que han creado nuevas divisiones e injusticias sociales. Basta con ver el equipaje de los médicos cubanos que retornan a su país, cargados con toda clase de bienes, desde electrodomésticos hasta toallas sanitarias, para medir la profundidad del desastre económico-social que vive la isla. No podía ser de otra manera. Una sociedad que no puede discutirse a sí misma, condenada a oír pasivamente las ocurrencias del Comandante en Jefe, que han llevado al país de desastre en desastre económico; sometida a la voz monocorde de medios regimentados, ¿cómo puede examinar y superar sus errores? Chávez ha dicho que ese modelo no se debe copiar. Sin embargo, cada paso que da parece ir en dirección contraria a sus palabras. ¿Qué sentido tiene entonces —que no sea el de la provocación— utilizar el nombre de la figura emblemática de esa tragedia histórica que ha sido la revolución cubana como paradigma para los venezolanos, sean militares o civiles?

Quizás valga aquí parafrasear la famosa expresión napoleónica:
esto de darle el nombre de Fidel a una promoción de oficiales venezolanos más que un error es una verdadera estupidez.

Thursday, June 09, 2005

The fear factory

Milagros Socorro
El Nacional, June 9, 2005

Una gran desesperanza abate el corazón de Venezuela.

Un agobio que acogota por igual a todos los sectores políticos de la nación. A los simpatizantes del Gobierno, porque tras seis años de retórica y de abuso del expediente de la confrontación, no ven una verdadera recuperación del país, no logran avizorar el inicio de un camino de paz, de trabajo, de perspectivas favorables para el desarrollo de una vida amable, con posibilidades de ejercer el derecho a la libertad y a la seguridad personal, de estudiar, de cultivar una vocación, de tener una existencia cónsona con las promesas de bienestar de la modernidad (que vemos satisfechas en las series televisivas extranjeras, en el cine y en las cartas que recibimos de nuestros familiares expatriados). Y a las distintas cepas de la oposición, porque casi todas han perdido la fe en que las cosas puedan cambiar:
hemos sido humillados con tal frecuencia, crueldad e inmisericordia, que hasta los ánimos más templados han comenzado a ceder al desencanto.

Además, los métodos democráticos han demostrado ser más frágiles que lo que creíamos, y muchos han fallado en el intento de torcer la ruta autoritaria por la que se despeña nuestro país.

POR SI ESTO FUERA POCO, ALGUNOS GAJOS DE LA OPOSICIÓN SE HAN PERMITIDO DESMELENARSE POR RAÍLES QUE CREYERON RÁPIDOS y que resultaron pantanos donde zozobraron sus aspiraciones. Estoy pensando en aquella época en que algunos opositores creyeron que si hacían mucho ruido en los lugares públicos donde descubrieran la presencia de un funcionario gubernamental, esto contribuiría a minar su moral y a hacerlo desistir de su frecuentación burocrática. Hubo, pues, quien creyera que Juan Barreto, pongamos por caso, el hombre que hizo publicar un panfleto anónimo donde insultaba a varias periodistas (entre quienes tuve el honor de contarme), se iba a amilanar porque le hicieran un cacerolazo.

Y estoy pensando en aquella otra época en que una parte de la oposición apostó a que en los oficiales disidentes de Altamira estaba la salvación de la República. Guardo en carpeta sellada los insultos que recibí entonces por haber reaccionado, a pocas horas de la maniobra del obelisco, señalando su inutilidad y patetismo teatral. (Condensa el estilo de los remitentes un mensaje que rezaba:
“perra, puta, maracucha”. Toda una imprecisión, por cierto, puesto que soy perijanera). Como puede verse, esa fracción de la oposición estaba convencida de que los oficiales disidentes derrocarían el gobierno de Chávez y se abriría para el país una nueva era. ¿Cómo se explica este desatino? Porque ya entonces comenzaba a fraguarse este estado de desesperanza que hoy se percibe con toda claridad en todo, absolutamente todo, el país.

VENDRÍAN OTRAS, TERRIBLES, ÉPOCAS. Los tiempos, por ejemplo, de lo que ha dado en llamarse, muy apropiadamente, “el fraude continuado”, tan minuciosamente documentado por El informe Súmate, la verdad sobre el Reafirmazo, uno de los libros más escalofriantes, por su riguroso tono técnico y lo irrebatible de sus argumentos, en la historia de la tortura, en este caso practicada a una situación en su conjunto y no a un sólo detenido en una dependencia militar (un libro, al parecer, que muy pocos hemos leído y respetamos, puesto que nadie lo cita cuando toca mencionar los grandes méritos de los directivos de Súmate, que rebasan con mucho sus gracias físicas, también innegables y muy de apreciar).

Aquella seguidilla de trampas, de burlas a la ciudadanía, de descarado abuso de poder, concluiría con el referéndum del 15 de agosto, sobre cuyos resultados aún existen dudas; si no en cuanto el apoyo con que contaba y cuenta el presidente Chávez (que las encuestas de entonces y de ahora refrendan), sí por aquellos antecedentes de grosero desconocimiento de los derechos políticos de muy buena parte de la población.

El 15 de Agosto estrangularía aún más la esperanza. Y me permito asegurar que la esperanza de todos, no sólo de quienes votamos por la opción revocatoria del mandato presidencial, sino de todos los venezolanos, porque esa fecha marcaría el desbordamiento del autoritarismo de Chávez (cuya máxima coagulación es la lista de Tascón), su nefasta alianza con Fidel Castro, la entrega de los recursos de Venezuela a la dictadura cubana, el ingreso de los agentes del G–2, ya, desde luego, en marcha desde el comienzo del gobierno pero entonces convertida en muchedumbre, claramente perceptible por la población. Y marcaría también, y sobre todo, el desbocamiento de la corrupción administrativa en todos los estratos del Gobierno. Nadie ganó con el 15–A, sólo Chávez y su camarilla. Y Fidel Castro, evidentemente, el principal beneficiario.

DESPUÉS DE AQUELLA FECHA, EL GOBIERNO SE COMPROMETERÍA EN UNA ESTRATEGIA DE INTIMIDACIÓN ELABORADA PARA QUE ALCANZARA A TODOS LOS VENEZOLANOS. A sus acólitos, para garantizar la militancia, la lealtad... y la complicidad, en muchos casos. Y a los adversarios, para demoler, dentro de sus cabezas, en el centro de sus almas, la rebeldía, el espíritu crítico, la claridad opositora. El miedo y la desesperación son los mejores estímulos para incurrir en errores, para dar bandazos, para dejar en la cuneta los principios porque la dolorosa impaciencia empuja a embestir sin mayores discernimientos.

Y en eso nos encontramos ahora.

Yo quisiera que mi escritura tuviera la eficiencia y el vigor necesarios para expresar la consternación que siento cuando veo al presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón, en el estrado de nuestra Asamblea Nacional. No he aprendido en mi peregrinación por el castellano las palabras exactas para dar cuenta del tornado que se desata en mi pecho, esa mortificante lava que rápidamente se desplaza hasta mi garganta y barre mis brazos. Los cubanos me han tatuado con la humillación.

La presencia del embajador de Cuba en nuestro Parlamento, en nuestra vida política, en los entornos que son de Venezuela y de los venezolanos, me ha impregnado de la mayor vergüenza que nunca he experimentado.

Pero si no tengo las palabras para nombrar la deshonra en que vivo desde que Fidel Castro y sus rufianes son los amos de mi país, los artífices de nuestro destino, quisiera tenerlas al menos para contribuir a desmontar el ardid preparado para mantenernos en el miedo y la desarticulación.

Es con el objetivo de paralizarnos de miedo que el dictador de Cuba, el último invasor de Venezuela y verdugo de nuestros soldados (durante los años sesenta), ha sido escogido como padrino de la promoción del curso de Estado Mayor del Ejército. Es para que nos convirtamos en colaboradores de su proyecto totalitario que el comandante general del Ejército, general Raúl Baduel, envía un boletín a los medios de comunicación para anunciar “la incorporación de la Reserva a los ejercicios militares que se realizan en la población de El Pao, estado Cojedes”. No es un gesto de mero carácter informativo que con su jerga abstrusa, el oficial esotérico reencarna en la perversión para hacernos saber que el Ejército está concentrado en reconvertirse en guerrero asimétrico, es decir, en instantáneo represor de cualquier iniciativa subversiva (la asimetría no es entre Estados Unidos y Venezuela, en cuyo caso hablaríamos de disimilitud sideral de las posibilidades militares, sino entre la población y el Gobierno).

Eso, que los aduladores llaman “pensamiento militar”, para atribuirle a Chávez una capacidad filosófica, está concebido para aterrar, confundir y obstaculizar la formidable tarea liberadora que tenemos por delante.

Todos los venezolanos.
Venezuela or Fidel

Manuel Felipe Sierra
El Nacional, June 8, 2005


La escogencia de Fidel Castro como padrino de la más reciente promoción del curso de Estado Mayor, no sólo coloca una mancha de deshonra en los uniformes de quienes tomaron la decisión, sino que desafía la dignidad nacional. Es un nuevo paso en el proceso de acelerada fidelización. Sería un error concebir el contubernio La Habana– Caracas como un asunto meramente diplomático o de la exclusiva responsabilidad de Chávez. La cesión deliberada de soberanía a la dictadura cubana asume una suprema importancia que se convierte en un desafío para los venezolanos.

Chávez no recibió un mandato para reproducir en Venezuela un modelo que después de 46 años ha devenido en un sangriento anacronismo histórico.

El gobernante fue electo democráticamente para generar un cambio sobre la base del respeto a los derechos humanos y el Estado de Derecho y no para instaurar tramposamente una versión del fidelismo aderezada con las perversas fórmulas autocráticas de Mugabe en Zimbabue. Es lógico que existan convenios comerciales y de cooperación entre los dos países.

Se entiende, incluso, que la trasnochada noción del socialismo que tiene el alto gobierno establezca una línea de simpatía con lo que hoy es una tiranía crepuscular. Pero la importación de agentes del G–2 para la reingeniería de los cuerpos policiales y de inteligencia y para reconvertir la Fuerza Armada Nacional en una milicia al servicio de un proyecto militarista y mesiánico, comportan un acto contrario al más elemental interés de la nación.

Hoy en día, la injerencia fidelista es mayor en Venezuela que la que hubo en el pasado en el Chile de Allende, la Granada de Bishop y los 10 años de la revolución sandinista en Nicaragua.

Que la señora Marta Harnecker trace las líneas de la revolución venezolana en instalaciones militares; que el presidente de la Asamblea de Cuba, Ricardo Alarcón, se permita dar clases de democracia, cuando ha sido un obsecuente devoto del gobierno más cruel de América Latina; que algunos consejos de ministros se realicen en el Palacio de la Revolución; que Castro haga chistes sobre las elecciones venezolanas y exalte la farsa plebiscitaria que suele montar para engañar a los cubanos; que Venezuela instale una sucursal del Banco Industrial en una nación sin sistema financiero y que no estará sujeta a control ni auditorías y que gracias a una oficina de Pdvsa el régimen cubano se convierta en exportador de petróleo; que las deplorables cartillas de la educación cubana sean recitadas en las escuelas venezolanas y que el país ponga en riesgo las relaciones con Estados Unidos por la extradición de Posada Carriles para servir de comparsa a uno de los shows de Castro frente al malecón habanero, son razones más que suficientes para comprender que la fidelización es un problema de mayor entidad y prioridad que los menudos cálculos electoreros y el desbordamiento de pequeñas ambiciones que llenan la agenda de los partidos.

Ahora es el momento de que sectores consecuentes de la oposición tomen la iniciativa de iniciar una movilización que seguramente despertará el orgullo y la fibra patriótica y si es posible, para activar el mecanismo de un referéndum consultivo que permita a los ciudadanos decidir si asumen la democracia que le ha sido tan cara o prefieren, en cambio, ser vasallos de una oprobiosa dictadura foránea. Está en juego nada menos que el destino de la patria.

Thursday, June 02, 2005

Ay, María Corina, qué fastidio

Milagros Socorro, El Nacional, Thursday 2, June 2005

Lo peor de todo son las rodillitas. Esas manzanas de mármol (minuciosamente depiladas) asomando de la minifalda, un look entre ejecutivo y sexy, muy al uso entre las jóvenes ambiciosas del momento.

Están las sandalitas, desparpajadas, audaces, veraniegas. Pero lo descorazonador son esas rodillas apretadas para hacer más llevadero el piconcito, esas rodillas ateridas porque a su lado no se encuentra un buen muchacho, un “admirador”, como se decía antes, un amante tierno y caballeroso sino el hombre más poderoso de la Tierra, el más frío cuando toca ordenar un bombardeo, uno de los más sedientos a la hora de los bloody marys... Y allí, a su lado, con cara de colegiala elegida para recitarle un poema al general Perón de visita en el plantel, está María Corina Machado, con una sonrisita forzada porque algo dentro de sí debía estarle advirtiendo que en ese momento cometía el peor error de su vida.

SI LAS FOTOGRAFÍAS DEL PRESIDENTE HUGO CHÁVEZ CON FIDEL CASTRO PRODUCEN ESA TERRIBLE DESAZÓN porque son el emblema del descaro con que el gobierno autoritario de Venezuela procura y paga a precio de oro una intervención extranjera, que, encima, lleva la marca de una dictadura ferozmente represiva, sanguinaria y empobrecedora, esta imagen de la directora de Súmate de manitas con el presidente de Estados Unidos es lo más patético que podíamos imaginar. Lo que se llama la guerra simétrica: el presidente de la República se abraza con Fidel Castro y una parte de la oposición se retrata de manitos agarradas con Bush, el mayor promotor de la guerra que haya conocido la humanidad. Qué triste. Qué gran idiotez.

YO ME IMAGINO QUE ESA INSTANTÁNEA DE MARíA CORINA MACHADO CON GEORGE BUSH LLEGARÁ A VALER MILLONES EN EL MERCADO DE FOTOS RARAS porque no es común que en la actualidad alguien se exponga frente a la cámara en semejante compañía.

Nadie quiere estar en esa situación.

Muy por el contrario. Todos los artistas, todos los escritores, todos los intelectuales de valía, todos los luchadores sociales, toda la gente seria del mundo se ha deslindado de la manera más radical del primer mandatario estadounidense. Todo el mundo sensato, sensible, apegado a la justicia y con algún sentido histórico ha manifestado su repudio a la forma de gobernar de Bush, a su grosera noción imperialista, a su desprecio por la vida humana y por la convivencia de las naciones, por su conservadurismo, su mentalidad ultramontana.

No hay nada en el mundo más rayoso que el presidente Bush. Y esa es la ribera que escoge María Corina Machado para llevar a pastar sus rodillitas. Qué triste. Qué desatino.

¿Y LAS DECLARACIONES? POR QUÉ TIENE QUE IR MARÍA CORINA MACHADO A DECIRLE A BUSH QUE NOSOTROS LOS VENEZOLANOS TENEMOS EL “DESEO DE VIVIR EN LIBERTAD y en democracia”.

¿Por qué tiene que ir a decírselo precisamente al mandamás de la mayor potencia del mundo? ¿Tiene María Corina Machado tan poca fe en los resultados de nuestras luchas democráticas, que tiene que ir a buscar una especie de padre o de réferi que medie para solucionar nuestros problemas? ¿Se les ha ocurrido, a los directivos de Súmate, que así como deploramos la intervención de la dictadura cubana en el territorio y en los asuntos de Venezuela, de la misma manera rechazamos enérgicamente una eventual intervención norteamericana?
¿Se han paseado por esa reflexión? Es bueno que vayan cayendo en cuenta de que la visita de María Corina Machado a George Bush es una afrenta para muchos de nosotros, los que estamos determinados a vivir en nuestro país sin tutores y sin padrinos extranjeros.

Las rodillitas de María Corina Machado refractando la luz del flash, sentada en la butaca tapizada de raso, en la Casa Blanca, me producen una melancolía, cómo diría, espesa. Es algo así como una vaina más, como ese tipo de problema que no te da rabia, ni apremio, sino un inmenso aburrimiento, un fastidio impregnado de vaga irritación.

Y me imagino a los “asesores comunicacionales” del gobierno bolivariano justificando sus mesadas millonarias, reproduciendo la fotico donde María Corina y George se rozan los dedos... me los imagino introduciendo la foto en sobres manila... me los imagino armando cerros de sobres: el montón que va para América Latina, el de Europa, el de Asia, el de Oceanía, el de los círculos bolivarianos de todo el orbe, el de los todos los periódicos importantes del planeta... las rodillitas marfileñas multiplicadas casi a lo infinito. Su dueña es portadora de un mensaje que el gobierno revolucionario de Venezuela esparcirá por todos los confines: ¿vieron? Ahí tienen.

Era verdad. La vestal de Súmate, la defensora de los procesos eleccionarios transparentes, míramela, hombro con hombro con el tipo.

Cabe prever que ya María Corina no será molestada nunca más por la justicia bolivariana. No hará falta. Ella misma encendió la luz que había estado apagada por un siglo en el calabozo de Luisa Cáceres de Arismendi. Ella solita se ha metido, ha ajustado la puerta y ha arrojado la llave. Nadie vendrá a sacarla. Allí escuchará el rumor lejano del mar de la política en cuyas olas sólo se bañan los que tienen sentido de la oportunidad.

Sunday, May 29, 2005

Voluntad de morir
Mario Vargas Llosa
El Pais
El Nacional, Sunday 29, May 2005


Tal vez la historia de ciertos países sería menos esotérica, para no decir indescifrable, si pusiéramos en tela de juicio la creencia, apuntalada y universalizada desde el optimismo filosófico del Siglo de las Luces, según la cual forma parte de la naturaleza de todos los pueblos la vocación de progreso, justicia y libertad. Porque, aunque es indudable que esta predisposición parece existir, en efecto, en las sociedades que han evolucionado desde la escasez hasta la prosperidad y desde el absolutismo hacia la democracia, lo cierto es que hay otras en las que aquel impulso natural colectivo brilla por su ausencia y, en su reemplazo, parece prevalecer una clara preferencia por el estancamiento, la involución histórica y hasta el suicidio económico y social.

Las razones por las que esta naturaleza reaccionaria y antimoderna se enraíza en una sociedad son muy variadas —ideológicas, religiosas, culturales— y, afortunadamente, cambiantes, lo que significa que, en distintas épocas de su desenvolvimiento, un mismo país puede estar en la vanguardia del progreso y en el furgón de cola de la modernidad. Los casos ejemplares de este fenómeno son, en Europa, Francia, y en América Latina, Argentina. Probablemente pocas naciones han hecho avanzar tanto el progreso social, económico y cultural en el mundo como Francia, sin cuyos pensadores, artistas, estadistas, y sin la voluntad transformadora y modernizadora de vastas capas de su población en los siglos XVIII y XIX, el mundo sería infinitamente más pobre y menos libre de lo que es hoy. ¿Por qué se ha extinguido ese espíritu en la sociedad francesa y lo ha reemplazado ese terrible letargo y resistencia a la modernización que está, paso a paso, hundiendo cada día más a Francia en una decadencia que parece irreversible? La Francia de la Enciclopedia y de les philosophes que inventó el universalismo, proclamó los Derechos del Hombre, inauguró la secularización de la cultura, es hoy una sociedad profundamente conservadora y reaccionaria, tratando desesperada y absurdamente de oponerse a la gran revolución de nuestro tiempo que es la globalización y oponiéndole un nacionalismo anacrónico y cerril, del que, aunque utilizando argumentos distintos, se alimentan prácticamente todas las fuerzas políticas, desde el fascista Le Pen hasta la extrema izquierda comunista y trotskista, pasando por gaullistas, republicanos, socialdemócratas y socialistas. El sector moderno y liberal es, políticamente hablando, insignificante y sin posibilidad alguna en lo inmediato de revertir este lento avance de la sociedad francesa hacia el abismo.

Esta involución recuerda la de la Argentina. Ya casi todo el mundo ha olvidado, luego del trágico espectáculo del país en los últimos decenios, que esta nación fue una de las más ricas y progresistas del mundo, una verdadera potencia industrial a principios del siglo XX, con un sistema educativo comparable a los mejores del planeta, que acabó con el analfabetismo antes que tres cuartas partes de Europa lo consiguieran, y que, a mediados del siglo XX, tenía todavía —aunque los desafueros del peronismo ya habían comenzado la tarea de zapa y demolición de su prosperidad— una vasta clase media, emprendedora, culta, y de un altísimo nivel de vida. (¿Alguien recuerda que esa Argentina rica envió harina y carne a la pobrísima España de la posguerra?). En menos de medio siglo, sin que mediara ninguna razón natural, única y exclusivamente por la incompetencia demagógica de su dirigencia política, y la ceguera y sinrazón con que enormes sectores populares apoyaron los desvaríos de aquélla —nacionalizaciones, populismo desenfrenado, intervencionismo estatal en la economía, mercantilismo y corrupción— Argentina ha conseguido la hazaña de regresar al tercermundismo del que fue uno de los primeros países en salir, y debatirse, ahora, en sus inevitables secuelas: pobreza, desempleo, crispación social, marginación, y una astronómica deuda que gravitará mucho tiempo como lastre asfixiante sobre todo plan de reforma y desarrollo. Produce vértigo comprobar que el mayor responsable de esta catástrofe histórica sin parangón, el peronismo, siga gozando en Argentina del favor popular al extremo de haber erradicado a todo otro competidor en la liza electoral en un futuro más o menos próximo. Si esto no es vocación de suicidio, no sé qué es. ¿Y cómo llamar a esa fantástica carrera en la que parece haberse lanzado el pueblo boliviano hacia su ruina y desintegración? En 1985, en su cuarta presidencia, Víctor Paz Estensoro tuvo el coraje de llevar a cabo reformas radicales e inequívocamente modernizadoras, que salvaron a la sociedad boliviana del caos de una hiperinflación astronómica en la que los precios cambiaban tres veces al día y el valor de los salarios se escurría entre los dedos de los trabajadores apenas los cobraban. El gran sacrificio que esto significó, el pueblo boliviano lo soportó con estoicismo, apoyando las medidas modernizadoras: la privatización del sector público, los incentivos a la inversión extranjera, el apoyo a la exportación, y, en suma, la reversión de la tendencia populista, intervencionista y estatizadora, impulsada por el propio Paz Estensoro en los años cincuenta, que hizo de Bolivia uno de los países más pobres e inestables del planeta.

Las reformas dieron resultados apreciables y la economía boliviana comenzó a crecer, a atraer capitales extranjeros, y su vida política a estabilizarse, por primera vez en una historia en la que nunca antes un presidente elegido democráticamente había podido terminar su mandato.

Había elecciones libres y alternancia en el poder. La política económica se mantenía y muchos países latinoamericanos empezaron a mirar con envidia y admiración al país del Altiplano.

Entonces, los dioses, o tal vez el diablo, decidieron premiar la sensatez de los bolivianos haciéndoles descubrir en su subsuelo vastísimos yacimientos de gas y de petróleo. Fue la catástrofe.

La aparición de esa riqueza, que en cualquier sociedad normal sólo hubiera provocado alborozo y alentado la voluntad de progreso nacional, en Bolivia tuvo un efecto cataclísmico: la antigua demagogia populista resucitó, ganó las calles, y, capitaneada por supuestos líderes “indígenas” como Evo Morales (del Movimiento al Socialismo) y Felipe Quispe (Movimiento Indigenista Pachacutik), desencadenó una crisis que ya tumbó al presidente Sánchez de Losada y amenaza ahora con tumbar a quien lo sucedió, el presidente Carlos Mesa, y sumir al país, además de la parálisis económica en que ya se encuentra, en la anarquía, una guerra civil o un golpe de Estado y precipitar acaso el desmembramiento territorial de Santa Cruz, la región más afluente y más moderna de Bolivia. ¿Cómo calificar a todo este proceso si no llamándolo locura colectiva, peste de estupidez?
Es una ingenuidad de europeos amantes del exotismo creerse aquello de que el dirigente de los cocaleros bolivianos y el gran hacedor del desbarajuste en que se halla su país, Evo Morales, es un “indígena” luchando por mejorar la suerte de su comunidad étnica. En verdad, es un criollo lenguaraz, vivo como una ardilla, y que no se propone resucitar el Imperio de los Incas, ni el Tiahuanacu, sino seguir las huellas de sus maestros, amigos y mentores, Fidel Castro y Hugo Chávez (este último es, además, el financista del MAS), capturando el poder absoluto e instalando en Bolivia una dictadura marxista.

No es imposible que lo consiga, por la vía democrática de las urnas. En las últimas elecciones salió segundo, a muy poca distancia del vencedor, y ahora domina las calles, apoyado por sectores campesinos y mineros y por la COB, la Central Obrera Boliviana.

Su popularidad sólo es explicable por aquella pulsión de muerte que, según Freud, se disputa en el légamo de la personalidad humana con la erótica la orientación de la vida y va trazando, desde el inconsciente, el destino del individuo.

Evo Morales ha conseguido paralizar dos intentos de dar una ley de hidrocarburos que permita a Bolivia beneficiarse de los yacimientos de gas y de petróleo y quemar etapas en el desarrollo, creando puestos de trabajo y elevando los niveles de vida de los sectores desfavorecidos. Y ha declarado, sin empacho, que es preferible que estas riquezas permanezcan en el subsuelo en vez de servir para enriquecer a “las compañías capitalistas y al imperialismo”.

O sea, ya sabe el pueblo boliviano lo que le espera si el popular Evo Morales toma el poder.

Ante este riesgo, hay irresponsables que creen que el mal menor es llamar a los cuarteles y entregar el gobierno a un Pinochet.

Es decir, apagar el incendio echando chorros de alcohol y keroseno a las llamas. Si los cuartelazos y los caudillos militares resolvieran los problemas, Bolivia sería Suiza o Suecia, no Bolivia. Porque en sus 200 años de historia republicana ha tenido más golpes de Estado y más dictadores militares que todos los otros países de la tierra. En verdad, a ello se deben en gran medida su postración, sus desigualdades abismales, su atraso.

Una dictadura no es jamás la solución.

Hay que aceptar la democracia con todas sus consecuencias.

Hoy en día, el país más aislado sabe perfectamente, examinando su pasado o el presente de muchos de sus vecinos, lo que significa acabar con el Estado de Derecho, y entregar el poder a un Fidel Castro, a un Fujimori, a un Hugo Chávez, a un Somoza, a un Trujillo, a un Papa Doc. Si, a pesar de ello, teniendo la oportunidad de escoger, elige suicidarse, yo creo que su vocación fanática, masoquista, debe ser respetada.

Que experimente en carne propia las secuelas de su libre decisión. Tal vez así aprenda, reaccione, cambie. Afortunadamente, la historia moderna está llena de ejemplos de sociedades que, rendidas ante la fascinación de un dictador —Hitler, Mussolini, Franco, Salazar, Pinochet—, después de pasar por el horror, han aprovechado la lección y son hoy sociedades donde la democracia parece irreversible. O, tal vez no, y prefiera perseverar en el error. Allá ella.

Sunday, May 22, 2005

PDVSA social expenses

In this article of May 22, 2005, El Nacional looks at the "social" desimbursments of PDVSA; that is, direct payments instead of the normal process through the National Assembly and budget.

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Gasto social de Pdvsa supera los 7 millardos de dólares

En tres asambleas extraordinarias de accionistas, Rafael Ramírez y Alí Rodríguez modificaron la constitución del Fondo para el Desarrollo Económico y Social del País. Según el acta, Fondespa es un fondo rotativo con dos cuentas:
una por 2 millardos de dólares y otra por 2 billones de bolívares. Tiene la aprobación del Banco Central de Venezuela

Mery Mogollón


Hace un año, Rafael Ramírez y Alí Rodríguez Araque se reunieron en la sede de Petróleos de Venezuela para modificar por tercera vez consecutiva la constitución de un fondo especial, mediante el cual el Gobierno nacional tendría acceso ilimitado al excedente de la renta petrolera y sin el control del Banco Central de Venezuela.

A las 10:00 de la mañana del 14 de mayo de 2004, Ramírez y Rodríguez, en su condición de ministro de Energía y Minas (ahora Energía y Petróleo) y presidente de Pdvsa, respectivamente, realizaron una asamblea extraordinaria de accionistas, la cual fue convocada con apenas 24 horas de anticipación, con el fin de considerar y aprobar un punto único, por instrucciones del jefe del Estado.

Según consta en el acta levantada por el secretario de Entes Corporativos, George Kabboul, el punto único se refería a la constitución de un fideicomiso en los siguientes términos:
“a) Con parte de los ingresos extraordinarios por las ventas de exportación de hidrocarburos en dólares, y b) en moneda nacional con los aportes que se realicen a este efecto, todo ello con la finalidad de atender pagos en el exterior y en el país, por la ejecución de programas y proyectos destinados al desarrollo de infraestructura, actividad agrícola y vialidad”.

Una vez que el secretario leyó el punto, Ramírez se refirió a los principios establecidos en la Ley Orgánica de Hidrocarburos “relativos a la vinculación apropiada de los ingresos provenientes de los hidrocarburos con la economía nacional, en función del bienestar del pueblo”.

Como representante del accionista, Ramírez planteó: “Por consiguiente, visto que existen ingresos extraordinarios para Pdvsa y que el directorio del BCV en su reunión Nº 3.614 del 29 de enero de 2004 autorizó a Petróleos de Venezuela, S.A. de conformidad con el artículo 14 del Convenio Cambiario Nº 1 de fecha 5 de febrero de 2003, la constitución de un fondo en dólares, se propone la creación de un fideicomiso con parte de dichos ingresos, una vez deducida la regalía correspondiente, así como los impuestos y otras cantidades que hubiere que cancelar al Fisco Nacional, inclusive las previstas en la Ley de Presupuesto, distintas a las cantidades correspondientes al Fondo para la Estabilización Macroeconómica”.

De esta forma, el fideicomiso fue constituido por Pdvsa, a través de la Corporación Venezolana del Petróleo y se dispuso su depósito en el Banco de Desarrollo Económico y Social (Bandes).

En esa asamblea extraordinaria, Ramírez y Rodríguez le dieron por primera vez un nombre al fideicomiso: Fondo para el Desarrollo Económico y Social del País (Fondespa).

De acuerdo con el acta de la asamblea, Fondespa está conformado por los aportes de la CVP, en dos clases de moneda que deberán mantenerse en cuentas separadas.

La primera por la cantidad de 1 millardo de dólares como aporte inicial, pudiendo ser incrementado por la CVP en aportes sucesivos de 250 millones de dólares hasta alcanzar la cifra máxima de 2 millardos de dólares, “los cuales serán destinados para atender compromisos en moneda extranjera adquiridos por la CVP para la ejecución de programas y proyectos destinados al desarrollo de infraestructura, actividad agrícola y vialidad de conformidad con la autorización emanada del BCV”.

Y se agrega: “Los egresos deducidos del fondo fiduciario en dicha moneda podrán ser repuestos, dentro de los límites señalados”.

La segunda cuenta aprobada por Ramírez y Rodríguez asciende a “la suma de 2 billones de bolívares, mediante aportes parciales, los cuales serán depositados en una cuenta especial del BCV”.

Fondo a la carta


Fondespa originalmente no fue constituido con las características antes señaladas. Unos días después de que el jefe del Estado anunciara la constitución de un nuevo fondo con los ingresos petroleros, Rafael Ramírez y Alí Rodríguez efectuaron el 23 de enero de 2004 una asamblea extraordinaria de Pdvsa para aprobar una primera versión.

Según el acta de esa asamblea, el aporte inicial sería de 1 millardo de dólares hasta alcanzar la cantidad de 2 millardos de dólares.

Este fondo no era rotatorio y no se estableció la cantidad de los aportes sucesivos para completar el monto total.

El 11 de mayo de 2004, Ramírez y Rodríguez se reunieron por segunda vez en Asamblea Extraordinaria de Accionistas para modificar la constitución del fondo y darle un carácter rotatorio.

El texto aprobado fue el siguiente: “El aporte inicial al fideicomiso será de 1.000 millones de dólares hasta alcanzar la cantidad de 2.000 millones de dólares, en el entendido de que los egresos deducidos del fondo deberán ser repuestos continuamente, con el fin de mantener el fondo dentro de los límites señalados”.

Las actas de estas tres asambleas extraordinarias, obtenidas en el desarrollo de esta investigación periodística, son documentos importantes para entender el basamento jurídico que el Gobierno utilizó para la creación de un fondo discrecional, independiente del Presupuesto Nacional y del control del Banco Central de Venezuela.

Recientemente, Domingo Maza Zavala, director del BCV, propuso reemplazar a Fondespa por “un fondo especial de desarrollo, económico y social a la vista de todos”.

En sus declaraciones, Maza Zavala aseguró que lo que viene haciendo Pdvsa hace casi un año “ocurre sin contar con el permiso del BCV, como lo establece la ley”.

Sin embargo, el acta reseñada en los primeros párrafos de este trabajo señala que Pdvsa sí recibió autorización del ente emisor en su reunión Nº 3.614, del 29 de enero de 2004. Frente a esta polémica existen dos posibilidades: Pdvsa miente en el acta o Maza Zavala no fue invitado a esa reunión.

Cifras gigantescas


Con los 2 billones de bolívares y los 2 millardos de dólares en las dos cuentas de Fondespa, el total del gasto de Pdvsa para obras de infraestructura, agricultura y proyectos sociales supera 7 millardos de dólares.

En una presentación realizada en agosto de 2004, en la embajada de Venezuela en Washington, con la asistencia de Rafael Ramírez y Alí Rodríguez, se totalizó la cantidad de recursos financieros que el Gobierno viene tomando directamente de la caja de Pdvsa.

Bajo el título La verdad sobre el gasto social de Pdvsa, se detallan los aportes: 600 millones de dólares para las misiones Ribas, Sucre, Vuelvan Caras y Barrio Adentro; 600 millones de dólares para el Fondo de Desarrollo Agrícola; 500 millones de dólares para el Fondo de Desarrollo de Infraestructur; 2 millardos de dólares para Fondespa; 2,7 millardos de dólares del presupuesto de gasto social de Pdvsa.

En total: 6,4 millardos de dólares.

A esta cifra hay que agregar 2 billones de bolívares de la segunda cuenta de Fondespa.

Ramírez y Rodríguez informaron en Washington que el presupuesto propio de Pdvsa para gasto social se había incrementado de 38 millones de dólares en 1999 a 62 millones de dólares en 2003 y de allí a la cifra de 2,7 millardos de dólares en 2004.


¿Cómo, cuándo y en qué?

Al parecer, no existen informes consolidados ni detallados sobre el destino final de todo este dinero. Ni en Pdvsa ni en el Bandes ni en la Contraloría General de la República. Fuentes de la industria afirman que ello se debe a que no hay un presupuesto ni un plan consolidado de cómo y dónde se va a gastar el dinero. “Se gasta de manera desordenada, de acuerdo con las instrucciones que van llegando”, dijo uno de los auditores que trata de conciliar una gran cantidad de erogaciones, la mayoría sin respaldo técnico ni justificación, de acuerdo a los objetivos de los diferentes fondos.

Por ejemplo, al presupuesto de desarrollo social de Pdvsa, cuyo responsable es el director Dester Rodríguez, se le cargó el 6 de agosto de 2004 la cantidad de 93 millones de dólares como una donación a Mercal, sin especificar en qué se utilizaría. Esta no fue la primera donación recibida por Mercal. Hay otras, entre las cuales destaca una aprobada el 22 de junio de 2004 por 67,2 millardos de bolívares.

También del presupuesto social de la corporación petrolera salieron, el 16 de julio de 2004, 27,7 millardos de bolívares para la dotación tecnológica de la Misión Ribas, que consistió en la adquisición de 9.000 ambientes educativos (computadoras, impresoras, equipos de telecomunicaciones y accesorios), que serían distribuidos en la geografía nacional. Dónde, cuándo, cómo y a quién se compraron tales equipos, es una relación que no ha llegado aún a las manos de los auditores.

Para el pago de becas en el programa Gran Mariscal de Ayacucho se aprobaron 50 millardos de bolívares, el 1º de junio de 2004, mientras que la Fundación Oro Negro para gastos sociales recibió en tres donaciones diferentes más de 90 millardos de bolívares, entre mayo y junio de 2004.

Otra donación que destaca es la otorgada por Pdvsa el 16 de julio del año pasado a la Fundación Frente Bolivariano de Luchadores Sociales, por 30 millardos de bolívares, “con el fin de atender los requerimientos solicitados por el Ministerio de Energía y Minas en apoyo a la Misión Identidad”, según indica la instrucción emanada de la oficina de Dester Rodríguez.

Entre los documentos que tratan de organizar y cuantificar los auditores de Pdvsa, hay donaciones de todo tipo, entre ellas la recibida por la Federación Venezolana de Fútbol, como apoyo a la Vinotinto, por 7 millardos de bolívares, de los cuales 3,6 millardos fueron entregados en 2004 y 3,4 millardos en lo que ha transcurrido de 2005.

Los auditores de Pdvsa que facilitaron el acceso a estos documentos, cuya identidad solicitaron mantener en reserva, indicaron que apenas están comenzando el trabajo de conciliar las cuentas, pero requieren el apoyo de un número mayor de personal calificado y que el Gobierno exija a todos los entes que han recibido dinero de Pdvsa presentar sus balances detallados, con los respectivos respaldos, gestión que hasta ahora no se ha concretado.
First complete review of the "Codigo Chavez"

Eva Golinger Moncada has made a name for herself by investigating supposed illegal money donations from the US to some NGO in Venezuela. The controversy has not stopped her from writing a book, the "Codigo Chavez" [sic] where she supposedly exposes the role of the US in trying to get rid of Chavez. If certainly the US would like very much to see Chavez gone, that does not mean it is doing all what Golinger says it does. In this article, published on May 22 2005, El Nacional makes the first in depth examination of the controversial book and finds a few things that are not documented or that are plainly denied by the people accused. All that glitter does not seem to be gold.

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Opositores mencionados en El código Chávez niegan participación en conspiración de 2002
El libro de Eva Golinger es esgrimido por el Gobierno como la prueba rotunda de que Estados Unidos financió actividades golpistas durante ese año en Venezuela. No obstante, algunos de los directamente aludidos negaron formar parte de la desestabilización o haber recibido recursos de organizaciones gubernamentales del país norteamericano

ELIZABETH NÚÑEZ


Lo que sucedió en Venezuela antes y después de abril de 2002 no fue más que “el experimento del siglo XXI de la Agencia Central de Inteligencia”, concluye Eva Golinger en su libro El código Chávez: descifrando la intervención de Estados Unidos en Venezuela, escrito luego de solicitar la desclasificación de documentos confidenciales de organismos del Gobierno estadounidense.

Amparada en la Ley de Libertad de Información (FOIA por sus siglas en inglés), la autora se dio a la tarea de recopilar memorandos de la Embajada de Estados Unidos en Venezuela, informes de la CIA, cables del Departamento de Estado, documentos y comunicaciones del National Endowment for Democracy (NED), entre otros organismos, para sustentar su teoría: “La participación de Estados Unidos en el golpe de Estado y otros esfuerzos desestabilizadores en Venezuela es una intervención muy compleja y sofisticada, concebida por un gobierno con decenios de experiencia en cambios de regímenes”.

El resultado de la investigación, que comenzó en 2003, fue inicialmente publicado en su página en Internet (www.venezuelafoia.com) y posteriormente en el libro, impreso este año en Cuba por la editorial de Ciencias Sociales y dedicado a la memoria del fiscal Danilo Anderson, asesinado en noviembre de 2004.

El pasado 22 de marzo El código Chávez fue bautizado en el hotel Hilton por el vicepresidente de la República, José Vicente Rangel; el ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, y el fiscal general de la República, Isaías Rodríguez. Cientos de copias de la obra de Golinger, que según Rangel “arroja un chorro de luz en cada episodio vivido por los venezolanos”, han sido regaladas a los asistentes de varios actos gubernamentales.

Convincente en ocasiones, espejo del consuetudinario discurso de los voceros gubernamentales y en muchas oportunidades signado por la visión política de su autora, El código Chávez en realidad recoge apenas una versión de lo que pasó en el país.

Del bolsillo estadounidense


A través de una narración cronológica, la autora relaciona lo ocurrido en Venezuela y las posiciones políticas de quienes fueron financiados por el National Endowment for Democracy y el USAID con los hallazgos de los documentos para sustentar su argumento. Expone que las subvenciones aportadas por ambas organizaciones, que indica alcanzaron los 27 millones de dólares entre 2000 y 2005, fueron destinadas a partidos de oposición, organizaciones de la sociedad civil, la CTV y Fedecámaras. La autora argumenta que el financiamiento y el contacto entre los grupos, a los que se sumaron los medios y la Iglesia, pavimentaron el camino para las huelgas y protestas que, al fracasar, sólo dejaron abierta la opción del golpe de Estado.

Para Golinger, la información obtenida no sólo confirma que Estados Unidos sabía del golpe y no hizo nada para detenerlo, sino que además la CIA estaba “en contacto estrecho con los conspiradores”.

Una posible explicación: de acuerdo con un ex agente entrevistado por la autora, “75% de los empleados de las oficinas políticas de las embajadas estadounidenses está formado por oficiales de la Agencia”.

El fracaso del golpe de Estado, como apunta, no detuvo los esfuerzos desestabilizadores de Estados Unidos que costeó la propaganda antichavista transmitida por los canales durante el paro de diciembre 2002 y enero 2003 y el “plan consenso país”, además de apoyar la convocatoria a “elecciones anticipadas” a través del referéndum revocatorio, financiando a Súmate para ello.
Figuras clave


Muchos de los señalamientos de Golinger, sin embargo, no son compartidos por quienes fueron directamente aludidos. Entre incontables afirmaciones a lo largo del texto, la autora señala al general de división retirado (Ejército) Raúl Salazar como una de las “figuras clave” implicadas en el plan del golpe desde España, donde se desempeñaba como embajador. Salazar niega su participación y asegura que entre el 9 y el 12 de abril estuvo en Malasia e Indonesia cumpliendo una misión de la Cancillería y que de ello puede dar fe el entonces titular del despacho castrense, José Vicente Rangel.

Al referirse a la cooperación militar entre Venezuela y Estados Unidos, Golinger afirma que Venezuela se preciaba de contar con el mayor porcentaje de oficiales entrenados en academias en Estados Unidos. En este sentido, Salazar –el primer ministro de la Defensa del presidente Chávez– señaló que a las instituciones estadounidenses asisten militares de todo el mundo. Apuntó que de los cuatro componentes de la Fuerza Armada Nacional, alrededor de 130 oficiales, 40 suboficiales y 20 miembros de la tropa profesional reciben cursos en el exterior, no sólo en Estados Unidos.

“A ella le faltó decir que a esos cursos mandan a los que están en las primeras posiciones, los primeros de las promociones, ellos se ganan su beca y son enviados a entrenar”, aseguró el general, quien asistió al Command and General Staff College, en Fort Leavenworth, Kansas City. Indicó que entre los becarios también se encuentra el general Raúl Baduel, actual comandante general del Ejército: “Hay que preguntarle entonces a Baduel si en Fort Benning le enseñaron cómo derrocar y desestabilizar gobiernos. Más bien está muy marcada la subordinación militar al poder civil”.

No obstante, coincidió con la autora, quien señala que todos los oficiales en rebelión habían sido entrenados en academias estadounidenses, y aseveró que aproximadamente 96% de los militares “en desacuerdo” tenían cursos en el exterior “porque ocupaban los primeros lugares”.

A diferencia de Salazar, María Corina Machado, dirigente de Súmate, prefirió rechazar de plano afirmaciones de la autora, según las cuales la asociación civil utilizaba computadoras portátiles sustraídas de Pdvsa durante el paro o que entregaban a los firmantes tarjetas para que consignaran ante sus empleadores o de lo contrario quedarían cesantes. “Si me dedico a negar todas las cosas que dicen de nosotros, pasaríamos todo el día en eso”, afirmó Machado, quien agregó que aún no ha leído el libro.

Lo que sí aseguró Machado es que Súmate nunca recibió dinero del Instituto Demócrata Internacional (NDI por sus siglas en inglés), organismo adscrito al National Endowment for Democracy, que de acuerdo con la autora les donó 769 mil dólares para financiar todo lo relacionado con el referéndum.

En su libro, Golinger relata el episodio del intento de secuestro de la fiscal Luisa Ortega Díaz –encargada del caso contra Súmate– y acota que ocurrió el mismo día que se hicieron públicos los cargos contra la organización. A diferencia de la autora, la fiscal es tajante al afirmar que en su opinión los hechos no guardan ninguna relación: “Yo soy abogado y hasta que no tenga las pruebas en la mano no puedo asumir nada”.

Como miembro del “plan consenso país”, Diego Bautista Urbaneja también negó haber recibido recursos de instituciones estadounidenses y reiteró que el proyecto “no costó ni un centavo”, ni contó con el apoyo de financista extranjero alguno.

De acuerdo con Carlos Ocariz, diputado y dirigente de Primero Justicia, su partido tampoco recibió financiamiento internacional. A lo largo de un capítulo titulado “IRI da origen a Primero Justicia”, la autora argumenta que el Instituto Republicano Internacional moldeó, formó, desarrolló la imagen y el mensaje del partido a través de talleres de entrenamiento. En El código Chávez se afirma además que el IRI canalizó “cientos de miles de dólares” a Primero Justicia provenientes del NED y el USAID y que dinero de esta última, destinado al proyecto Petare, fue empleado por el partido en la comunidad, donde Ocariz “iba de puerta en puerta por los barrios, semanas antes del referéndum, y ofrecía 150 mil bolívares y una bolsa de alimentos para que votaran por el Sí”.

A nombre de la organización, Ocariz aseguró que sólo han intercambiado ideas con partidos de otros países. “Primero Justicia no recibió ningún financiamiento, ni de un partido político ni de empresarios de afuera. Que nos den dinero para hacer campaña nunca ha pasado, es más, creo que esas organizaciones no lo dan”.

Negó además la injerencia del NED o el IRI en la formación de la dirigencia del partido: “Ni creo que es la intención de ellos adoctrinar, ni nosotros somos tan débiles para dejarnos adoctrinar.

Tenemos nuestro propio pensamiento, nuestra forma de ver las cosas, y no necesitamos que nadie venga a decirnos como pensar”.

Asimismo, desmintió los señalamientos de Golinger sobre el proyecto de Petare y afirmó que nunca repartieron dinero ni comida en esa localidad, pues en el partido no creen en esos mecanismos que perpetúan la pobreza. “Creo que es una falta de respeto pensar que porque se lleva plata a un barrio, uno va a tener adeptos. Eso es jugar con la conciencia y la dignidad de quienes viven allá y habla de la inmensa ignorancia que tiene esa señora sobre los barrios de Petare”, indicó.

Por su parte, los funcionarios del programa Venezuela: iniciativa para la construcción de confianza –programa que según la autora fue abierto por la Development Alternatives Inc. bajo contrato con el USAID, y que habría costeado las propagandas de la Coordinadora Democrática durante el paro– dijeron no estar autorizados para hablar con la prensa y negar o confirmar las informaciones.

Lujo de detalles


Más allá de las visiones particulares, algunos de los documentos incluidos en el libro aportan datos reveladores. Un informe desclasificado de la CIA, fechado el 6 de abril, advierte, entre otras cosas, que los militares descontentos planeaban un golpe de Estado con posibilidades de fracasar.

Una vez que el Presidente fue devuelto a Miraflores, la Embajada de Estados Unidos en Caracas recibió guías de prensa emitidas por el Departamento de Estado, que ofrecían a los funcionarios una cartilla de respuestas oficiales “si se les preguntaba” por sus contactos con los protagonistas del golpe de abril.

A pesar de los 16 documentos incluidos en la edición del libro, otros 17 textos citados no fueron anexados. Aunque Golinger indica que se pueden encontrar en Internet, aún no están disponibles en su página web pues está en remodelación.

Asimismo, la autora destaca algunas informaciones sin mencionar fuente alguna, o en casos como el de las donaciones de USAID, no se incluyen los documentos que la originaron. Quizás muchos de los textos omitidos esperan ser publicados en una segunda parte conjuntamente con nuevos datos y posiblemente entre ellos estén los documentos de la CIA referentes a Súmate, cuya desclasificación fue negada por la agencia y a su vez apelada por la autora.


FICHA TÉCNICA
Ley de Libertad de Información
Freedom of Information Act (FOIA)


La ley: la FOIA fue aprobada el 4 de julio de 1966 por el entonces presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, y estableció el derecho público (no limitado a ciudadanos de ese país) de obtener información de las agencias federales de Gobierno. En 1974, el Congreso estadounidense sancionó el Privacy Act, ley que permite a los ciudadanos solicitar al Poder Ejecutivo todos los registros que mantenga sobre su persona.

Funcionamiento:


para desclasificar documentos las personas deben elaborar solicitudes que serán respondidas en un lapso de 20 días hábiles. De ser negada la petición se podrá apelar, recurso que además debe ser respondido en 10 días hábiles. El solicitante deberá correr con un gasto mínimo para cubrir los costos generados por la búsqueda y procesamiento de la información. Si la petición es negada injustamente, los ciudadanos podrán llevar su querella a una corte de distrito, que de fallar a favor del solicitante, podrá disponer que el Estado corra con los gastos del litigio.

Excepciones:


ambos instrumentos legales tienen excepciones a la hora de desclasificar información.

En el caso de la FOIA, se establecen nueve excepciones en casos que involucren intereses de defensa nacional o política exterior, secretos comerciales, comunicaciones internas privadas, registros relacionados con la administración de justicia y aquellos documentos que, de conocerse, vulneren la privacidad de las personas, entre otros. Con estas limitaciones, algunos documentos pueden ser desclasificados parcialmente.

En Venezuela:


aunque el vicepresidente José Vicente Rangel ha manifestado su deseo de que Venezuela cuente con una ley de libertad de la información, en el país este derecho se limita a los principios consagrados en la Constitución de 1999. El artículo 51 consagra el derecho de todo ciudadano de dirigir peticiones a las autoridades públicas sobre asuntos que sean de su competencia y a obtener una respuesta. Mientras tanto, el artículo 28 establece el derecho de hábeas data, equivalente a lo consagrado por el Privacy Act estadounidense.

Dato curioso:


más de 4.000 reportajes fueron publicados durante el año 2003 en Estados Unidos con información obtenida a través de la FOIA.

Fuentes:


Freedom of Information Act Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 1999 Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington (http://www.gwu.edu/~nsarchiv/inde x.html)

Descifrando a Eva Golinger

Mucho se ha dicho sobre la abogada venezolano–estadounidense Eva Golinger y su vínculo con el gobierno de Hugo Chávez. En los reconocimientos de su libro –donde además afirma que al escribirlo fue amenazada de muerte– Golinger responde al ex asistente del secretario de Estado para América Latina Otto Reich, quien la señaló como “una agente del gobierno de Chávez”, y sostiene que pagó la investigación de su propio bolsillo, y que de ser agente de alguien es del pueblo, “que lucha denodadamente por alcanzar un mundo más armonioso y justo”.

La abogada de 32 años de edad, que cursó Artes Liberales en el Sarah Lawrence College, en las afueras de Nueva York (1994) y posteriormente obtuvo su licenciatura en Derecho en la Universidad de Nueva York afirmó en una entrevista que por curiosidad asistió a una manifestación frente al consulado de Venezuela en Nueva York durante los días del paro, entre diciembre de 2002 y febrero de 2003, y que fue así como empezó su interés por el proceso bolivariano.

Posteriormente, luego de asistir al Primer Encuentro Bolivariano de Solidaridad con la Revolución, fue contactada por el ahora ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, para que prestara asesoría legal en la Oficina de Información de Venezuela en Washington, despacho encargado de “educar al público acerca de la Venezuela contemporánea” –como se indica en su página en Internet– o, como han criticado sus detractores, de contrarrestar los comentarios negativos acerca de la revolución bolivariana en el exterior.

Además de apoyar abiertamente el proyecto político del presidente Chávez, de quien dice que es un “brillante líder” en su libro, Golinger ha ejercido como abogada de inmigración en Estados Unidos. De madre venezolana, nació en una base militar en Virginia, Estados Unidos y vino por primera vez al país en 1993, a la búsqueda de su familia, oriunda de Mérida.

Wednesday, May 18, 2005

Forbidden to talk about PDVSA

Teodoro Petkof, Tal Cual editorial of Tuesday 17, May 2005


PROHIBIDO hablar de Pdvsa


El Presidente volvió el domingo, a propósito de las observaciones críticas que se hacen al desempeño de Pdvsa, con el disco rayado de la “conspiración mediática”, del “golpismo” promovido por los “lacayos del imperialismo”. ¿No sería más cómodo que el gobierno se quite la careta y establezca censura sobre toda información u opinión en relación con la cuestión petrolera? Lo que está haciendo, al descalificar de esa forma el debate crítico sobre Pdvsa es chantajear la opinión no complaciente, tratar de inhibirla o coartarla, en un tema que ha sido el propio gobierno y sus alabarderos quienes lo han colocado en el centro del debate nacional y al cual, por lo demás, no puede ser ajeno ningún venezolano preocupado por la suerte de su país.

Se puede entender, en el caso del gobierno, que el picado de culebra se asuste de un bejuco, pero
¿quién reveló que hay dificultades de producción en Occidente y que extraemos cien mil barriles menos de lo que debiéramos?
Hugo Chávez.
¿Quién habló de que se había descubierto un foco de corrupción, también en Occidente? Rafael Ramírez.
¿Quién ha denunciado tracalerías con la contratación de personal?
Sindicalistas chavistas.
¿Quién ha reconocido que ahora Pdvsa opera a través de traders, contrariando su propia normativa sobre comercialización y favoreciendo con ello fantásticas corruptelas?
Asdrúbal Chávez, gerente de comercialización de Pdvsa.
¿Quién investiga a Citgo?
Una comisión de la Asamblea Nacional en manos del MVR.
¿Quién apunta a cada rato que las cifras de Pdvsa no cuadran con las del Banco Central?
Maza Zavala.
¿Quién ha dicho que Pdvsa es un “dolor de cabeza” ?
El contralor Russián, en uno de los raros momentos en que salió del letargo.

¿Entonces? Lo que sí es cierto es que otros, con todo derecho, porque “Pdvsa es de todos”, y a todos nos interesa, hemos investigado y ahondado en los avatares de Pdvsa, no pocas veces partiendo precisamente de datos provenientes del oficialismo.

Si el gobierno no quiere que pescadores en río revuelto se aprovechen del inocultable desastre de Pdvsa –lo cual, sin duda, siempre es posible, no lo vamos a negar– maneje bien a la gran empresa.

Comience por reconocer que la hecatombe post paro ha tenido resultados catastróficos en la eficiencia de la empresa. Sin duda que el paro dañó seriamente a Pdvsa, pero peor que el paro fue el despido posterior de la mitad del personal de la empresa. El gobierno tenía todo el derecho a tomar medidas contra los dirigentes del paro. Esa es una regla de juego obvia, que acepta todo el que se acerca a la candela. Pero, ¿qué sentido tenía despedir 20 mil trabajadores, por mucho que hubieran participado en el paro, a sabiendas de que eso desmantelaría departamentos enteros de su administración? Hoy se están pagando las consecuencias de tamaña sangría.

Las cuentas no cuadran porque no hay quien las sepa sacar. La producción se cae en Occidente porque ya no está la gente que sabe operar los pozos más viejos.

Florecen las corruptelas porque para sustituir a los que salieron fue contratada no sólo gente sin experiencia petrolera sino maleada por años y años de prácticas corruptas en otros ámbitos de la administración pública y para la cual Pdvsa ha sido un botín. Para colmo, el ministro que debe controlarla, es a su vez presidente de la empresa. Paga y se da el vuelto. ¡Qué manguangua!

En lugar de andar buscando agentes de la CIA hasta debajo de las piedras, Chávez debería hacer una revisión autocrítica de su propio desempeño como jefe de la administración pública. Nadie puede utilizar en su descargo sus propios errores, pero tampoco puede fabricar chivos expiatorios.

Saturday, May 14, 2005

La tasconería generalizada

Article published in El Nacional, Thursday May 12, 2005, by Milagros Socorro


La tribulación de Luis Tascón no puede sino mover a la piedad a quien lo ve corriendo de un lado a otro para atraer un poco de conmiseración que lo alivie de una certeza: ya no es nada. Al ser arrojado de la organización que le permitió la ilusión de creerse alguien y parte de algo, se quedará solo, con sus capacidades, con sus talentos, con las pericias que ha desarrollado en su vida, es decir, quedará sin nada. Totalmente inerme, suplicando a sus ex aliados un poco de atención, un poco de condescendencia, algún negocito que le permita un buen pasar. Es improbable que algo de eso ocurra. Tascón no es nadie.

Nunca fue nadie. Ahora ha regresado a la nada de donde partió. Y no estará solo en su destino. Como han observado algunos analistas, todo parece indicar que se ha puesto la primera piedra para la autopista de los execrados y cabe prever que muy pronto esa vía estará congestionada de “revolucionarios” caídos en desgracia. Veremos enmudecer a los gritones y regresar a los necios convertidos en embajadores por el birlibirloque de la revolución más desalentada de la que se tenga noticia.

Veremos rodar a funcionarios hinchados de un poder que sólo han usado para el fracaso y para su enriquecimiento, claro está. Y veremos cómo son sustituidos por otros, igualmente improvisados, igualmente voraces, igualmente cegados por la ignorancia, la rapacidad, la altanería y la crueldad (que han sido las marcas más visibles del desempeño de los “revolucionarios” en el poder).

NO HABRÁ MIRAMIENTOS PARA LOS CAÍDOS. NO HAY TIEMPO PARA DETENERSE EN SUS PATÉTICOS ALEGATOS. EL TRAPICHE SE HA PUESTO EN MARCHA y necesita para su funcionamiento un combustible que encontrará en abundancia:
la sangre de los incómodos, los que hasta ayer fueron útiles, los que ya pisaron su fecha de vencimiento, los que no son nada.

Pero el desbarranco de Tascón no sorprende a nadie. Varios lo advirtieron en la prensa: Chávez no mandó a enterrar la lista de Tascón sino al propio Tascón. Manuel Felipe Sierra evocó a propósito de la defenestración del tachirense el procedimiento del condón (se usa y se bota) que el jefe de Estado reconoció acatar como conducta inveterada.

Pero no hay que distraerse de lo esencial. Desde luego, el espectáculo del autor de la perversa lista que destrozó la vida de tanta gente, acabado y jeremiqueante, aferrado a los pantalones de William Lara, que apela a una justicia que le negó a millones, puede resultar gratificante para un país sometido a la doblegación diaria.

Incluso puede tener cierta comicidad esa escena del poderoso de ayer reducido en apenas unos días a una sombra que se escurre por la trastienda para eludir la rueda de prensa que le ordenaron suspender... han sido demasiadas las humillaciones, permítasenos esta sonrisita que se niega a disiparse del rostro tantas veces abrumado por la desazón.

PERO, INSISTO, EL SHOW DE TASCÓN DESNUDADO EN SU ESENCIA DE POBRE MUCHACHITO DEL PÁRAMO NO DEBE DISTRAERNOS DE SU ESPALUZNANTE CORRELATO. Lo verdaderamente terrible es que, lo que Chávez le ha hecho a su lacayo ahora cesanteado, es exactamente lo que le hace al país.

Venezuela le es útil a Chávez en su proyecto de liderazgo internacional, así como la lista de Tascón sirvió a unos propósitos en su momento.

Toda Venezuela es Tascón, todos los recursos de Venezuela son Tascón, el petróleo de Venezuela es la quintaesencia de lo tascón. La tradición democrática de Venezuela, ahora en tan grave amenaza, es Tascón para Chávez: un instrumento útil para legitimar sus acciones, que, paradójicamente, deben culminar con la destrucción de esa democracia.

Basta asomar la nariz fuera de las fronteras de Venezuela para darse cuenta de que ésta es para Chávez lo que la gran finca familiar es para la segunda generación de propietarios, la que no se ha bregado su prosperidad, que percibe el hato como un lugar insidioso, conflictivo y hediondo a bosta de vaca, pero del que emanan, faltaba más, los millones necesarios para comprarse apartamentos en las más bellas avenidas del mundo o para pasarse las tardes al calor de la chimenea en los albergues de esquí.

Con los dineros del hato nacional, Chávez ha procedido como la heredera malcriada que todos los días regresa con bolsas donde se leen los nombres de los diseñadores más chic, y que da propinas espléndidas a sus manicuristas. En un contexto de crisis de las empresas periodísticas en Francia, para poner un ejemplo, Le Monde Diplomatique acaba de adquirir un edificio para convertirlo en su sede. Mientras tanto, buena parte de las empresas periodísticas francesas hacen malabares para no proceder al cierre, venden acciones o pactan fusiones y, desde luego, despiden a trabajadores por decenas. Ah, pero Le Monde Diplomatique ha convocado un concurso para elegir un arquitecto que remodele su edificio recién comprado. Pero, ¿cómo? ¡Un semanario que nunca ha dado precisamente ganancias, ahora estrenará suntuosa sede! ¿Quién paga ese edificio y todos esos lujos? Todo París lo da por hecho: lo ha pagado Venezuela.

¿EVIDENCIA ESTO ALGÚN MÍNIMO RESPETO O, INCLUSO, SOLIDARIDAD POR UN PAÍS INMERSO EN UNA DOLOROSA SITUACIÓN DE DIFICULTAD ECONÓMICA PARA LAS MAYORÍAS?
Desde luego que no. Evidencia que Venezuela es saqueada criminalmente para pagar favores, para financiar campañas de propaganda en el extranjero, para empedrar el camino hacia la preponderancia internacional de Chávez.

Los recursos de la república están a disposición de una sola persona, que los gasta a espuertas con el objeto de financiar su delirante obsesión personal. Y para ello cuenta con muchos Tascón. Todos los que acolitan esa estafa monumental son espejos del vergonzante Tascón, ahora de teléfono apagado para que no lo alcance el ensordecedor zumbido del silencio porque no ha de llegarle la llamada del perdón y la reivindicación.

Las enormes sumas del soborno no se han distribuido solamente en el extranjero, por supuesto. Son muchos los millones depositados en las cuentas de venezolanos que han puesto sus conciencias en la plaza del mercado para esperar un buen postor.

Los tascones que permiten la carrera demencial de Chávez, que le sirven de operadores, que le hacen la tarea y sacan por la mañana las bacinillas debajo de la cama no están allí por ideología ni atraídos hasta la entrega amorosa por el carisma de su líder.

Ese tasconaje está ahí porque sus servicios han sido pagados con oro.

Todo es tan bajo, tan retorcido, tan perverso, tan tascón, que no puede terminar de otra manera.

Sólo nos queda esperar que un país convertido en herramienta útil de un autócrata despilfarrador, no termine castigado por ese triste papel como le ha ocurrido a la horrible metáfora de nuestra decadencia, el pobre Tascón.

Eso no ocurrirá si aún queda alguna justicia en el mundo. Venezuela no merece sino un viraje de la actual tiniebla porque aunque efectivamente se ha desatado en su seno la tasconería, también es cierto que se cuentan por millones –Tascón, de hecho, hizo la cuenta con la ayuda de Jorge Rodríguez, y perdonen la redundancia– los venezolanos que están plantados en la defensa de la democracia y la decencia. Y lo hacen porque quieren. A ellos no les pagaron.

En esa entereza es preciso persistir.

Todos terminan cosechando lo que han labrado.

Friday, May 06, 2005

El voto naufragó en las costas de Cuba

Milagros Socorro
El Nacional, Thursday May 5, 2005

El reciente desembarco de los millardos venezolanos en Cuba es un hecho de una gravedad que supera cualquier escandaloso antecedente.

Perder de vista la gran amenaza que supone la instalación de una oficina de Pdvsa en un país –no cualquier país extranjero– que es el enclave de una prolongada, cruenta y terriblemente empobrecedora dictadura, es un error que no pueden permitirse los demócratas venezolanos.

Teodoro Petkoff reduce el asunto a poner en entredicho la pertinencia de una oficina “caribeña” en Cuba porque nosotros no estamos en el polo norte. Es cierto, el despropósito no puede sino mover a la incredulidad y la sospecha. Y se concentra el editorialista en las denuncias con respecto al “enjambre de traders” que entrepitearán en los negocios de Pdvsa (contra la normativa imperante, que establece que la empresa estatal hará sus operaciones directamente con los clientes finales).

TODO ESO, CON SER MUY GRAVE, NO ES, A MI HUMILDE JUICIO, LA CLAVE DEL ASUNTO. Lo que debemos tener claro aquí es que la inversión –¿o debemos decir “gasto” ?– que Venezuela está haciendo en el campo de concentración insular de Fidel Castro no responde a ningún análisis realizado por expertos venezolanos.

No es la conclusión a la que llegó un equipo multidisciplinario que evaluó las necesidades de nuestro país y calculó cuáles son las iniciativas que convendrán al futuro de la nación, de los jóvenes que muy pronto se sumarán al mercado laboral y de los que no han logrado entrar en él por falta de plazas y de inversión local. La apertura de Pdvsa Cuba no es la consecuencia de ninguna meditación racional, de ninguna planificación apegada a los intereses de Venezuela. Pdvsa está en Cuba por el capricho de un hombre, al que no se le acreditan pericias ni introspecciones sensatas, que se llama Hugo Chávez. Y si a este hombre se le hubiera antojado llenar de areperas el Medio Oriente o fundar una academia de cuatro en cada pueblo de China, también lo hubiera hecho porque no hay una institucionalidad en Venezuela que regule las iniciativas del Presidente –a esta hora convertido abiertamente en monarca–, para poner freno a las que conspiran contra el bien de la República.

EL DINERAL QUE SE HA PUESTO EN LAS MANOS DE FIDEL CASTRO, EL ESPECTÁCULO QUE DIO EL PRESIDENTE CHÁVEZ EN LA HABANA LA SEMANA PASADA, HAN TERMINADO DE DESACTIVAR COMPLETAMENTE CUALQUIER ADEMÁN DEMOCRÁTICO EN VENEZUELA.

Después de esto, las elecciones, el voto, la Asamblea Nacional, el gabinete ministerial, todo ha quedado vaciado de contenido. No significan nada. Un hombre que prescinde en forma tan grosera y rampante de la opinión, la voluntad, el deseo del país para ir a malbaratar los recursos de la República en la dictadura más antigua de la tierra no está considerando ni por un instante los procederes democráticos o el valor del voto; no, por cierto, como instrumento de su posible sustitución en el poder sino únicamente en lo que el voto puede tener de parodia, de parapeto de convalidación de sus desmanes.

Cuando Hugo Chávez vociferó en Cuba que Venezuela se encuentra en la transición hacia el socialismo, terminó de disiparnos la ilusión de que el voto tiene aún algún sentido. Los países democráticos pueden tener un gobierno socialista pero ningún país socialista puede tener un gobierno democrático.

Es bueno tener esto muy presente. Y comprender que la salida de Venezuela ya no puede ser electoral. Un rey no se destrona con colas en las puertas de los centros electorales. Se ha llegado demasiado lejos en la permisividad con el autócrata y ha cobrado tal incandescencia la órbita desbocada de sus abusos, que el fin de su trayectoria no podrá estar punteado por los votos. La tragedia de Venezuela tiene un único, solitario, delirante, autor y protagonista. Nada cambiará si se alternan en sus cargos de mentiritas las autoridades que hacen comparsa.

Estamos viviendo una tragedia... y el desenlace de las tragedias es siempre terrible. E inevitable.

Wednesday, May 04, 2005

Caja negra en La Habana

¿Para qué una oficina de Pdvsa en Cuba? En circunstancias “normales” ello no tendría nada de raro.

Pdvsa es una transnacional, con negocios en los cinco continentes y poseer oficinas en distintos sitios es consustancial a la extensión y volumen de sus actividades. Pero instalar una oficina en un país que está a tiro de piedra del nuestro, con el cual los negocios petroleros son una “migajita” argumentando que desde allí “manejaremos nuestros negocios en el Caribe” no es creíble. ¿Acaso Venezuela no es país caribeño también? ¿Acaso las ventas a Jamaica o Dominicana se hacen más fácilmente desde La Habana que desde Caracas?

Como con todas las movidas gubernamentales, ésta tampoco ha sido explicada al país y no hay un Parlamento que indague sobre ella, de modo que no queda sino tratar de atar cabos para ver por donde vienen los tiros. Hace pocas semanas publicamos en TalCual un informe confidencial acerca de las graves irregularidades que se están produciendo en la comercialización de nuestro petróleo.

El informe nos valió una réplica del ingeniero Asdrúbal Chávez, quien ocupa, entre otros cargos de mucho poder, la gerencia de comercialización. La publicamos completa y desde entonces, por cierto, estamos esperando que nos atienda al teléfono para concretar la invitación que nos hiciera, para visitar sus oficinas y conversar sobre el tema. Detalle curioso: el ingeniero Chávez es primo del Presidente y aunque no es un paracaidista en la industria, donde tiene muchos años, no deja de ser capcioso el poder que acumula ahora. Coincidencialmente, su primo es el Presidente del país.

Pues bien, la nuez de las irregularidades denunciadas está en la ahora novedosa presencia de “intermediarios” (traders) en nuestras operaciones de ventas de crudo y derivados. La normativa de Pdvsa, aún vigente, establece taxativamente, que la empresa no hace operaciones a través de traders sino directamente con los clientes finales. (Llamativamente, después de nuestras denuncias, fue retirado de la página web de Pdvsa el reglamento sobre “CÓMO HACER NEGOCIOS CON PDVSA”, donde figuraba la norma de marras). En su respuesta, Asdrúbal Chávez no sólo no desmintió nuestras aseveraciones sino que admitió que “ahora” Pdvsa, en caso que el trader proporcione sus propios clientes, hace negocios con éste. De manera que ahora pulula en torno a Pdvsa un enjambre de traders, que coloca aproximadamente un millón de barriles diarios, con descuentos de 2 a 3 dólares, ¡pensar que uno de los argumentos “nacionalistas” para vender Citgo era el de los descuentos” de la casa matriz hacia su filial en Estados Unidos!

¿Quiénes son esos traders?

¿Cómo llegaron al negocio? ¿Cómo se parte y reparte la cochina? The Miami Herald publicó una lista de ellos y el ministro Ramírez anunció, cuándo no, una demanda a ese diario. Unos ingenieros maracuchos, gerentes de alto vuelo, despedidos hace poco, aseguran que esa “batalla contra la corrupción” con la cual dragonea el Ministro no es sino pura pantalla, para esconder marramucias como las que hoy comentamos.

Dentro de este laberinto por donde transcurren los negocios de Pdvsa, se nos ocurre pensar que una oficina en Cuba no parece una mala guarimba para adelantar estas novedosas operaciones comerciales de la empresa con los tales traders, quienes, a propósito, han hecho fortunas colosales en estos tiempos en que según la filosofía oficial “es malo ser rico”.