La verdad del elefante
Fausto Masó
El Nacional, Saturday 6, August 2005
¡Cómo me costó darme cuenta de una verdad del tamaño de un elefante! No en balde tardé tanto en aprender a leer y a escribir. Después de comerme durante horas las uñas frente al televisor, observando a numerosos voceros de la oposición pedir no votar, me fijé que ni un dirigente del MVR defendía la abstención.
Los chavistas no desconfían del CNE.
Me cayó entonces la moneda: no votarán los antichavistas, pero sí los chavistas.
¿Brillante, eh? ¿Quién ganará estas elecciones y las próximas y las próximas? El CNE no moverá un dedo para que vote la oposición.
Chávez vencerá, pero no convencerá.
Sus sucesivas victorias electorales alimentarán el fuego en la olla de presión, Venezuela reventará a partir de 2007. Chávez no aceptará una salida tipo PRI, alguna forma de alternarse en el poder.
Tanto abstencionistas como partidarios de votar envían mensajes contradictorios.
Los segundos afirman que el CNE hará trampa, invitan a perder el voto. Los que piden que nos quedemos en casa no presentan un plan B, prometen aplicar el famoso 350 de la Constitución, ¡pacífica y democráticamente! Creen deslegitimar a Chávez y sacrifican a un infeliz miembro de una junta parroquial.
Si usted se golpea con un martillo, a su enemigo no le dolerá la cabeza. Los partidarios de la abstención creen que su mensaje convencerá a 100% del país.
Piden no salir a la calle, cerrar ventanas, apagar luces para que el silencio en las calles abrume a Chávez. Confunden Altamira con La Vega.
¿Quién ganará las elecciones de diciembre de este año y del próximo? Pregunta ociosa. Al abstencionista que ya lo era antes de 1999 costará Dios y ayuda convencerlo de que vote para evitar el control total de la Asamblea después de las elecciones de diciembre.
La oposición está dividida entre abstencionistas y electoralistas, representantes de la sociedad civil y políticos, partidos nuevos y viejos, partidos locales y nacionales.
El CNE impulsó la abstención del antichavismo dejando circular consejas que desalentaban al electorado de la oposición. Ríos de tintas denunciaron los cuadernos electrónicos. ¡La nueva lista de Tascón! Dos semanas antes de las elecciones, el CNE anunció que sólo en dos estados se aplicarían los cuadernos; la noticia pasó inadvertida. Pudo aclarar el tema hace meses, o insistir en que se contará una caja por centro electoral.
El CNE alentó la desconfianza de la oposición. ¿Le molesta al Gobierno que la oposición no vote? Nooooo.
Nadie conoce a los candidatos de la oposición. ¿Cómo? Sin recursos, sus campañas han sido limitadas a volantes y uno que otro cartel. La prohibición de la Constitución de financiar los partidos liquida los partidos de oposición, los condena a esas campañas anónimas que antes hacía la izquierda.
Soñar no cuesta nada. Imaginemos que la oposición derrotase a Hugo Chávez en diciembre de 2006, por una cabeza como, en el tango. Algo posible a juzgar por un examen somero de esas encuestas.
Al nuevo presidente se le opondrá dos tercios de la Asamblea. Al poco tiempo lo enjuiciarán por cualquier razón. ¿Política ficción? No, un escenario poco probable, porque la abstención pesará como una tonelada de plomo en diciembre de 2006.
Además, los posibles candidatos a diputados o a presidente no han luchado contra la abstención y parecerán oportunistas pidiendo el voto. Las razones principales para no votar seguirán en pie este diciembre y el próximo año. El CNE seguirá controlado por el chavismo, el Tribunal Supremo igual, las máquinas de Smartmatic no habrán cambiado, no se contarán todas las boletas.
En los próximos días comenzarán los esfuerzos para convencer a los desmovilizados a que voten por los posibles diputados de la oposición, o por los candidatos presidenciales. Los que se abstengan hoy no cambiarán de opinión mañana.
Una minoría admirable y militante seguirá en la calle.
Conocemos el final de la película, vimos otra hace muchos años. Pero no vale la pena jugar a Casandra. La suerte está echada.
Algún día, quizá en unos años, el país no chavista aceptará que sin partidos no hay democracia y que si no mandan los políticos, detestables, inescrupulosos y canallescos políticos, recibiremos órdenes de los militares.
Por mi parte, prefiero al politiquero más vulgar a cualquier soldado que representa la soberanía, la dignidad nacional y los valores nacionales. Si me dan a escoger entre un politiquero y un salvador de la patria, me quedo con el primero.
A partir de la próxima semana el debate interno en la oposición pasará al canibalismo.
A menos que un candidato presidencial obtenga una ventaja abrumadora, se desprenda del pelotón, nos aguarda un triste espectáculo en los que más de uno se dedicará a destrozar a los que visitan los barrios, o intentan construir una nueva mayoría. Los descalificarán, les dirán sifrinos, representantes de la izquierda conservadora, o politiqueros del pasado.
Shakespeare no sabía nada de la vida.
Hamlet se ahorcó después de meditar durante semanas con una calavera (de plástico) en las manos, repitiéndose la cansona pregunta de votar o no votar.
Borracho, buscó una soga y un árbol.
Después de pasar a peor vida escuchó a lo lejos la risa estruendosa del rey que compartía el lecho con su madre. En vez de quitarle el sueño al rey, el príncipe de Dinamarca dejó de dormir para siempre.
Cada Navidad el rey recordaba siempre aquel simpático monólogo. ¡Que bonito hablaba Hamlet!, afirmaba mientras alzaba en el aire una apetitosa pierna de cordero. La historia no concluye felizmente.
Sin enemigos, el rey engordó como un Orson Welles, pero sin su talento, hasta que el colesterol vengó a Hamlet, y un día sus propios cortesanos devoraron vivo al rey.
En cualquier tragedia al final nadie salva el pellejo, como en el cuento pornográfico del loro que se reía de los pasajeros del Titanic, hasta que también a él se lo tragó el mar.
Nunca está más oscuro que cuando nos golpeamos la cabeza con un martillo. O quizá llegó la hora de sacar una linterna y confiar que si no nos caemos a mentiras alguna luz aparecerá al final del túnel, siempre será mejor reventar con los ojos abiertos que con la cabeza llena de musarañas.
O quizá entonces comience a amanecer.
Busque su linterna, por si acaso.
¿Cuál es la última razón para votar?
Develarle el juego a Chávez, ponerlo en evidencia, quitarle la máscara democrática en América Latina, obligarlo a no entregar el poder después de que haya perdido por avalancha.
Saturday, August 06, 2005
Unending Graft Is Threatening Latin America
Originally published in the New York Times on July 30th 2005. They ask me to fork over 3.50 USD to pay for this article in English but El Nacional published a Spanish Version on August 6, and I already pay for El Nacional Web access. Besides, I should be the one paid to read the crap written by Forero.
Corrupción amenaza a nuevas democracias latinoamericanas
Por LARRY ROHTER y JUAN FORERO
RÍO DE JANEIRO — Mientras estaba en campaña para la Presidencia en 2002, Luiz Inácio Lula da Silva audazmente prometió poner fin a la sórdida política de Brasil. El suyo, aseguró, sería un gobierno ético, honesto y recto, del tipo que Brasil nunca había visto.
Esa promesa lo ayudó a ganar el voto de más de 50 millones de brasileños y un claro mandato. Pero ahora, en una sombría repetición de lo que ha ocurrido una y otra vez en Latinoamérica, el gobierno de Da Silva está implicado en el escándalo de corrupción más grande y audaz en la historia de su país.
Investigadores del Congreso han escuchado testimonios de que el gobernante Partido de los Trabajadores le pagó a docenas de diputados de otros partidos un estipendio mensual de 12.500 dólares a cambio de su apoyo. El mes pasado, un funcionario del partido fue detenido en un aeropuerto con 100.000 dólares ocultos en su ropa interior, que aseguró haber ganado con la venta de verduras.
El escándalo brasileño es sólo el último recordatorio de la incesante corrupción que ha caracterizado a la política latinoamericana desde épocas coloniales, cuando gobernantes absolutos consideraban a los reinos recién conquistados del Nuevo Mundo como su propiedad personal. La diferencia importante hoy en día es que el control lo tienen gobiernos electos y la corrupción ha surgido como una de las amenazas más graves a los avances democráticos logrados con dificultad en los últimos 20 años.
Por toda la región, estos demócratas de segunda generación han demostrado ser decepcionantes, y su ineficacia y baja popularidad han permitido el aumento de la inestabilidad política y la disparidad económica.
Las encuestas de opinión citan habitualmente a la corrupción como la principal causa de un peligroso desencanto que se extiende por toda la región. Esto ha llevado a violentos estallidos populares, entre ellos el linchamiento de funcionarios públicos en Perú y ha ayudado a expulsar del poder a ocho jefes de estado en cinco años.
“Simplemente no ha habido un quiebre con el pasado”, declaró Edgar Villanueva, congresista que encabeza una de varias investigaciones al gobierno del presidente Alejandro Toledo en Perú. “Lo que ha ocurrido en Latinoamérica es que no hemos sido capaces de poner a gente buena en el poder. La persona en el poder siempre mantiene vínculos con su pequeña base de poder y olvida al pueblo, olvida sus promesas”, agregó.
Toledo también llegó al gobierno con promesas similares de acabar con la corrupción del pasado, al suceder a Alberto Fujimori, cuyas bizantinas redes de sobornos y extorsión parecieron establecer un nuevo estándar para la región.
Hoy en día, más de una docena de familiares de Toledo, entre ellos su esposa y hermanos, están acusados de usar su influencia para su beneficio personal. Acusaciones similares en Ecuador contribuyeron a la caída del Presidente Lucio Gutiérrez en abril.
La historia es parecida en el norte.
En México, el Presidente Vicente Fox llegó al poder en el año 2000, tras derrotar al famosamente corrupto y autoritario Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó durante más de siete décadas. Pero sus intentos por frenar la corrupción han fracasado en casi todos los frentes, desde departamentos policíacos a lo largo de la frontera con Estados Unidos, que es cada vez más violenta, hasta su propio gobierno.
Por toda Centroamérica, hay fiscales a cargo de juicios contra líderes actuales y pasados que se enriquecieron mientras estaban en gobernando. En Nicaragua, el ex presidente Arnoldo Alemán ya ha sido acusado de desviar fondos del estado para su uso personal y está en proceso de apelar una sentencia de 20 años de cárcel. Fiscales costarricenses han acusado a dos ex presidentes de aceptar sobornos antes de otorgar lucrativos contratos gubernamentales. Y en Guatemala, los procuradores del Estado están pidiendo la extradición de México del ex presidente Alfonso Portillo, bajo cargos de haber malversado 15,7 millones de dólares.
Algunos señalan el creciente número de casos como evidencia de que los sistemas judiciales y gobiernos por fin están cuestionando a los malos líderes. Pero muchos analistas y ciudadanos consideran que la persistencia de favores políticos, nepotismo y sobornos son una elocuente muestra de la baja calidad de las democracias de la región y lo poco que han cambiado las actitudes de la élite desde la época de los señores de la Colonia.
Muchos habían albergado la esperanza de que el paso de gobiernos autoritarios a democracias iba a poner fin al tipo de corrupción que predominaba cuando los dictadores dirigían los asuntos de Estado, para beneficio de una pequeña camarilla de conocidos que además amenazaba a los potenciales delatores.
Sin embargo, los gobiernos sucesivos en todo el espectro político, ya sea defensores del libre mercado como Toledo, o izquierdistas autoproclamados, como Da Silva, han demostrado ser incluso más susceptibles.
Con economías que antes estuvieron cerradas y ahora se abren, y con las ganancias corporativas a niveles récord, las oportunidades de corrupción y sobornos son mayores que nunca.
Países como Chile y Uruguay son la excepción y la envidia del resto.
Quizá más inquietante para la salud democrática de la región es que los escándalos recientes, particularmente el de Brasil, involucran corrupción no sólo para el enriquecimiento personal, sino también para obtener y aferrarse al mandato indefinidamente, con lo que se amenaza a las propias instituciones democráticas.
Los líderes implicados desmienten que hayan realizado delitos y se han mostrado renuentes a aceptar cualquier responsabilidad.
En un principio, Da Silva sostuvo:
“En lo que se refiere a su conducta electoral, el Partido de los Trabajadores hizo lo que se ha hecho sistemáticamente en Brasil”. Pero luego abandonó esas excusas en favor de protestas sobre su inocencia e integridad personal. “En este país, aún no ha nacido la persona que pueda debatir sobre ética conmigo”, declaró en un discurso el mes pasado.
Originally published in the New York Times on July 30th 2005. They ask me to fork over 3.50 USD to pay for this article in English but El Nacional published a Spanish Version on August 6, and I already pay for El Nacional Web access. Besides, I should be the one paid to read the crap written by Forero.
Corrupción amenaza a nuevas democracias latinoamericanas
Por LARRY ROHTER y JUAN FORERO
RÍO DE JANEIRO — Mientras estaba en campaña para la Presidencia en 2002, Luiz Inácio Lula da Silva audazmente prometió poner fin a la sórdida política de Brasil. El suyo, aseguró, sería un gobierno ético, honesto y recto, del tipo que Brasil nunca había visto.
Esa promesa lo ayudó a ganar el voto de más de 50 millones de brasileños y un claro mandato. Pero ahora, en una sombría repetición de lo que ha ocurrido una y otra vez en Latinoamérica, el gobierno de Da Silva está implicado en el escándalo de corrupción más grande y audaz en la historia de su país.
Investigadores del Congreso han escuchado testimonios de que el gobernante Partido de los Trabajadores le pagó a docenas de diputados de otros partidos un estipendio mensual de 12.500 dólares a cambio de su apoyo. El mes pasado, un funcionario del partido fue detenido en un aeropuerto con 100.000 dólares ocultos en su ropa interior, que aseguró haber ganado con la venta de verduras.
El escándalo brasileño es sólo el último recordatorio de la incesante corrupción que ha caracterizado a la política latinoamericana desde épocas coloniales, cuando gobernantes absolutos consideraban a los reinos recién conquistados del Nuevo Mundo como su propiedad personal. La diferencia importante hoy en día es que el control lo tienen gobiernos electos y la corrupción ha surgido como una de las amenazas más graves a los avances democráticos logrados con dificultad en los últimos 20 años.
Por toda la región, estos demócratas de segunda generación han demostrado ser decepcionantes, y su ineficacia y baja popularidad han permitido el aumento de la inestabilidad política y la disparidad económica.
Las encuestas de opinión citan habitualmente a la corrupción como la principal causa de un peligroso desencanto que se extiende por toda la región. Esto ha llevado a violentos estallidos populares, entre ellos el linchamiento de funcionarios públicos en Perú y ha ayudado a expulsar del poder a ocho jefes de estado en cinco años.
“Simplemente no ha habido un quiebre con el pasado”, declaró Edgar Villanueva, congresista que encabeza una de varias investigaciones al gobierno del presidente Alejandro Toledo en Perú. “Lo que ha ocurrido en Latinoamérica es que no hemos sido capaces de poner a gente buena en el poder. La persona en el poder siempre mantiene vínculos con su pequeña base de poder y olvida al pueblo, olvida sus promesas”, agregó.
Toledo también llegó al gobierno con promesas similares de acabar con la corrupción del pasado, al suceder a Alberto Fujimori, cuyas bizantinas redes de sobornos y extorsión parecieron establecer un nuevo estándar para la región.
Hoy en día, más de una docena de familiares de Toledo, entre ellos su esposa y hermanos, están acusados de usar su influencia para su beneficio personal. Acusaciones similares en Ecuador contribuyeron a la caída del Presidente Lucio Gutiérrez en abril.
La historia es parecida en el norte.
En México, el Presidente Vicente Fox llegó al poder en el año 2000, tras derrotar al famosamente corrupto y autoritario Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó durante más de siete décadas. Pero sus intentos por frenar la corrupción han fracasado en casi todos los frentes, desde departamentos policíacos a lo largo de la frontera con Estados Unidos, que es cada vez más violenta, hasta su propio gobierno.
Por toda Centroamérica, hay fiscales a cargo de juicios contra líderes actuales y pasados que se enriquecieron mientras estaban en gobernando. En Nicaragua, el ex presidente Arnoldo Alemán ya ha sido acusado de desviar fondos del estado para su uso personal y está en proceso de apelar una sentencia de 20 años de cárcel. Fiscales costarricenses han acusado a dos ex presidentes de aceptar sobornos antes de otorgar lucrativos contratos gubernamentales. Y en Guatemala, los procuradores del Estado están pidiendo la extradición de México del ex presidente Alfonso Portillo, bajo cargos de haber malversado 15,7 millones de dólares.
Algunos señalan el creciente número de casos como evidencia de que los sistemas judiciales y gobiernos por fin están cuestionando a los malos líderes. Pero muchos analistas y ciudadanos consideran que la persistencia de favores políticos, nepotismo y sobornos son una elocuente muestra de la baja calidad de las democracias de la región y lo poco que han cambiado las actitudes de la élite desde la época de los señores de la Colonia.
Muchos habían albergado la esperanza de que el paso de gobiernos autoritarios a democracias iba a poner fin al tipo de corrupción que predominaba cuando los dictadores dirigían los asuntos de Estado, para beneficio de una pequeña camarilla de conocidos que además amenazaba a los potenciales delatores.
Sin embargo, los gobiernos sucesivos en todo el espectro político, ya sea defensores del libre mercado como Toledo, o izquierdistas autoproclamados, como Da Silva, han demostrado ser incluso más susceptibles.
Con economías que antes estuvieron cerradas y ahora se abren, y con las ganancias corporativas a niveles récord, las oportunidades de corrupción y sobornos son mayores que nunca.
Países como Chile y Uruguay son la excepción y la envidia del resto.
Quizá más inquietante para la salud democrática de la región es que los escándalos recientes, particularmente el de Brasil, involucran corrupción no sólo para el enriquecimiento personal, sino también para obtener y aferrarse al mandato indefinidamente, con lo que se amenaza a las propias instituciones democráticas.
Los líderes implicados desmienten que hayan realizado delitos y se han mostrado renuentes a aceptar cualquier responsabilidad.
En un principio, Da Silva sostuvo:
“En lo que se refiere a su conducta electoral, el Partido de los Trabajadores hizo lo que se ha hecho sistemáticamente en Brasil”. Pero luego abandonó esas excusas en favor de protestas sobre su inocencia e integridad personal. “En este país, aún no ha nacido la persona que pueda debatir sobre ética conmigo”, declaró en un discurso el mes pasado.
Thursday, July 28, 2005
EL CABREO UNIVERSAL
By CARLOS ALBERTO MONTANER
ABC, Spain, July 28 2005
El breve discurso de Castro (apenas cuatro implacables horas) en conmemoración de otro aniversario del asalto al cuartel Moncada, ocurrido el 26 de julio de 1953, ha logrado el extraño milagro de cabrear a todo el mundo: las representaciones extranjeras que esperaban, no se sabe por qué, una señal de tolerancia con la oposición democrática, los familiares de las víctimas del remolcador «13 de marzo», que soñaban con que el Comandante pidiera perdón por el asesinato de 37 personas cometido el 13 de julio de 1994 por la fuerzas de Seguridad, y hasta los miembros del aparato, condenados a estar en el recinto, a quienes se les había asegurado que sería un discurso de 45 minutos.
Pero quienes más disgustados quedaron fueron los venezolanos y los propios cubanos. Los primeros, porque Castro anunció que desde el 2004 unos misteriosos Reyes Magos, o sea, Chávez, a quien no nombró, están subsidiando a Cuba muy generosamente, lo que ahora le permite al gobierno de La Habana comprarle a China mil autobuses, restaurar y dotar de equipos sofisticados a 50 grandes hospitales y más de 800 consultas de dentistas, mientras se reconstruyen las centrales eléctricas y una buena parte de la infraestructura sanitaria del país.
El total de estas donaciones venezolanas a Cuba, encubiertas como créditos irrecuperables, se calculan entre cuatro y cinco millones de dólares diarios, una cifra descomunal que sólo se entiende por la bonanza de los precios del petróleo.
Al mismo tiempo, es esa ayuda la que explica el desdén con que Castro trató a la Unión Europea y a Estados Unidos cuando ofrecieron respaldo tras el paso del huracán Denis: ¿para qué unos cuantos dólares o euros cuando cuenta con la chequera sin fondo de Chávez?
Naturalmente, en Venezuela, donde cada día que pasa hay más pobreza, y en donde los servicios públicos tienen un nivel africano, los venezolanos se preguntan por qué tienen ellos que pechar con el desastre cubano sin antes solucionar el propio.
Dentro de Cuba el discurso fue un chorro de saliva fría. Ni un solo síntoma de rectificación o de sentido común: exactamente la misma ridícula cantinela de casi medio siglo, con los mismos culpables de siempre (el capitalismo, los norteamericanos y los demócratas de la oposición).
Por otra parte, nadie creyó que habrá alivio a los infinitos problemas que padece el país, porque la experiencia les ha enseñado a los cubanos que el socialismo es una máquina implacable de destruir bienes de equipo y de arruinar servicios.
Antes de dieciocho meses toda esa infraestructura que hoy se repara será de nuevo una cosa polvorienta, destrozada por la incuria de la burocracia.
Los pobres soviéticos enterraron cien mil millones de dólares a lo largo de tres décadas para que Cuba pasara de ser uno de los primeros países de América a convertirse en uno de los últimos. A la pobre Venezuela no le irá mucho mejor. Castro acabará por arrebatarle a Chávez hasta su locuacidad de papagayo tropical. Lo dejará sin plumas y sin cacareo.
By CARLOS ALBERTO MONTANER
ABC, Spain, July 28 2005
El breve discurso de Castro (apenas cuatro implacables horas) en conmemoración de otro aniversario del asalto al cuartel Moncada, ocurrido el 26 de julio de 1953, ha logrado el extraño milagro de cabrear a todo el mundo: las representaciones extranjeras que esperaban, no se sabe por qué, una señal de tolerancia con la oposición democrática, los familiares de las víctimas del remolcador «13 de marzo», que soñaban con que el Comandante pidiera perdón por el asesinato de 37 personas cometido el 13 de julio de 1994 por la fuerzas de Seguridad, y hasta los miembros del aparato, condenados a estar en el recinto, a quienes se les había asegurado que sería un discurso de 45 minutos.
Pero quienes más disgustados quedaron fueron los venezolanos y los propios cubanos. Los primeros, porque Castro anunció que desde el 2004 unos misteriosos Reyes Magos, o sea, Chávez, a quien no nombró, están subsidiando a Cuba muy generosamente, lo que ahora le permite al gobierno de La Habana comprarle a China mil autobuses, restaurar y dotar de equipos sofisticados a 50 grandes hospitales y más de 800 consultas de dentistas, mientras se reconstruyen las centrales eléctricas y una buena parte de la infraestructura sanitaria del país.
El total de estas donaciones venezolanas a Cuba, encubiertas como créditos irrecuperables, se calculan entre cuatro y cinco millones de dólares diarios, una cifra descomunal que sólo se entiende por la bonanza de los precios del petróleo.
Al mismo tiempo, es esa ayuda la que explica el desdén con que Castro trató a la Unión Europea y a Estados Unidos cuando ofrecieron respaldo tras el paso del huracán Denis: ¿para qué unos cuantos dólares o euros cuando cuenta con la chequera sin fondo de Chávez?
Naturalmente, en Venezuela, donde cada día que pasa hay más pobreza, y en donde los servicios públicos tienen un nivel africano, los venezolanos se preguntan por qué tienen ellos que pechar con el desastre cubano sin antes solucionar el propio.
Dentro de Cuba el discurso fue un chorro de saliva fría. Ni un solo síntoma de rectificación o de sentido común: exactamente la misma ridícula cantinela de casi medio siglo, con los mismos culpables de siempre (el capitalismo, los norteamericanos y los demócratas de la oposición).
Por otra parte, nadie creyó que habrá alivio a los infinitos problemas que padece el país, porque la experiencia les ha enseñado a los cubanos que el socialismo es una máquina implacable de destruir bienes de equipo y de arruinar servicios.
Antes de dieciocho meses toda esa infraestructura que hoy se repara será de nuevo una cosa polvorienta, destrozada por la incuria de la burocracia.
Los pobres soviéticos enterraron cien mil millones de dólares a lo largo de tres décadas para que Cuba pasara de ser uno de los primeros países de América a convertirse en uno de los últimos. A la pobre Venezuela no le irá mucho mejor. Castro acabará por arrebatarle a Chávez hasta su locuacidad de papagayo tropical. Lo dejará sin plumas y sin cacareo.
Sunday, July 03, 2005
The temptation of exile
Milagros Socorro
El Nacional, August 19 2004
Las opciones que teníamos para escoger el domingo eran sólo dos, pero las interpretaciones que pueden hacerse a partir de los resultados anunciados son más que eso. Son, de hecho, muy diversas.
Por lo pronto, la atención se ha concentrado en afirmar o negar el fraude electoral que, según la dirigencia opositora, se cometió en forma masiva. Esa es la versión de los hechos del liderazgo adversario al Gobierno pero no tiene por qué ser la opinión unánime de los votantes por el Sí, por mucha que sea la sensación de perplejidad, depresión o percepción catastrófica del futuro. El hecho de que uno se sienta defraudado no significa que, en efecto, haya sido víctima de un fraude.
Desde luego, hay muchos antecedentes, próximos y remotos, que permiten maliciar el tránsito fraudulento de los resultados; un camino que se inició con el viraje del proyecto gubernamental hacia la implantación de una revolución (distinto del ofrecido en 1998), que tuvo un gran hito en la confiscación de las instituciones y que ofreció un millar de demostraciones en el bazar de diabluras y demoras irregulares de la faena que, finalmente, condujo a la realización del referéndum revocatorio presidencial.
De manera que no hay duda de que estamos ante un Gobierno fieramente aferrado al poder para cuyo mantenimiento no se ahorra villanías.
Eso es cierto. Está documentado de mil maneras. Y si esto fuera poco, ahí están las descaradas trabas puestas por el Poder Electoral para que la oposición tuviera acceso a la sala de totalización de los votos y, en fin, la interminable ristra de abusos cometidos por los rectores oficialistas. El anuncio madrugador de Carrasquero no puede sino barrer para la tesis del fraude, no sólo porque lo hizo a apenas una hora de haberse cerrado el último centro de votación sino porque todo lo que diga Carrasquero, portador de un voluminoso prontuario de trampas y falta de escrúpulos, está teñido de sospechas. (Cuando lo vi por primera vez aposté por que su falta de luces, su medianía intelectual, que entonces comenté públicamente, no le dejarían otra vía que la solvencia moral para justificar su rol de presidente del CNE en las conflictivas circunstancias de su nombramiento.
Mediocre y cursi, no le quedaba más que la decencia para ponerse a la altura de semejante responsabilidad.
Pero no la tuvo. Pudo más la sumisión revolucionaria que la conciencia de sus límites y el valor de la honestidad como única gracia que hubiera podido exhibir). Y ni siquiera esto debe llevarnos a aceptar de forma irreflexiva la tesis del fraude masivo.
ESTÁ, LO SÉ, LA INEXPLICABLE NEGATIVA DEL GANADOR a someterse a una auditoría minuciosa , con presencia de la oposición y de los observadores; está la desconfianza, incluso en Estados Unidos, hacia las máquinas de votación con pantallas sensibles al tacto; está la hipótesis del tope electoral (arreglo mañoso de las máquinas que habría traspasado a la suma del No los votos recaudados por el Sí a partir de una cifra predeterminada) ; están las complicadas y variadísimas conjeturas que sustentan la predisposición de las máquinas a ser arregladas para conveniencia de quienes las compraron y luego ordeñaron su victoria; están los reportes de confusiones impresas en la boleta (la mía marcaba 1. Sí; y no 2. Sí, como me dicen que debió ocurrir). Hay muchos factores que pueblan el estado de sospecha. Factores de peso, no lo dudo. Pero hay, también, un elemento informativo que no podemos descartar como si no existiera: los resultados del RRP reproducen casi al calco las previsiones arrojadas por las encuestas a pocos días del evento.
Esas mediciones indicaban un ascenso en la popularidad del Gobierno y un descenso de la capacidad de convocatoria de la oposición (lo que podría explicar por qué hubo mesas donde la vendimia del Sí fue inferior a la recabada por El Firmazo). Jorge Rodríguez ha dicho –y creo que con razón– que el país es más ancho de lo que alcanzamos a ver con nuestra mirada individual.
Rodríguez podrá formar parte de un gang de marrulleros pero en eso tiene toda la razón. El país es más ancho, más profundo y más diverso de lo que podemos calibrar a través de nuestros propios sentimientos y de las proyecciones que hacemos sobre el conjunto que formamos.
Esto hay que aceptarlo con sabiduría, con respeto por nuestro propio país, que en su complejidad no reproduce como en fractales ni nuestro mapa del alma ni la composición política de nuestro barrio.
Lo mismo ocurre con los contingentes de compatriotas que votaron por cada una de las opciones previstas.
Ni el Sí ni el No son compactos, homogéneos, planos. En el Sí hay muchas tendencias, muchas formas de concebir la vida pública y el liderazgo; y lo mismo sucede en la comarca del No, donde cabe concebir que no todos los que arrimaron la mano a su pantalla lo hicieron por apoyo a Chávez sino por rechazo a la oposición. ¿Y por qué no lo iban a hacer? Los votos del No fueron escardillados por Chávez, ah, eso a no dudarlo, pero también por la oposición, que es, digámoslo de una vez, un desastre. No digo que las personas que la componen lo sean. Al contrario.
Se cuentan en su elenco personalidades de mucho brillo y de irreprochable trayectoria. Pero como orquesta no funcionan y quién sabe si su insistencia en el fraude no es más que un ardid para tapar su incompetencia (como Chávez explica la suya alegando que su fracaso es “mediático” ). No afirmo que lo sea, intento pensar e invitar a hacerlo.
ANTE LA DERROTA DE LA OPOSICIÓN y la ira que produce la posibilidad de un fraude, muchos venezolanos han caído en la tentación del exilio interior, un asilo que tiene dos vertientes: 1) no pensar, no hacer el esfuerzo de penetrar en la realidad traspasando las apariencias, aceptar aquella interpretación que, aún generando frustración y rabia, tranquiliza porque no exige demasiado discernimiento; y 2) tomar la decisión de no votar más nunca y que se vayan al carajo las elecciones regionales. Comprensible tentación. Pero de imposible sostenimiento. Todo lo que no sean los resultados oficiales del CNE son especulaciones, aun cuando cuenten, como hemos establecido, con muchos y fornidos argumentos. Lo único cierto es que los venezolanos fuimos a votar (todos los venezolanos, no perder de vista esta obviedad), soportamos unas colas inverosímiles para las sociedades que sufragan por correo o que lo hacen en minutos. Llevamos, pues, la democracia en la sangre. Y eso es mucho. Eso implica la obligatoriedad de reflexionar –por supuesto, también de exigir elecciones pulcras, y en eso estamos–, de admitir que hay otros que podrían apoyar el mandatario que nosotros repudiamos.
E implica la exigencia de nuevos actores, nuevas visiones, nuevas estrategias, cuando los otros –todos los otros– han demostrado su caducidad. En Venezuela tenemos gente, tradición y energías para hacerlo; y, sobre todo, la necesidad de enrumbarnos al futuro con los errores enmendados y mucha esperanza. El futuro está ahí, Carrasquero no puede arramblar con él. Ni Chávez tampoco.
Y ahora te voy a decir lo que creo que ocurrió. Tengo la impresión de que el No ha podido ganar pero que ellos mismos no se lo creían y quizá, sólo quizá, arreglaron los trastos para que los favorecieran. De otra manera no me explico ese arrase en todo el territorio. Lo que es en el Zulia, que no me vengan. Pero como estoy tratando de no irme al exilio interior, no me aventuro a afirmar nada. Sólo me hago preguntas y trato de mantenerme anclada en este país ancho y tumultuoso que somos. En el que tengo puesto el corazón... y la cabecita.
Milagros Socorro
El Nacional, August 19 2004
Las opciones que teníamos para escoger el domingo eran sólo dos, pero las interpretaciones que pueden hacerse a partir de los resultados anunciados son más que eso. Son, de hecho, muy diversas.
Por lo pronto, la atención se ha concentrado en afirmar o negar el fraude electoral que, según la dirigencia opositora, se cometió en forma masiva. Esa es la versión de los hechos del liderazgo adversario al Gobierno pero no tiene por qué ser la opinión unánime de los votantes por el Sí, por mucha que sea la sensación de perplejidad, depresión o percepción catastrófica del futuro. El hecho de que uno se sienta defraudado no significa que, en efecto, haya sido víctima de un fraude.
Desde luego, hay muchos antecedentes, próximos y remotos, que permiten maliciar el tránsito fraudulento de los resultados; un camino que se inició con el viraje del proyecto gubernamental hacia la implantación de una revolución (distinto del ofrecido en 1998), que tuvo un gran hito en la confiscación de las instituciones y que ofreció un millar de demostraciones en el bazar de diabluras y demoras irregulares de la faena que, finalmente, condujo a la realización del referéndum revocatorio presidencial.
De manera que no hay duda de que estamos ante un Gobierno fieramente aferrado al poder para cuyo mantenimiento no se ahorra villanías.
Eso es cierto. Está documentado de mil maneras. Y si esto fuera poco, ahí están las descaradas trabas puestas por el Poder Electoral para que la oposición tuviera acceso a la sala de totalización de los votos y, en fin, la interminable ristra de abusos cometidos por los rectores oficialistas. El anuncio madrugador de Carrasquero no puede sino barrer para la tesis del fraude, no sólo porque lo hizo a apenas una hora de haberse cerrado el último centro de votación sino porque todo lo que diga Carrasquero, portador de un voluminoso prontuario de trampas y falta de escrúpulos, está teñido de sospechas. (Cuando lo vi por primera vez aposté por que su falta de luces, su medianía intelectual, que entonces comenté públicamente, no le dejarían otra vía que la solvencia moral para justificar su rol de presidente del CNE en las conflictivas circunstancias de su nombramiento.
Mediocre y cursi, no le quedaba más que la decencia para ponerse a la altura de semejante responsabilidad.
Pero no la tuvo. Pudo más la sumisión revolucionaria que la conciencia de sus límites y el valor de la honestidad como única gracia que hubiera podido exhibir). Y ni siquiera esto debe llevarnos a aceptar de forma irreflexiva la tesis del fraude masivo.
ESTÁ, LO SÉ, LA INEXPLICABLE NEGATIVA DEL GANADOR a someterse a una auditoría minuciosa , con presencia de la oposición y de los observadores; está la desconfianza, incluso en Estados Unidos, hacia las máquinas de votación con pantallas sensibles al tacto; está la hipótesis del tope electoral (arreglo mañoso de las máquinas que habría traspasado a la suma del No los votos recaudados por el Sí a partir de una cifra predeterminada) ; están las complicadas y variadísimas conjeturas que sustentan la predisposición de las máquinas a ser arregladas para conveniencia de quienes las compraron y luego ordeñaron su victoria; están los reportes de confusiones impresas en la boleta (la mía marcaba 1. Sí; y no 2. Sí, como me dicen que debió ocurrir). Hay muchos factores que pueblan el estado de sospecha. Factores de peso, no lo dudo. Pero hay, también, un elemento informativo que no podemos descartar como si no existiera: los resultados del RRP reproducen casi al calco las previsiones arrojadas por las encuestas a pocos días del evento.
Esas mediciones indicaban un ascenso en la popularidad del Gobierno y un descenso de la capacidad de convocatoria de la oposición (lo que podría explicar por qué hubo mesas donde la vendimia del Sí fue inferior a la recabada por El Firmazo). Jorge Rodríguez ha dicho –y creo que con razón– que el país es más ancho de lo que alcanzamos a ver con nuestra mirada individual.
Rodríguez podrá formar parte de un gang de marrulleros pero en eso tiene toda la razón. El país es más ancho, más profundo y más diverso de lo que podemos calibrar a través de nuestros propios sentimientos y de las proyecciones que hacemos sobre el conjunto que formamos.
Esto hay que aceptarlo con sabiduría, con respeto por nuestro propio país, que en su complejidad no reproduce como en fractales ni nuestro mapa del alma ni la composición política de nuestro barrio.
Lo mismo ocurre con los contingentes de compatriotas que votaron por cada una de las opciones previstas.
Ni el Sí ni el No son compactos, homogéneos, planos. En el Sí hay muchas tendencias, muchas formas de concebir la vida pública y el liderazgo; y lo mismo sucede en la comarca del No, donde cabe concebir que no todos los que arrimaron la mano a su pantalla lo hicieron por apoyo a Chávez sino por rechazo a la oposición. ¿Y por qué no lo iban a hacer? Los votos del No fueron escardillados por Chávez, ah, eso a no dudarlo, pero también por la oposición, que es, digámoslo de una vez, un desastre. No digo que las personas que la componen lo sean. Al contrario.
Se cuentan en su elenco personalidades de mucho brillo y de irreprochable trayectoria. Pero como orquesta no funcionan y quién sabe si su insistencia en el fraude no es más que un ardid para tapar su incompetencia (como Chávez explica la suya alegando que su fracaso es “mediático” ). No afirmo que lo sea, intento pensar e invitar a hacerlo.
ANTE LA DERROTA DE LA OPOSICIÓN y la ira que produce la posibilidad de un fraude, muchos venezolanos han caído en la tentación del exilio interior, un asilo que tiene dos vertientes: 1) no pensar, no hacer el esfuerzo de penetrar en la realidad traspasando las apariencias, aceptar aquella interpretación que, aún generando frustración y rabia, tranquiliza porque no exige demasiado discernimiento; y 2) tomar la decisión de no votar más nunca y que se vayan al carajo las elecciones regionales. Comprensible tentación. Pero de imposible sostenimiento. Todo lo que no sean los resultados oficiales del CNE son especulaciones, aun cuando cuenten, como hemos establecido, con muchos y fornidos argumentos. Lo único cierto es que los venezolanos fuimos a votar (todos los venezolanos, no perder de vista esta obviedad), soportamos unas colas inverosímiles para las sociedades que sufragan por correo o que lo hacen en minutos. Llevamos, pues, la democracia en la sangre. Y eso es mucho. Eso implica la obligatoriedad de reflexionar –por supuesto, también de exigir elecciones pulcras, y en eso estamos–, de admitir que hay otros que podrían apoyar el mandatario que nosotros repudiamos.
E implica la exigencia de nuevos actores, nuevas visiones, nuevas estrategias, cuando los otros –todos los otros– han demostrado su caducidad. En Venezuela tenemos gente, tradición y energías para hacerlo; y, sobre todo, la necesidad de enrumbarnos al futuro con los errores enmendados y mucha esperanza. El futuro está ahí, Carrasquero no puede arramblar con él. Ni Chávez tampoco.
Y ahora te voy a decir lo que creo que ocurrió. Tengo la impresión de que el No ha podido ganar pero que ellos mismos no se lo creían y quizá, sólo quizá, arreglaron los trastos para que los favorecieran. De otra manera no me explico ese arrase en todo el territorio. Lo que es en el Zulia, que no me vengan. Pero como estoy tratando de no irme al exilio interior, no me aventuro a afirmar nada. Sólo me hago preguntas y trato de mantenerme anclada en este país ancho y tumultuoso que somos. En el que tengo puesto el corazón... y la cabecita.
And if they were not free bees?
Milagros Socorro
El Nacional, August 12 2004
Tres datos se alinean en una constelación que podría ser perversa pero de la que podemos extraer una necesaria reflexión. Los dos primeros datos están entrelazados en el hecho, perfectamente rastreable en una cronología del último año, de que la creación de las misiones y el traspaso de enormes sumas de dinero a su financiamiento coincidió con un alza de la popularidad del Gobierno. Está claro, y nadie lo niega, que ese programa de obras sociales, hacia las que ha encauzado unos 3 millardos de dólares, torció a su favor la tendencia evidenciada en las encuestas, que hace un año era claramente desfavorable a la permanencia del presidente Chávez en su cargo.
En ese momento, la oposición se disponía a recoger las 2.400.000 de firmas necesarias para convocar el referéndum revocatorio presidencial, que de haber sido realizado en fechas próximas a esa primera iniciativa hubiera sido muy adverso para Chávez. Y aquí entra el tercer dato. Un libro aparecido esta semana, titulado El informe Súmate. La verdad sobre el Reafirmazo (Los Libros de El Nacional, 2004) ofrece un inventario minucioso de “los numerosos obstáculos que antepusieron tanto el Poder Electoral como los demás poderes públicos de la República de Venezuela a la expresión de la voluntad de los solicitantes de un RRP durante los procesos políticos que se sucedieron en el país durante el año 2003 y el primer semestre de 2004”. Allí se reúne una colección de documentos oficiales, instructivos, memorandos y reglamentos del CNE, sentencias del TSJ, testimonios de la participación indebida de los militares, resoluciones en Gaceta... todo planificado para obstaculizar la realización del referéndum.
Este material desvanece todo titubeo al respecto: las rocambolescas artimañas diseñadas para dificultar y dilatar el evento referendario se hicieron con la intención expresa de ganar tiempo. Un tiempo que el Gobierno utilizó para multiplicar el gasto público en becas, subsidios y misiones. Es decir, en ganar votos a billetazos. De eso no cabe duda.
A ESTA HORA, LAS POCAS QUE FALTAN para ponerle la mano a la pantallita, nadie tiene dudas de que la popularidad de Chávez está fortalecida y de que hay una gran masa de venezolanos cuya intención de voto, hace un año indefinida o inclinada hacia su revocación, lo favorece.
Esto nos dice que hay millones de compatriotas dispuestos a mantener en el poder a un gobernante que ha destrozado las instituciones, que nos ha arrojado a la confrontación, que ha malbaratado los recursos del Estado para su beneficio, que ha dañado gravemente la economía y aumentado el desempleo, que no ha cumplido con nada de lo que prometió y que, en cambio, nos deparó el atraso en muchas áreas donde registrábamos avances, porque a pocos meses de su dilema electoral les ofrece un paliativo a sus necesidades más urgentes. Eso es verdad.
Y aquí se bifurca la certeza.
Para muchos, ese desplazamiento de electores hacia la opción del No es percibida como una predisposición a la condición de limosneros, como una admisión del soborno, en fin, como una complicidad con el mal gobernante que a última hora enmienda su corrupción, su ineficiencia y su improvisación con paños calientes; y que ya con eso se le perdonan su evidente vocación autoritaria y sus desmanes. Para otros, es comprensible este viraje de las simpatías porque alguien que está en la miseria o tiene un familiar enfermo cuyo tratamiento no puede afrontar, encuentra en quien le da algún alivio un aliado que quiere conservar y, bajo ningún aspecto, perder. Más, si la oposición no ha sido lo suficientemente enfática en comprometerse con la extensión, profundización y democratización de esos servicios tan necesarios para los pobres y los empobrecidos (que somos casi todos). Las apreciaciones se debaten, pues, entre el desprecio por los sectores alcanzados por las misiones y la condescendencia hacia “los pobres”. No sé qué es peor.
UNA RUTA ÚTIL PARA INTENTAR UN ANÁLISIS apropiado del asunto comienza por preguntarnos si las misiones constituyen una dádiva (para usar el despectivo término comúnmente empleado). Ahí está la clave. Los vecinos del municipio Chacao, en Caracas, que reciben los estupendos beneficios de su sistema de asistencia social jamás se sienten degradados por las atenciones de Salud Chacao y, más bien, aspiran a que se incrementen. Desde luego, los habitantes de Chacao pagan unos impuestos (muy bajos, por cierto, vista la calidad de la prestación) y no ven en su usufructo una concesión del alcalde o un favor que deba pagarse con el voto. Como no se sienten humilladas las madres europeas que reciben un estipendio estatal por cada hijo en edad escolar, ni por la educación gratuita que reciben ni los almuerzos que les sirven en las escuelas o por la pensión que los aguarda tras su jubilación.
Quiere decir que el problema no radica en quiénes captan la ayuda del Estado sino en la forma que ésta adopta y las intenciones que la orientan, porque de esas intenciones depende si los programas obedecen a una planificación o si han sido rápidamente instrumentados para garantizar la permanencia en el poder de quien con ese objetivo las manipula.
EL PROBLEMA NO ES LA GENTE, finalmente “tocada”, como dicen los encuestadores, por las misiones sino el hecho de que éstas, en su predestinación electoral (para sustentar a un populista) sustituyan al Sistema de Seguridad Social, a los ministerios y, en suma, al Estado; que su irrigación sea parcial (sólo para los adeptos probados o potenciales), lo que implica una injusta exclusión de otros sectores; y que haya una aberración implícita en la circunstancia de que los fondos para su financiamiento pasen de Pdvsa a las manos de los necesitados, sin mediación institucional alguna (y sin someterse el control del Banco Central), con lo que se completa un ciclo atroz que podríamos glosar como “yo, el jefe, pongo en tus manos el barril que te toca y que antes te quitaron”, versión que viene a reforzar varios mitos: somos un país rico; el Estado está para repartir equitativamente la riqueza petrolera; y si no te ha tocado lo tuyo es porque alguien se lo cogió. La aparición de Chávez en una finca de su familia –sin que se sepa cuándo y cómo se obtuvo– es la puesta en escena de este retorcido discernimiento:
el gobernante magnánimo no sólo le da su barrilito a cada pobre sino que arrebata los de “los ricos” ¡y se lo embolsan él y su familia!, operación que arroja un leño más a la fogata del resentimiento a cuyo calor se ha cocinado su liderazgo.
Conclusión: ningún venezolano, aún aquel que este domingo vote por el No, con la ilusión de que las misiones son la semilla que florecerá en el pospuesto Sistema de Seguridad Social, merece este gobierno.
Todos los venezolanos tenemos derecho, como los europeos tienen más de un siglo ejerciéndolo, a una red de ayuda y promoción del Estado.
Eso no debe concebirse –ni menospreciarse– como dádiva sino, más bien, debe partirse de lo aprendido con las misiones para convertirlas en un auténtico programa de Estado (no de fracción política). Y, pase lo que pase este domingo, debe garantizarse lo ganado, ahora despojado de lo que tiene de espasmódico, y convertirlo en un verdadero auspicio al individuo y a su capacidad de ser un aporte para el país y no una carga a la que hay que arrear con simulacros interesados.
Milagros Socorro
El Nacional, August 12 2004
Tres datos se alinean en una constelación que podría ser perversa pero de la que podemos extraer una necesaria reflexión. Los dos primeros datos están entrelazados en el hecho, perfectamente rastreable en una cronología del último año, de que la creación de las misiones y el traspaso de enormes sumas de dinero a su financiamiento coincidió con un alza de la popularidad del Gobierno. Está claro, y nadie lo niega, que ese programa de obras sociales, hacia las que ha encauzado unos 3 millardos de dólares, torció a su favor la tendencia evidenciada en las encuestas, que hace un año era claramente desfavorable a la permanencia del presidente Chávez en su cargo.
En ese momento, la oposición se disponía a recoger las 2.400.000 de firmas necesarias para convocar el referéndum revocatorio presidencial, que de haber sido realizado en fechas próximas a esa primera iniciativa hubiera sido muy adverso para Chávez. Y aquí entra el tercer dato. Un libro aparecido esta semana, titulado El informe Súmate. La verdad sobre el Reafirmazo (Los Libros de El Nacional, 2004) ofrece un inventario minucioso de “los numerosos obstáculos que antepusieron tanto el Poder Electoral como los demás poderes públicos de la República de Venezuela a la expresión de la voluntad de los solicitantes de un RRP durante los procesos políticos que se sucedieron en el país durante el año 2003 y el primer semestre de 2004”. Allí se reúne una colección de documentos oficiales, instructivos, memorandos y reglamentos del CNE, sentencias del TSJ, testimonios de la participación indebida de los militares, resoluciones en Gaceta... todo planificado para obstaculizar la realización del referéndum.
Este material desvanece todo titubeo al respecto: las rocambolescas artimañas diseñadas para dificultar y dilatar el evento referendario se hicieron con la intención expresa de ganar tiempo. Un tiempo que el Gobierno utilizó para multiplicar el gasto público en becas, subsidios y misiones. Es decir, en ganar votos a billetazos. De eso no cabe duda.
A ESTA HORA, LAS POCAS QUE FALTAN para ponerle la mano a la pantallita, nadie tiene dudas de que la popularidad de Chávez está fortalecida y de que hay una gran masa de venezolanos cuya intención de voto, hace un año indefinida o inclinada hacia su revocación, lo favorece.
Esto nos dice que hay millones de compatriotas dispuestos a mantener en el poder a un gobernante que ha destrozado las instituciones, que nos ha arrojado a la confrontación, que ha malbaratado los recursos del Estado para su beneficio, que ha dañado gravemente la economía y aumentado el desempleo, que no ha cumplido con nada de lo que prometió y que, en cambio, nos deparó el atraso en muchas áreas donde registrábamos avances, porque a pocos meses de su dilema electoral les ofrece un paliativo a sus necesidades más urgentes. Eso es verdad.
Y aquí se bifurca la certeza.
Para muchos, ese desplazamiento de electores hacia la opción del No es percibida como una predisposición a la condición de limosneros, como una admisión del soborno, en fin, como una complicidad con el mal gobernante que a última hora enmienda su corrupción, su ineficiencia y su improvisación con paños calientes; y que ya con eso se le perdonan su evidente vocación autoritaria y sus desmanes. Para otros, es comprensible este viraje de las simpatías porque alguien que está en la miseria o tiene un familiar enfermo cuyo tratamiento no puede afrontar, encuentra en quien le da algún alivio un aliado que quiere conservar y, bajo ningún aspecto, perder. Más, si la oposición no ha sido lo suficientemente enfática en comprometerse con la extensión, profundización y democratización de esos servicios tan necesarios para los pobres y los empobrecidos (que somos casi todos). Las apreciaciones se debaten, pues, entre el desprecio por los sectores alcanzados por las misiones y la condescendencia hacia “los pobres”. No sé qué es peor.
UNA RUTA ÚTIL PARA INTENTAR UN ANÁLISIS apropiado del asunto comienza por preguntarnos si las misiones constituyen una dádiva (para usar el despectivo término comúnmente empleado). Ahí está la clave. Los vecinos del municipio Chacao, en Caracas, que reciben los estupendos beneficios de su sistema de asistencia social jamás se sienten degradados por las atenciones de Salud Chacao y, más bien, aspiran a que se incrementen. Desde luego, los habitantes de Chacao pagan unos impuestos (muy bajos, por cierto, vista la calidad de la prestación) y no ven en su usufructo una concesión del alcalde o un favor que deba pagarse con el voto. Como no se sienten humilladas las madres europeas que reciben un estipendio estatal por cada hijo en edad escolar, ni por la educación gratuita que reciben ni los almuerzos que les sirven en las escuelas o por la pensión que los aguarda tras su jubilación.
Quiere decir que el problema no radica en quiénes captan la ayuda del Estado sino en la forma que ésta adopta y las intenciones que la orientan, porque de esas intenciones depende si los programas obedecen a una planificación o si han sido rápidamente instrumentados para garantizar la permanencia en el poder de quien con ese objetivo las manipula.
EL PROBLEMA NO ES LA GENTE, finalmente “tocada”, como dicen los encuestadores, por las misiones sino el hecho de que éstas, en su predestinación electoral (para sustentar a un populista) sustituyan al Sistema de Seguridad Social, a los ministerios y, en suma, al Estado; que su irrigación sea parcial (sólo para los adeptos probados o potenciales), lo que implica una injusta exclusión de otros sectores; y que haya una aberración implícita en la circunstancia de que los fondos para su financiamiento pasen de Pdvsa a las manos de los necesitados, sin mediación institucional alguna (y sin someterse el control del Banco Central), con lo que se completa un ciclo atroz que podríamos glosar como “yo, el jefe, pongo en tus manos el barril que te toca y que antes te quitaron”, versión que viene a reforzar varios mitos: somos un país rico; el Estado está para repartir equitativamente la riqueza petrolera; y si no te ha tocado lo tuyo es porque alguien se lo cogió. La aparición de Chávez en una finca de su familia –sin que se sepa cuándo y cómo se obtuvo– es la puesta en escena de este retorcido discernimiento:
el gobernante magnánimo no sólo le da su barrilito a cada pobre sino que arrebata los de “los ricos” ¡y se lo embolsan él y su familia!, operación que arroja un leño más a la fogata del resentimiento a cuyo calor se ha cocinado su liderazgo.
Conclusión: ningún venezolano, aún aquel que este domingo vote por el No, con la ilusión de que las misiones son la semilla que florecerá en el pospuesto Sistema de Seguridad Social, merece este gobierno.
Todos los venezolanos tenemos derecho, como los europeos tienen más de un siglo ejerciéndolo, a una red de ayuda y promoción del Estado.
Eso no debe concebirse –ni menospreciarse– como dádiva sino, más bien, debe partirse de lo aprendido con las misiones para convertirlas en un auténtico programa de Estado (no de fracción política). Y, pase lo que pase este domingo, debe garantizarse lo ganado, ahora despojado de lo que tiene de espasmódico, y convertirlo en un verdadero auspicio al individuo y a su capacidad de ser un aporte para el país y no una carga a la que hay que arrear con simulacros interesados.
The requirements
El Nacional,
September 16 2004
Milagros Socorro
Lo patético de la impugnación de la madrina del Poder Electoral no es que al minuto siguiente de su elección alguien haya protestado a gritos que la pobre muchacha ganadora recibía una corona fraudulenta. Lo grave, lo vergonzante, lo injustificable es que el Consejo Nacional Electoral, objeto de sospechas en un país sediento de gobernabilidad y probidad de los gobernantes, esté organizando pujas de tres al cuarto, como el torneo de dominó, la carrera de caballos y el rally automovilístico, pavosa actividad, por cierto, que jamás ha demostrado ninguna pericia de sus participantes, salvo la capacidad para hacer el ridículo con la cara de piedra.
En un país donde el centenario del nacimiento de Ángel Rosenblat (19021984) —investigador pionero y gran valorizador del alma venezolana expresada en su habla—, por mencionar el primer olvidado rampante que viene a la mente, pasó por debajo de la mesa, qué relevancia puede tener el cuarto cumpleaños de una institución que, con descaro reconocido inclusive por el secretario general de la OEA en su reciente informe, creó “un clima de innecesaria desconfianza” justo cuando más se necesitaba de lo contrario.
No hay que ser un detective para concluir que las autoridades electorales no están celebrando otra cosa que el cumplimiento de la tarea asignada por el jefazo. Una torpeza más que añadir a su lista de rusticidades, porque la organización de estas festividades no puede sino arrojar más dudas sobre los resultados del referéndum presidencial que, de ser reflejo de la legítima voluntad popular, no tendrían por qué ser redituadas por el Poder Electoral, que con tanta chabacanería se ufana de sus buenos oficios.
Hasta el más convencido de que los cómputos del CNE son legítimos y retratan el mapa político del país alberga dudas al ver que el organismo “árbitro”, como se le ha dado en llamar, se vale de una excusa pueril para gastar casi 200 millones de bolívares en una rumba que, y aquí viene otra intemperancia, involucra a los militares como único sector de la sociedad convidado a la rochela.
En simultaneidad con esta exhibición de provinciana grosería, el presidente Chávez prepara a toda carrera y anuncia la creación de tres nuevos ministerios, al frente de cuyos despachos destina viejos y leales colaboradores.
El domingo pasado, cuando hizo públicas estas decisiones, el jefe del Estado en ningún momento aludió a las condiciones profesionales e intelectuales de sus fichas ministeriales.
Jamás hizo referencia a sus logros, su experiencia, sus estudios o destrezas.
Se limitó, al referirse a Elías Jaua, nuevo ministro de Economía Popular, a encomiar su talante revolucionario y su apego al “proceso”. Para qué más.
Con los mismos requisitos se completó el perfil de los rectores del CNE que debían ejecutar las directrices de Miraflores.
El fiestón del cumpleaños número cuatro es prueba de esto: en qué ha demostrado más capacidad de ejecutoria el doctor Carrasquero, cesante por voluntad propia de las labores de vocería del CNE, para dejarlas en manos de Jorge Rodríguez, ¿en convertirse en factor de tranquilidad y respeto para todos los electores?, ¿en interpretar las aspiraciones de la sociedad en forma plural?
No. La flor de su currículo será la organización de la parranda campestre en el Círculo Militar.
Como es la adhesión al proyecto revolucionario el único adorno que se le exige a Jaua y a sus colegas del tren ministerial para desempeñar sus cargos.
Cierto es que el artículo 244 de la Constitución establece que para ser ministro o ministra en Venezuela, sólo se requiere poseer la nacionalidad y ser mayor de 25 años; pero cuál sería el alivio de la ciudadanía si escuchara decir al jefe del Estado que fulano o fulana han sido escogidos para un ministerio por alguna razón más consistente que la adoración perpetua por el líder, condición susceptible de oportunistas fingimientos.
El puesto de trabajo que demanda menos requisitos es el de ministro venezolano. Piénsese, por ejemplo, que para ser guía del Museo de los Niños, es preciso tener buena presencia, excelente vocabulario y dicción (al canciller lo eliminarían en la primera entrevista) y disposición para el trabajo en equipo.
Para ser policía de Chacao no basta con tener una estatura mínima de 1,70 metros, los hombres y 1,65 metros, las mujeres, también es obligatorio ser bachiller y apto física y mentalmente, lo que se determina mediante exámenes, así como aprobar un test psicológico (¿hubiera llegado a ministro el general Lucas Rincón de haber sido sometido a semejantes comprobaciones?).
Los jóvenes panameños aspirantes a convertirse en policías deben ser bachilleres y no tener cicatrices ni tatuajes. Y si fuera puertorriqueño, deberá demostrar preparación académica y profesional, lo que no le vale de nada si no cumple con sus responsabilidades contributivas y de pensión alimentaria de menores en el caso de haberlas contraído. Si una mujer en Querétaro quisiera ocupar la plaza de cajera en una “importante empresa textil”, no podrá limitarse a tener una excelente presentación, además deberá ser delgada, honrada, responsable, amable y preferiblemente con experiencia.
Quien proyecte ser sacerdote de la Arquidiócesis de Bogotá, está emplazado a demostrar que tiene ganas de superarse cada día y superar los propios defectos, debe tener una inteligencia normal, con capacidad para estudios universitarios y un grado de madurez acorde con su edad (qué pasaría si a los candidatos a gobernador, como Acosta Carles, se les impusiera esta norma).
Todo esto para no mencionar los diplomas y solvencia en varios idiomas que deben ostentar los maestros alemanes, los diplomáticos brasileños, los capitanes de empresa norteamericanos o, para no descarriarnos del tema, los ministros noruegos.
La revolución no exige tanto. Para ser prócer en la era bolivariana basta calificar para fan enamorado y derrochar experticia en la sazón de carne en varas.
Con respecto a la reina, no hablen paja:
cualquiera de ellas podría triunfar.
El Nacional,
September 16 2004
Milagros Socorro
Lo patético de la impugnación de la madrina del Poder Electoral no es que al minuto siguiente de su elección alguien haya protestado a gritos que la pobre muchacha ganadora recibía una corona fraudulenta. Lo grave, lo vergonzante, lo injustificable es que el Consejo Nacional Electoral, objeto de sospechas en un país sediento de gobernabilidad y probidad de los gobernantes, esté organizando pujas de tres al cuarto, como el torneo de dominó, la carrera de caballos y el rally automovilístico, pavosa actividad, por cierto, que jamás ha demostrado ninguna pericia de sus participantes, salvo la capacidad para hacer el ridículo con la cara de piedra.
En un país donde el centenario del nacimiento de Ángel Rosenblat (19021984) —investigador pionero y gran valorizador del alma venezolana expresada en su habla—, por mencionar el primer olvidado rampante que viene a la mente, pasó por debajo de la mesa, qué relevancia puede tener el cuarto cumpleaños de una institución que, con descaro reconocido inclusive por el secretario general de la OEA en su reciente informe, creó “un clima de innecesaria desconfianza” justo cuando más se necesitaba de lo contrario.
No hay que ser un detective para concluir que las autoridades electorales no están celebrando otra cosa que el cumplimiento de la tarea asignada por el jefazo. Una torpeza más que añadir a su lista de rusticidades, porque la organización de estas festividades no puede sino arrojar más dudas sobre los resultados del referéndum presidencial que, de ser reflejo de la legítima voluntad popular, no tendrían por qué ser redituadas por el Poder Electoral, que con tanta chabacanería se ufana de sus buenos oficios.
Hasta el más convencido de que los cómputos del CNE son legítimos y retratan el mapa político del país alberga dudas al ver que el organismo “árbitro”, como se le ha dado en llamar, se vale de una excusa pueril para gastar casi 200 millones de bolívares en una rumba que, y aquí viene otra intemperancia, involucra a los militares como único sector de la sociedad convidado a la rochela.
En simultaneidad con esta exhibición de provinciana grosería, el presidente Chávez prepara a toda carrera y anuncia la creación de tres nuevos ministerios, al frente de cuyos despachos destina viejos y leales colaboradores.
El domingo pasado, cuando hizo públicas estas decisiones, el jefe del Estado en ningún momento aludió a las condiciones profesionales e intelectuales de sus fichas ministeriales.
Jamás hizo referencia a sus logros, su experiencia, sus estudios o destrezas.
Se limitó, al referirse a Elías Jaua, nuevo ministro de Economía Popular, a encomiar su talante revolucionario y su apego al “proceso”. Para qué más.
Con los mismos requisitos se completó el perfil de los rectores del CNE que debían ejecutar las directrices de Miraflores.
El fiestón del cumpleaños número cuatro es prueba de esto: en qué ha demostrado más capacidad de ejecutoria el doctor Carrasquero, cesante por voluntad propia de las labores de vocería del CNE, para dejarlas en manos de Jorge Rodríguez, ¿en convertirse en factor de tranquilidad y respeto para todos los electores?, ¿en interpretar las aspiraciones de la sociedad en forma plural?
No. La flor de su currículo será la organización de la parranda campestre en el Círculo Militar.
Como es la adhesión al proyecto revolucionario el único adorno que se le exige a Jaua y a sus colegas del tren ministerial para desempeñar sus cargos.
Cierto es que el artículo 244 de la Constitución establece que para ser ministro o ministra en Venezuela, sólo se requiere poseer la nacionalidad y ser mayor de 25 años; pero cuál sería el alivio de la ciudadanía si escuchara decir al jefe del Estado que fulano o fulana han sido escogidos para un ministerio por alguna razón más consistente que la adoración perpetua por el líder, condición susceptible de oportunistas fingimientos.
El puesto de trabajo que demanda menos requisitos es el de ministro venezolano. Piénsese, por ejemplo, que para ser guía del Museo de los Niños, es preciso tener buena presencia, excelente vocabulario y dicción (al canciller lo eliminarían en la primera entrevista) y disposición para el trabajo en equipo.
Para ser policía de Chacao no basta con tener una estatura mínima de 1,70 metros, los hombres y 1,65 metros, las mujeres, también es obligatorio ser bachiller y apto física y mentalmente, lo que se determina mediante exámenes, así como aprobar un test psicológico (¿hubiera llegado a ministro el general Lucas Rincón de haber sido sometido a semejantes comprobaciones?).
Los jóvenes panameños aspirantes a convertirse en policías deben ser bachilleres y no tener cicatrices ni tatuajes. Y si fuera puertorriqueño, deberá demostrar preparación académica y profesional, lo que no le vale de nada si no cumple con sus responsabilidades contributivas y de pensión alimentaria de menores en el caso de haberlas contraído. Si una mujer en Querétaro quisiera ocupar la plaza de cajera en una “importante empresa textil”, no podrá limitarse a tener una excelente presentación, además deberá ser delgada, honrada, responsable, amable y preferiblemente con experiencia.
Quien proyecte ser sacerdote de la Arquidiócesis de Bogotá, está emplazado a demostrar que tiene ganas de superarse cada día y superar los propios defectos, debe tener una inteligencia normal, con capacidad para estudios universitarios y un grado de madurez acorde con su edad (qué pasaría si a los candidatos a gobernador, como Acosta Carles, se les impusiera esta norma).
Todo esto para no mencionar los diplomas y solvencia en varios idiomas que deben ostentar los maestros alemanes, los diplomáticos brasileños, los capitanes de empresa norteamericanos o, para no descarriarnos del tema, los ministros noruegos.
La revolución no exige tanto. Para ser prócer en la era bolivariana basta calificar para fan enamorado y derrochar experticia en la sazón de carne en varas.
Con respecto a la reina, no hablen paja:
cualquiera de ellas podría triunfar.
I take the liberty
El Nacional, June 30 2005
Milagros Socorro
Hace varios años se produjo un fenómeno que muchos lectores deben recordar: el ángel exterminador sobrevoló Venezuela, pero no para cobrar una cosecha de recién nacidos, como hizo la vez que pasó por Egipto, sino para llevarse un conjunto de intelectuales y figuras de la cultura. Fue la época en que murieron Arturo Uslar Pietri, Isaac Pardo, Juan Liscano, Horacio Cabrera Sifontes, Manuel Alfredo Rodríguez, Hesnor Rivera, Sergio Antillano... El grupo es mayor y es amplio el rango temporal en que ocurrieron sus fallecimientos pero el síndrome al que aludiré se presentó en bloque.
Los entrevisté cuando faltaban pocos meses para sus decesos. Y en todos encontré la misma desazón. En cada oportunidad, tras hacer mi trabajo, llegaba a mi casa con el ánimo perturbado y con la idea de que me había tocado vivir un país deshilachado, opaco, muy chato y donde, definitivamente, no vislumbraría esa llama del vivir colectivo que había iluminado a todos estos hombres e impulsado su acción y su arte. Me había tocado una especie de república enratonada, una resaca del viejo sueño venezolano, la ropa arrugada del día que sigue a la gran fiesta.
Transcribía los diálogos (grabados) concediéndoles plenamente la razón. Quién se iba a mostrar refractario a los discernimientos de semejantes mentalidades (y semejantes trayectorias, porque cuando hablaban de la historia contemporánea aludían a hechos que les habían ocurrido a ellos, no se estaban refiriendo a una tropelía de ignaros en el salón Ayacucho o algo así). Debían tener razón: al país se lo había llevado el carajo, todo era peor, casi nada se había salvado de la debacle de la segunda mitad del siglo XX, justamente cuando teníamos todo para hacer buena la promesa de redención que manteníamos –o mantenemos– suspendida desde el día en que terminó la guerra de Independencia.
Era una generación convencida de que cambiaría el mundo en la próxima esquina y se hundió en la tristeza cuando vio que la esquina saltaba en pedazos... o la demolía algún funcionario voraz para levantar otra y cobrar la comisión.
UN DÍA FUI A ENTREVISTAR A ISAAC PARDO Y TUVE LA CERTEZA DE QUE ESTABA DELANTE DEL HOMBRE MÁS ENCANTADOR DEL SIGLO XX VENEZOLANO. Lo más cercano a un aristócrata criollo. Estaba ya muy anciano y deteriorado físicamente pero tan refinadas eran sus maneras, tan tierno y sutil su humor, tan diáfana su esencia de varón, que no podía sino producir el impacto de un hombre tremendamente atractivo.
En un momento de la conversación, –y para ilustrar hasta qué grado había vivenciado su compromiso con la república– Pardo se levantó el ruedo del pantalón para hacerme ver las marcas de los grillos. Corrían, para el momento de esta entrevista, los años noventa, habían pasado aproximadamente 60 años de la muerte de Gómez. El país había tenido –y perdido en buena medida– todas las posibilidades de superar el atraso, la pobreza, el autoritarismo, la corrupción, el militarismo... Y ahí estábamos, Isaac Pardo dándome un piconcito entrañable, yo llevando la mirada de sus ojos a sus tobillos, impresos con antigua y rosada caligrafía; y allá fuera el país fracasando a cada pulsación.
—Cómo cree usted que me siento –me dijo Isaac Pardo–, viendo cercana mi muerte y yo, que luché para cambiar mi país y contribuir a hacerlo grande, me voy, dejándolo convertido en este desastre.
Algo parecido escucharía de los otros entrevistados. Y siempre terminaba yo con el alma en vilo y aquella convicción de haber nacido a destiempo y a deslugar. Hasta que un día comenzó a abrírseme paso la idea de que aquellos hombres, muy brillantes, sin duda, estaban, sin embargo, haciendo una operación fallida:
estaban confundiendo su propio fin, inminente, con la decadencia y cancelación de la Nación. No podían separar su desaparición de la del país que habían amado y convertido en motivo para vivir. Pero ése no era mi caso. Puedo, desde luego, morir mañana por uno de esos disparos que nos están diezmando, pero el imperativo cronológico me indica que tengo una larga expectativa de vida; yo no tenía que adherir la visión catastrófica que abrumaba a aquellos hombres y que les redoblaba sus penas de moribundos.
TRAIGO ESTE ASUNTO A ESTA TRIBUNA PORQUE ACABA DE PASAR EL DÍA DEL PERIODISTA Y ME HA DADO EN LOS ÚLTIMOS AÑOS POR USAR ESO DE COARTADA para dedicar mi columna de la semana en que se celebra el oficio para reflexionar desde mis experiencias como reportera. Quiero compartir esto con los lectores y ponerlos de frente con una situación que veo que se está presentando en la actualidad, cuando el molinillo del desmoronamiento del país parece haber multiplicado sus revoluciones por segundo.
Ahora percibo que el espejo se ha volteado y ya no sólo los viejos superponen su muerte a la de la Nación sino que son los jóvenes, desesperados por la destrucción a la que ha sido condenado el país, sus instituciones, su infraestructura, sus valores, su dignidad y su soberanía, los que ven en ese paisaje espectral el reflejo adelantado de su muerte.
No sé si logro explicarme. Volveré sobre mis pasos, a ver si ahora me hago entender. Tengo la impresión de que así como Isaac Pardo temblaba al intuir que los tobillos de la república tenían la muesca de la tortura y que muy pronto Venezuela desaparecería, tragada por la brutalidad, la injusticia, la vulgaridad de los prevaricadores y las penurias de sus habitantes, ahora son los compatriotas que están en la plenitud de su vida, los que tienen con frecuencia la idea de que sus días están acabados, que si han visto su país volverse este campo yermo donde desfila un anciano dictador, extranjero, fracasado y sanguinario, eso significa que todo lo que creían seguro estaba, en realidad, a punto de desaparecer. Si el país se ha vuelto esto y encima tiene toda la traza de empeorar, esto significa que todo lo que habíamos creído era una quimera, que no veremos en el espacio de nuestra vida el florecimiento de Venezuela, su prosperidad, su independencia económica, su estallido cultural... y si esto no es así, no va a ser así, entonces qué sentido tiene llamarse venezolano, ser venezolano, soñarse venezolano. En suma, qué sentido, qué viabilidad, tiene la propia existencia.
¿Sigo enredada? Puede ser.
NO PROLONGUEMOS, PUES, ESTA ESPECIE DE TARDE DE TOROS EN QUE EL ANIMAL ELUDE CON MAÑA LA ESTOCADA.
VAYAMOS AL PUNTO EN EL QUE QUISIERA DESEMBOCAR.
Mis entrevistados que ya eran rondados por el ángel exterminador, efectivamente fueron conducidos por éste a otros mundos. Y el país se quedó. Turulato, llagado, estridente en sus miserias, pero aquí está. Permanecerá aquí cuando también nosotros nos hayamos ido. Y está destinado a ser mejor; sea que concibamos su recuperación o que no podamos concebirla estando, como estamos, en el rincón más oscuro de nuestro devenir republicano. El país va a ser mejor, algún día, cuando los venezolanos lo procuremos de verdad. Y nosotros nos moriremos de otra cosa (ojalá pasados los 80 y, si no fuera mucho pedir, a manos de un amante con razones para estar celoso) pero no nos moriremos de Venezuela. Eso seguro. Lo que nos queda es luchar, tratar de ver las cosas con inteligencia, sin dejarnos llevar por nociones preconcebidas que hayan demostrado desencaminarnos de la realidad en vez de ayudarnos a penetrar en ella.
Y si la cosa se pone muy difícil, si hay días en que crees que ya no puedes más, que te vas a morir de patria, opta por un exilio parcial, en la lectura, en la contemplación, en el corazón de alguien.
El Nacional, June 30 2005
Milagros Socorro
Hace varios años se produjo un fenómeno que muchos lectores deben recordar: el ángel exterminador sobrevoló Venezuela, pero no para cobrar una cosecha de recién nacidos, como hizo la vez que pasó por Egipto, sino para llevarse un conjunto de intelectuales y figuras de la cultura. Fue la época en que murieron Arturo Uslar Pietri, Isaac Pardo, Juan Liscano, Horacio Cabrera Sifontes, Manuel Alfredo Rodríguez, Hesnor Rivera, Sergio Antillano... El grupo es mayor y es amplio el rango temporal en que ocurrieron sus fallecimientos pero el síndrome al que aludiré se presentó en bloque.
Los entrevisté cuando faltaban pocos meses para sus decesos. Y en todos encontré la misma desazón. En cada oportunidad, tras hacer mi trabajo, llegaba a mi casa con el ánimo perturbado y con la idea de que me había tocado vivir un país deshilachado, opaco, muy chato y donde, definitivamente, no vislumbraría esa llama del vivir colectivo que había iluminado a todos estos hombres e impulsado su acción y su arte. Me había tocado una especie de república enratonada, una resaca del viejo sueño venezolano, la ropa arrugada del día que sigue a la gran fiesta.
Transcribía los diálogos (grabados) concediéndoles plenamente la razón. Quién se iba a mostrar refractario a los discernimientos de semejantes mentalidades (y semejantes trayectorias, porque cuando hablaban de la historia contemporánea aludían a hechos que les habían ocurrido a ellos, no se estaban refiriendo a una tropelía de ignaros en el salón Ayacucho o algo así). Debían tener razón: al país se lo había llevado el carajo, todo era peor, casi nada se había salvado de la debacle de la segunda mitad del siglo XX, justamente cuando teníamos todo para hacer buena la promesa de redención que manteníamos –o mantenemos– suspendida desde el día en que terminó la guerra de Independencia.
Era una generación convencida de que cambiaría el mundo en la próxima esquina y se hundió en la tristeza cuando vio que la esquina saltaba en pedazos... o la demolía algún funcionario voraz para levantar otra y cobrar la comisión.
UN DÍA FUI A ENTREVISTAR A ISAAC PARDO Y TUVE LA CERTEZA DE QUE ESTABA DELANTE DEL HOMBRE MÁS ENCANTADOR DEL SIGLO XX VENEZOLANO. Lo más cercano a un aristócrata criollo. Estaba ya muy anciano y deteriorado físicamente pero tan refinadas eran sus maneras, tan tierno y sutil su humor, tan diáfana su esencia de varón, que no podía sino producir el impacto de un hombre tremendamente atractivo.
En un momento de la conversación, –y para ilustrar hasta qué grado había vivenciado su compromiso con la república– Pardo se levantó el ruedo del pantalón para hacerme ver las marcas de los grillos. Corrían, para el momento de esta entrevista, los años noventa, habían pasado aproximadamente 60 años de la muerte de Gómez. El país había tenido –y perdido en buena medida– todas las posibilidades de superar el atraso, la pobreza, el autoritarismo, la corrupción, el militarismo... Y ahí estábamos, Isaac Pardo dándome un piconcito entrañable, yo llevando la mirada de sus ojos a sus tobillos, impresos con antigua y rosada caligrafía; y allá fuera el país fracasando a cada pulsación.
—Cómo cree usted que me siento –me dijo Isaac Pardo–, viendo cercana mi muerte y yo, que luché para cambiar mi país y contribuir a hacerlo grande, me voy, dejándolo convertido en este desastre.
Algo parecido escucharía de los otros entrevistados. Y siempre terminaba yo con el alma en vilo y aquella convicción de haber nacido a destiempo y a deslugar. Hasta que un día comenzó a abrírseme paso la idea de que aquellos hombres, muy brillantes, sin duda, estaban, sin embargo, haciendo una operación fallida:
estaban confundiendo su propio fin, inminente, con la decadencia y cancelación de la Nación. No podían separar su desaparición de la del país que habían amado y convertido en motivo para vivir. Pero ése no era mi caso. Puedo, desde luego, morir mañana por uno de esos disparos que nos están diezmando, pero el imperativo cronológico me indica que tengo una larga expectativa de vida; yo no tenía que adherir la visión catastrófica que abrumaba a aquellos hombres y que les redoblaba sus penas de moribundos.
TRAIGO ESTE ASUNTO A ESTA TRIBUNA PORQUE ACABA DE PASAR EL DÍA DEL PERIODISTA Y ME HA DADO EN LOS ÚLTIMOS AÑOS POR USAR ESO DE COARTADA para dedicar mi columna de la semana en que se celebra el oficio para reflexionar desde mis experiencias como reportera. Quiero compartir esto con los lectores y ponerlos de frente con una situación que veo que se está presentando en la actualidad, cuando el molinillo del desmoronamiento del país parece haber multiplicado sus revoluciones por segundo.
Ahora percibo que el espejo se ha volteado y ya no sólo los viejos superponen su muerte a la de la Nación sino que son los jóvenes, desesperados por la destrucción a la que ha sido condenado el país, sus instituciones, su infraestructura, sus valores, su dignidad y su soberanía, los que ven en ese paisaje espectral el reflejo adelantado de su muerte.
No sé si logro explicarme. Volveré sobre mis pasos, a ver si ahora me hago entender. Tengo la impresión de que así como Isaac Pardo temblaba al intuir que los tobillos de la república tenían la muesca de la tortura y que muy pronto Venezuela desaparecería, tragada por la brutalidad, la injusticia, la vulgaridad de los prevaricadores y las penurias de sus habitantes, ahora son los compatriotas que están en la plenitud de su vida, los que tienen con frecuencia la idea de que sus días están acabados, que si han visto su país volverse este campo yermo donde desfila un anciano dictador, extranjero, fracasado y sanguinario, eso significa que todo lo que creían seguro estaba, en realidad, a punto de desaparecer. Si el país se ha vuelto esto y encima tiene toda la traza de empeorar, esto significa que todo lo que habíamos creído era una quimera, que no veremos en el espacio de nuestra vida el florecimiento de Venezuela, su prosperidad, su independencia económica, su estallido cultural... y si esto no es así, no va a ser así, entonces qué sentido tiene llamarse venezolano, ser venezolano, soñarse venezolano. En suma, qué sentido, qué viabilidad, tiene la propia existencia.
¿Sigo enredada? Puede ser.
NO PROLONGUEMOS, PUES, ESTA ESPECIE DE TARDE DE TOROS EN QUE EL ANIMAL ELUDE CON MAÑA LA ESTOCADA.
VAYAMOS AL PUNTO EN EL QUE QUISIERA DESEMBOCAR.
Mis entrevistados que ya eran rondados por el ángel exterminador, efectivamente fueron conducidos por éste a otros mundos. Y el país se quedó. Turulato, llagado, estridente en sus miserias, pero aquí está. Permanecerá aquí cuando también nosotros nos hayamos ido. Y está destinado a ser mejor; sea que concibamos su recuperación o que no podamos concebirla estando, como estamos, en el rincón más oscuro de nuestro devenir republicano. El país va a ser mejor, algún día, cuando los venezolanos lo procuremos de verdad. Y nosotros nos moriremos de otra cosa (ojalá pasados los 80 y, si no fuera mucho pedir, a manos de un amante con razones para estar celoso) pero no nos moriremos de Venezuela. Eso seguro. Lo que nos queda es luchar, tratar de ver las cosas con inteligencia, sin dejarnos llevar por nociones preconcebidas que hayan demostrado desencaminarnos de la realidad en vez de ayudarnos a penetrar en ella.
Y si la cosa se pone muy difícil, si hay días en que crees que ya no puedes más, que te vas a morir de patria, opta por un exilio parcial, en la lectura, en la contemplación, en el corazón de alguien.
Practice and theory of ketman
El Nacional
November 22, 2004
Ibsen Martínez
1Según Ceslaw Milosz —el tipo que se ganó el Nobel de Literatura en 1980, y de cuyo libro La mente cautiva vengo escribiendo desde la semana pasada–, el ketman no es, como pudiera pensarse, otro nombre para el disimulo.
Disimulo: “Arte con que se oculta lo que se siente o se sabe”. Así lo define la Real Academia y dice, además, que puede también ser la “tolerancia afectada de una incomodidad o de un disgusto”. Se concibe, pues, el disimulo como algo indeseable, como un arte cuyo cultivo conviene, que haya circunstancias adversas que hacen necesario aprender ese arte. Para irnos entendiendo:
Milosz advierte que el ketman es disimulo, ciertamente, pero con un “chin” de íntimo orgullo. El ketman es enmascaramiento acompañado de un sentimiento moral de superioridad del oprimido respecto del opresor.
Conviene, también, adelantar que el ketman tampoco es racionalización pura. Quienes, obligados a vivir bajo un régimen totalitario, se ven en la necesidad de practicar el ketman, no lo hacen solamente para lograr avenirse “racionalmente” y de buen grado a la tormenta de contradicciones y de presiones de todo tipo en medio de las cuales se desenvuelven.
El ketman, en tanto que conducta interior, es una compleja operación, más emocional que mental, y se despliega en muchas e insospechadas direcciones.
Antes de seguir adelante, preguntémonos de dónde sacó Milosz un concepto tan exótico como eufónico para explicar las tortuosas cerebraciones que produce el ciudadano común en las sociedades totalitarias en su afán de seguir funcionando sin enloquecer, sin escindirse y, digámoslo de una vez, sin volverse mierda del todo, y no terminar lanzándose enloquecidamente al mar, a bordo de un neumático vacío, en plan de arrostrar corrientes, tiburones y patrulleras castristas.
“Lo que nos protege de ojos entrometidos —nos dice el poeta lituano—polaco, en su libro La mente cautiva—– adquiere un valor especial porque nunca se formula claramente en palabras y por ello tiene el encanto irracional de las cosas puramente emocionales”.
Sostiene Milosz que, hasta la instauración de los totalitarismos del siglo XX, y del estalinista en particular, un cambio tan profundo en los hábitos mentales, en las costumbres no había ocurrido en la historia de la raza humana. “Al tratar de describir estos nuevos hábitos, encontramos una llamativa analogía en la civilización islámica de la Edad Media: el ketman”.
Milosz narra en La mente cautiva cómo fue que, leyendo a un autor “más bien peligroso” —son sus palabras—, encontró la primera descripción del ketman de la que tuvo noticia. El escritor peligroso del que habla es, en efecto, alguien cuyos libros cualquier demócrata se cuidaría mucho de citar desprevenidamente, sin antes hacer puntillosas aclaratorias: nada menos que al recalcitrante aristócrata francés Joseph Arthur Comte de Gobineau.
El conde de Gobineau vivió entre 1816 y 1882; fue diplomático y hombre de letras. Decía ser descendiente de reyes vikingos y de condottieri renacentistas y se hizo muy célebre como pionero del supremacismo racial ario. Su estudio La Renaissance (1887) fue muy leído y apreciado en su tiempo.
Pero su obra más polémica e influyente fue, sin duda, su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (1853- 1855), que convirtió a Gobineau en uno de los más distinguidos proponentes de la tesis de la supremacía nórdica sobre el resto de nosotros.
La carrera diplomática de Gobineau lo llevó a ser ministro de Francia en Irán, por entonces llamado Persia, y donde, según él, desarrolló buena parte de sus ideas.
El conde sostenía, entre otras cosas, que es la raza lo que crea cultura y no al revés. Dicho sea al pasar, Gobineau no podía tener peor opinión de la democracia. Y de los judíos. Por todo ello, Milosz se cura en salud —y hace bien— cuando dice que no es necesario coincidir con las conclusiones de Gobineau para apreciar su extraordinario don de observación. Yo pienso lo mismo.
2Volviendo al ketman, he aquí el comentario de Gobineau que Milosz leyó en Religiones y filosofías de Asia Central: “Algunos pueblos musulmanes no árabes —es el caso de Persia— creen que aquel que está en posesión de la verdad no debe exponer su persona, sus familiares y su reputación a la ceguera, la majadería y la perversidad de aquellos a quienes Dios quiso mantener en el error”. Por tanto, se puede y se debe, cuando resulte posible, guardar silencio acerca de las propias convicciones.
“Sin embargo”, prosigue Gobineau, “hay ocasiones en las que guardar silencio no es suficiente, en especial cuando callar equivale a una confesión. En esos casos no se debe vacilar. No sólo se puede y se debe negar el propio y recto parecer, sino que la fe ordena recurrir a cualquier ardid con tal de engañar al adversario. Así, es licito hacer todas las profesiones de fe que, sin abjurar explícitamente de la nuestra, puedan complacerlo, igual que es lícito participar en ritos que, en nuestro fuero íntimo, consideremos vanos. Se debe, en estos casos, enmascarar lo que hayan podido brindarnos los libros y agotar todo medio de engaño.
De este modo, se obtienen múltiples satisfacciones y se hacen méritos, al ponerse cada quien a cubierto junto con los suyos, y al no haber expuesto una fe venerable al horrible contacto del infiel. Finalmente, al engañar al adversario y contribuir a que se afirme aún más en su error, se le impone la desgracia, la vergüenza y la miseria espiritual que merece.
Quien practica el ketman se llena de orgullo. El creyente se eleva, gracias a él, hasta un estado permanente de superioridad respecto del hombre a quien engaña, ya sea éste un dignatario de estado o un poderoso rey. Para quien recurre al ketman, aquél no es más que un ciego miserable a quien apartamos de la verdadera senda, una senda de cuya existencia no llega siquiera a sospechar.
Podrás ser desgarrado por las fieras mientras mueres de hambre, podrás temblar en lo externo, a los pies de una fuerza superior, pero burlada. Tus ojos, sin embargo, estarán llenos de luz, marcharás resplandeciente entre tus enemigos porque es un ser sin inteligencia ese con el que has jugado, es una bestia peligrosa esa que has desarmado.
¡Qué tesoro de placeres!”
3Gobineau cita los esfuerzos de un “sadra”, un racionalista discípulo de Avicena. Avicena fue un filósofo y médico persa del siglo XI, estudioso de Aristóteles, cuyo manual de medicina fue muy apreciado y difundido por la escolástica en Occidente.
El sadra —no sé si interese saber que se llamaba Hadzhi-SheikhAhmed— observaba escrupulosamente todos los dogmas cardinales del shiísmo, pasaba horas elucubrando, en voz alta y donde lo escucharan, hasta el mínimo detalle de la fe. Con ello proclamaba su superior conocimiento de los mismos, hasta que se granjeó el respeto de los temidos mullahs y los temibles imanes. Entonces, el sadra se dio la tarea de impartir el avicenismo racionalista entre las clases ilustradas.
Llegado el momento, repudió el Islam, y se mostró como el aristotélico que verdaderamente era.
Gobineau no cuenta si los mulás lo esperaron en la bajadita.
Desde luego, no todo el mundo ostenta credenciales intelectuales, ¡y ni hablemos de los nervios de acero!, para practicar el ketman a una escala tan exaltada como el del sadra, pero Milosz, al “secularizar” el concepto, señala que el método ketman de supervivencia intelectual en ambientes ideológicamente opresivos puede desplegarse en formas igualmente dramáticas y cotidianas en las sociedades totalitarias En su libro, Milosz hace hincapié en que en una dictadura comunista existen tantos ketman como desviaciones ideológicas puedan haber. Y que cada ciudadano es, por sí mismo, una desviación ideológica de la ortodoxia del régimen. Con todo, Milosz distingue varios ketman básicos: el ketman del nacionalista, el ketman del profesional, el ketman del esteta, el del académico, el del alto funcionario, el del deportista, etcétera.
En la vida de todo disidente, mucho antes de que la notoriedad de una prisión política lo singularice, si es que llega a saberse que está en prisión, se registran largos períodos de ketman.
No estamos hablando ya solamente de Andrei Shajarov, de Milan Kundera, de Vaclav Havel o del propio Milosz, ni exclusivamente de científicos o escritores cuyos nombres jalonaron la dilatada y crudelísima crisis del “socialismo real” en el siglo XX.
Piénsese no más en las “horas hombre” invertidas en ketman puro y duro por gente como Paquito D’ Rivera, Arturo Sandoval, “el Duque” Hernández o, sin ir más lejos, por la compañía de baile cubana —43 integrantes— que apenas la semana pasada desertó en masa en Las Vegas.
El ketman no se extinguió con el desplome del bloque soviético: es cosa de todos los días, a pocas horas de vuelo de Caracas.
El Nacional
November 22, 2004
Ibsen Martínez
1Según Ceslaw Milosz —el tipo que se ganó el Nobel de Literatura en 1980, y de cuyo libro La mente cautiva vengo escribiendo desde la semana pasada–, el ketman no es, como pudiera pensarse, otro nombre para el disimulo.
Disimulo: “Arte con que se oculta lo que se siente o se sabe”. Así lo define la Real Academia y dice, además, que puede también ser la “tolerancia afectada de una incomodidad o de un disgusto”. Se concibe, pues, el disimulo como algo indeseable, como un arte cuyo cultivo conviene, que haya circunstancias adversas que hacen necesario aprender ese arte. Para irnos entendiendo:
Milosz advierte que el ketman es disimulo, ciertamente, pero con un “chin” de íntimo orgullo. El ketman es enmascaramiento acompañado de un sentimiento moral de superioridad del oprimido respecto del opresor.
Conviene, también, adelantar que el ketman tampoco es racionalización pura. Quienes, obligados a vivir bajo un régimen totalitario, se ven en la necesidad de practicar el ketman, no lo hacen solamente para lograr avenirse “racionalmente” y de buen grado a la tormenta de contradicciones y de presiones de todo tipo en medio de las cuales se desenvuelven.
El ketman, en tanto que conducta interior, es una compleja operación, más emocional que mental, y se despliega en muchas e insospechadas direcciones.
Antes de seguir adelante, preguntémonos de dónde sacó Milosz un concepto tan exótico como eufónico para explicar las tortuosas cerebraciones que produce el ciudadano común en las sociedades totalitarias en su afán de seguir funcionando sin enloquecer, sin escindirse y, digámoslo de una vez, sin volverse mierda del todo, y no terminar lanzándose enloquecidamente al mar, a bordo de un neumático vacío, en plan de arrostrar corrientes, tiburones y patrulleras castristas.
“Lo que nos protege de ojos entrometidos —nos dice el poeta lituano—polaco, en su libro La mente cautiva—– adquiere un valor especial porque nunca se formula claramente en palabras y por ello tiene el encanto irracional de las cosas puramente emocionales”.
Sostiene Milosz que, hasta la instauración de los totalitarismos del siglo XX, y del estalinista en particular, un cambio tan profundo en los hábitos mentales, en las costumbres no había ocurrido en la historia de la raza humana. “Al tratar de describir estos nuevos hábitos, encontramos una llamativa analogía en la civilización islámica de la Edad Media: el ketman”.
Milosz narra en La mente cautiva cómo fue que, leyendo a un autor “más bien peligroso” —son sus palabras—, encontró la primera descripción del ketman de la que tuvo noticia. El escritor peligroso del que habla es, en efecto, alguien cuyos libros cualquier demócrata se cuidaría mucho de citar desprevenidamente, sin antes hacer puntillosas aclaratorias: nada menos que al recalcitrante aristócrata francés Joseph Arthur Comte de Gobineau.
El conde de Gobineau vivió entre 1816 y 1882; fue diplomático y hombre de letras. Decía ser descendiente de reyes vikingos y de condottieri renacentistas y se hizo muy célebre como pionero del supremacismo racial ario. Su estudio La Renaissance (1887) fue muy leído y apreciado en su tiempo.
Pero su obra más polémica e influyente fue, sin duda, su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (1853- 1855), que convirtió a Gobineau en uno de los más distinguidos proponentes de la tesis de la supremacía nórdica sobre el resto de nosotros.
La carrera diplomática de Gobineau lo llevó a ser ministro de Francia en Irán, por entonces llamado Persia, y donde, según él, desarrolló buena parte de sus ideas.
El conde sostenía, entre otras cosas, que es la raza lo que crea cultura y no al revés. Dicho sea al pasar, Gobineau no podía tener peor opinión de la democracia. Y de los judíos. Por todo ello, Milosz se cura en salud —y hace bien— cuando dice que no es necesario coincidir con las conclusiones de Gobineau para apreciar su extraordinario don de observación. Yo pienso lo mismo.
2Volviendo al ketman, he aquí el comentario de Gobineau que Milosz leyó en Religiones y filosofías de Asia Central: “Algunos pueblos musulmanes no árabes —es el caso de Persia— creen que aquel que está en posesión de la verdad no debe exponer su persona, sus familiares y su reputación a la ceguera, la majadería y la perversidad de aquellos a quienes Dios quiso mantener en el error”. Por tanto, se puede y se debe, cuando resulte posible, guardar silencio acerca de las propias convicciones.
“Sin embargo”, prosigue Gobineau, “hay ocasiones en las que guardar silencio no es suficiente, en especial cuando callar equivale a una confesión. En esos casos no se debe vacilar. No sólo se puede y se debe negar el propio y recto parecer, sino que la fe ordena recurrir a cualquier ardid con tal de engañar al adversario. Así, es licito hacer todas las profesiones de fe que, sin abjurar explícitamente de la nuestra, puedan complacerlo, igual que es lícito participar en ritos que, en nuestro fuero íntimo, consideremos vanos. Se debe, en estos casos, enmascarar lo que hayan podido brindarnos los libros y agotar todo medio de engaño.
De este modo, se obtienen múltiples satisfacciones y se hacen méritos, al ponerse cada quien a cubierto junto con los suyos, y al no haber expuesto una fe venerable al horrible contacto del infiel. Finalmente, al engañar al adversario y contribuir a que se afirme aún más en su error, se le impone la desgracia, la vergüenza y la miseria espiritual que merece.
Quien practica el ketman se llena de orgullo. El creyente se eleva, gracias a él, hasta un estado permanente de superioridad respecto del hombre a quien engaña, ya sea éste un dignatario de estado o un poderoso rey. Para quien recurre al ketman, aquél no es más que un ciego miserable a quien apartamos de la verdadera senda, una senda de cuya existencia no llega siquiera a sospechar.
Podrás ser desgarrado por las fieras mientras mueres de hambre, podrás temblar en lo externo, a los pies de una fuerza superior, pero burlada. Tus ojos, sin embargo, estarán llenos de luz, marcharás resplandeciente entre tus enemigos porque es un ser sin inteligencia ese con el que has jugado, es una bestia peligrosa esa que has desarmado.
¡Qué tesoro de placeres!”
3Gobineau cita los esfuerzos de un “sadra”, un racionalista discípulo de Avicena. Avicena fue un filósofo y médico persa del siglo XI, estudioso de Aristóteles, cuyo manual de medicina fue muy apreciado y difundido por la escolástica en Occidente.
El sadra —no sé si interese saber que se llamaba Hadzhi-SheikhAhmed— observaba escrupulosamente todos los dogmas cardinales del shiísmo, pasaba horas elucubrando, en voz alta y donde lo escucharan, hasta el mínimo detalle de la fe. Con ello proclamaba su superior conocimiento de los mismos, hasta que se granjeó el respeto de los temidos mullahs y los temibles imanes. Entonces, el sadra se dio la tarea de impartir el avicenismo racionalista entre las clases ilustradas.
Llegado el momento, repudió el Islam, y se mostró como el aristotélico que verdaderamente era.
Gobineau no cuenta si los mulás lo esperaron en la bajadita.
Desde luego, no todo el mundo ostenta credenciales intelectuales, ¡y ni hablemos de los nervios de acero!, para practicar el ketman a una escala tan exaltada como el del sadra, pero Milosz, al “secularizar” el concepto, señala que el método ketman de supervivencia intelectual en ambientes ideológicamente opresivos puede desplegarse en formas igualmente dramáticas y cotidianas en las sociedades totalitarias En su libro, Milosz hace hincapié en que en una dictadura comunista existen tantos ketman como desviaciones ideológicas puedan haber. Y que cada ciudadano es, por sí mismo, una desviación ideológica de la ortodoxia del régimen. Con todo, Milosz distingue varios ketman básicos: el ketman del nacionalista, el ketman del profesional, el ketman del esteta, el del académico, el del alto funcionario, el del deportista, etcétera.
En la vida de todo disidente, mucho antes de que la notoriedad de una prisión política lo singularice, si es que llega a saberse que está en prisión, se registran largos períodos de ketman.
No estamos hablando ya solamente de Andrei Shajarov, de Milan Kundera, de Vaclav Havel o del propio Milosz, ni exclusivamente de científicos o escritores cuyos nombres jalonaron la dilatada y crudelísima crisis del “socialismo real” en el siglo XX.
Piénsese no más en las “horas hombre” invertidas en ketman puro y duro por gente como Paquito D’ Rivera, Arturo Sandoval, “el Duque” Hernández o, sin ir más lejos, por la compañía de baile cubana —43 integrantes— que apenas la semana pasada desertó en masa en Las Vegas.
El ketman no se extinguió con el desplome del bloque soviético: es cosa de todos los días, a pocas horas de vuelo de Caracas.
Tuesday, June 14, 2005
National Guard Versus the Army
Tal Cual, Teodoro Petkoff, June 14 2005
Lo más lamentable y descorazonador del episodio que comenzó con la destitución del comandante del Comando Regional 8 de la Guardia Nacional en Guayana (CORE 8), general Alberto Betancourt, y continuó con la intervención del Ejército, “ocupando” todas las sedes de la GN en la región, es que es cierto lo que se ha dicho, tanto sobre la conducta del general Betancourt y su comando, como sobre el posterior comportamiento del Ejército en su ejercicio de “guerra asimétrica” contra la GN. El viejo pique entre ambos componentes de la FAN se expresó con particular virulencia en Guayana.
Por una parte, cómo serán de sólidas las acusaciones de los mineros contra la GN, que en este reinado de la impunidad para toda clase de atropellos en que se ha convertido nuestro país, al gobierno no le quedó más remedio que sacar al general Betancourt de su cargo. No le valió de nada su insólito programa radial, en el cual, pasándose por el forro la Bicha y toda la legislación y reglamentación castrense, el general de marras, cual estrella de La Hojilla, intervenía abierta y agresivamente en el debate político —siempre en defensa del gobierno y de “mi comandante en jefe”. Sus “méritos” políticos no le sirvieron de escudo.
Porque el expediente contra el CORE 8 es gordo. Los mineros denunciaron el maltrato físico y verbal y el implacable cobro de peaje sobre el oro que extraen (una fuente minera nos habló de la “tarifa” de 250 gramos de oro que cada minero debía entregar mensualmente a los caballeros que en el brazalete llevan la inscripción “el honor es su divisa” ). Pero también personal del CORE 8 es el que está acusado y enjuiciado por la masacre de la cárcel de Vista Hermosa. El general Betancourt no sólo defendió la criminal operación sino que opuso toda clase de obstáculos a la acción de la Fiscalía, que allá se portó como debe ser. El último escándalo en que está involucrado el CORE 8 es el de la desaparición del joven Franklin Moreno Rojas, detenido por efectivos de la GN el 15 de febrero pasado, en un accidente de tránsito, y a quien desde entonces no se le ha vuelto a ver. Se lo tragó la tierra, en sentido absolutamente literal. De modo que para la destitución del comandante del CORE 8 sobraban, al parecer, motivos —que por lo demás corresponden a un patrón de conducta del cual en modo alguno tenía la exclusividad el comando regional guayanés.
Pero también es verdad que el modo como los efectivos del Ejército cumplieron con su misión de intervenir el CORE 8 fue brutal y descomedido. Eso no es un secreto para nadie en Guayana. Tanto así que ello condujo al amotinamiento de los guardias nacionales y a que se creara una peligrosa situación de tensión entre ambos componentes militares. La legalidad, pues, también fue violentada por quienes debían velar por ella.
La conclusión de todo esto es que al proceso de deterioro de las estructuras institucionales del país no escapa la FAN. Todo lo contrario, allí está uno de los principales escenarios de ese proceso.
La partidización, la ideologización, la marcha acelerada hacia la condición de guardia pretoriana, están afectando gravemente a la institución castrense.
Tal Cual, Teodoro Petkoff, June 14 2005
Lo más lamentable y descorazonador del episodio que comenzó con la destitución del comandante del Comando Regional 8 de la Guardia Nacional en Guayana (CORE 8), general Alberto Betancourt, y continuó con la intervención del Ejército, “ocupando” todas las sedes de la GN en la región, es que es cierto lo que se ha dicho, tanto sobre la conducta del general Betancourt y su comando, como sobre el posterior comportamiento del Ejército en su ejercicio de “guerra asimétrica” contra la GN. El viejo pique entre ambos componentes de la FAN se expresó con particular virulencia en Guayana.
Por una parte, cómo serán de sólidas las acusaciones de los mineros contra la GN, que en este reinado de la impunidad para toda clase de atropellos en que se ha convertido nuestro país, al gobierno no le quedó más remedio que sacar al general Betancourt de su cargo. No le valió de nada su insólito programa radial, en el cual, pasándose por el forro la Bicha y toda la legislación y reglamentación castrense, el general de marras, cual estrella de La Hojilla, intervenía abierta y agresivamente en el debate político —siempre en defensa del gobierno y de “mi comandante en jefe”. Sus “méritos” políticos no le sirvieron de escudo.
Porque el expediente contra el CORE 8 es gordo. Los mineros denunciaron el maltrato físico y verbal y el implacable cobro de peaje sobre el oro que extraen (una fuente minera nos habló de la “tarifa” de 250 gramos de oro que cada minero debía entregar mensualmente a los caballeros que en el brazalete llevan la inscripción “el honor es su divisa” ). Pero también personal del CORE 8 es el que está acusado y enjuiciado por la masacre de la cárcel de Vista Hermosa. El general Betancourt no sólo defendió la criminal operación sino que opuso toda clase de obstáculos a la acción de la Fiscalía, que allá se portó como debe ser. El último escándalo en que está involucrado el CORE 8 es el de la desaparición del joven Franklin Moreno Rojas, detenido por efectivos de la GN el 15 de febrero pasado, en un accidente de tránsito, y a quien desde entonces no se le ha vuelto a ver. Se lo tragó la tierra, en sentido absolutamente literal. De modo que para la destitución del comandante del CORE 8 sobraban, al parecer, motivos —que por lo demás corresponden a un patrón de conducta del cual en modo alguno tenía la exclusividad el comando regional guayanés.
Pero también es verdad que el modo como los efectivos del Ejército cumplieron con su misión de intervenir el CORE 8 fue brutal y descomedido. Eso no es un secreto para nadie en Guayana. Tanto así que ello condujo al amotinamiento de los guardias nacionales y a que se creara una peligrosa situación de tensión entre ambos componentes militares. La legalidad, pues, también fue violentada por quienes debían velar por ella.
La conclusión de todo esto es que al proceso de deterioro de las estructuras institucionales del país no escapa la FAN. Todo lo contrario, allí está uno de los principales escenarios de ese proceso.
La partidización, la ideologización, la marcha acelerada hacia la condición de guardia pretoriana, están afectando gravemente a la institución castrense.
Monday, June 13, 2005
El Padrino (the Godfather)
Podemos imaginar el instante en que los oficiales del curso de Estado Mayor fueron colocados ante la proposición de darle el nombre de Fidel Castro a su promoción.
Seguramente siguió un silencio de leones. Lo más probable es que haya sido “sugerida” desde arriba, tal vez por el propio Chávez, a través de algún cursante seleccionado para cumplir ese rol, pero también cabe la posibilidad de que haya partido espontáneamente de alguno de los alumnos. Sin embargo, ¿hubo discusión sobre el tema entre los señores oficiales? ¿Se habría atrevido alguno de los presentes a asomar aunque fuera tímidamente una discrepancia o reserva? Se puede apostar que no. Entre los graduandos, por supuesto que algunos habrán acogido jubilosos la idea, pero también es probable, como ocurre en toda colectividad humana, que haya habido oficiales inconformes.
¿Qué opción tenían? Tuvieron que tragarse sus opiniones.
Cualquier disidencia, en la FAN de hoy, significa literalmente jugarse la carrera.
Fidel Castro es una figura importante del siglo XX, qué duda cabe, pero es una figura polémica y por tanto divisiva.
No une ni siquiera a la nación cubana, muchísimo menos puede unir a otra. Darle su nombre a una promoción de oficiales venezolanos es, literalmente hablando, una provocación.
En un país tan tremendamente escindido y polarizado como el nuestro, ese gesto no puede interpretarse sino como evidencia de la intención de profundizar malévolamente el abismo que separa a las dos Venezuelas. Es también una provocación y un acto de insensata arrogancia ante la Fuerza Armada Nacional.
Cualquiera que sea la importancia histórica de Fidel Castro, a estas alturas de su vida, acercándose al medio siglo de poder absoluto, el líder cubano es la encarnación de una dictadura cerril, de un régimen totalitario, cerrado y antidemocrático, que descansa en un aparato policial omnipresente y en la represión continua, sistemática, de toda opinión disidente. Por añadidura, ese régimen ni siquiera puede esgrimir la coartada de haber proporcionado prosperidad material a la isla.
Cuba, económica y socialmente hablando, es un fracaso estentóreo.
El sueño igualitario del socialismo ha sido hecho trizas por realidades económicas que han creado nuevas divisiones e injusticias sociales. Basta con ver el equipaje de los médicos cubanos que retornan a su país, cargados con toda clase de bienes, desde electrodomésticos hasta toallas sanitarias, para medir la profundidad del desastre económico-social que vive la isla. No podía ser de otra manera. Una sociedad que no puede discutirse a sí misma, condenada a oír pasivamente las ocurrencias del Comandante en Jefe, que han llevado al país de desastre en desastre económico; sometida a la voz monocorde de medios regimentados, ¿cómo puede examinar y superar sus errores? Chávez ha dicho que ese modelo no se debe copiar. Sin embargo, cada paso que da parece ir en dirección contraria a sus palabras. ¿Qué sentido tiene entonces —que no sea el de la provocación— utilizar el nombre de la figura emblemática de esa tragedia histórica que ha sido la revolución cubana como paradigma para los venezolanos, sean militares o civiles?
Quizás valga aquí parafrasear la famosa expresión napoleónica:
esto de darle el nombre de Fidel a una promoción de oficiales venezolanos más que un error es una verdadera estupidez.
Podemos imaginar el instante en que los oficiales del curso de Estado Mayor fueron colocados ante la proposición de darle el nombre de Fidel Castro a su promoción.
Seguramente siguió un silencio de leones. Lo más probable es que haya sido “sugerida” desde arriba, tal vez por el propio Chávez, a través de algún cursante seleccionado para cumplir ese rol, pero también cabe la posibilidad de que haya partido espontáneamente de alguno de los alumnos. Sin embargo, ¿hubo discusión sobre el tema entre los señores oficiales? ¿Se habría atrevido alguno de los presentes a asomar aunque fuera tímidamente una discrepancia o reserva? Se puede apostar que no. Entre los graduandos, por supuesto que algunos habrán acogido jubilosos la idea, pero también es probable, como ocurre en toda colectividad humana, que haya habido oficiales inconformes.
¿Qué opción tenían? Tuvieron que tragarse sus opiniones.
Cualquier disidencia, en la FAN de hoy, significa literalmente jugarse la carrera.
Fidel Castro es una figura importante del siglo XX, qué duda cabe, pero es una figura polémica y por tanto divisiva.
No une ni siquiera a la nación cubana, muchísimo menos puede unir a otra. Darle su nombre a una promoción de oficiales venezolanos es, literalmente hablando, una provocación.
En un país tan tremendamente escindido y polarizado como el nuestro, ese gesto no puede interpretarse sino como evidencia de la intención de profundizar malévolamente el abismo que separa a las dos Venezuelas. Es también una provocación y un acto de insensata arrogancia ante la Fuerza Armada Nacional.
Cualquiera que sea la importancia histórica de Fidel Castro, a estas alturas de su vida, acercándose al medio siglo de poder absoluto, el líder cubano es la encarnación de una dictadura cerril, de un régimen totalitario, cerrado y antidemocrático, que descansa en un aparato policial omnipresente y en la represión continua, sistemática, de toda opinión disidente. Por añadidura, ese régimen ni siquiera puede esgrimir la coartada de haber proporcionado prosperidad material a la isla.
Cuba, económica y socialmente hablando, es un fracaso estentóreo.
El sueño igualitario del socialismo ha sido hecho trizas por realidades económicas que han creado nuevas divisiones e injusticias sociales. Basta con ver el equipaje de los médicos cubanos que retornan a su país, cargados con toda clase de bienes, desde electrodomésticos hasta toallas sanitarias, para medir la profundidad del desastre económico-social que vive la isla. No podía ser de otra manera. Una sociedad que no puede discutirse a sí misma, condenada a oír pasivamente las ocurrencias del Comandante en Jefe, que han llevado al país de desastre en desastre económico; sometida a la voz monocorde de medios regimentados, ¿cómo puede examinar y superar sus errores? Chávez ha dicho que ese modelo no se debe copiar. Sin embargo, cada paso que da parece ir en dirección contraria a sus palabras. ¿Qué sentido tiene entonces —que no sea el de la provocación— utilizar el nombre de la figura emblemática de esa tragedia histórica que ha sido la revolución cubana como paradigma para los venezolanos, sean militares o civiles?
Quizás valga aquí parafrasear la famosa expresión napoleónica:
esto de darle el nombre de Fidel a una promoción de oficiales venezolanos más que un error es una verdadera estupidez.
Thursday, June 09, 2005
The fear factory
Milagros Socorro
El Nacional, June 9, 2005
Una gran desesperanza abate el corazón de Venezuela.
Un agobio que acogota por igual a todos los sectores políticos de la nación. A los simpatizantes del Gobierno, porque tras seis años de retórica y de abuso del expediente de la confrontación, no ven una verdadera recuperación del país, no logran avizorar el inicio de un camino de paz, de trabajo, de perspectivas favorables para el desarrollo de una vida amable, con posibilidades de ejercer el derecho a la libertad y a la seguridad personal, de estudiar, de cultivar una vocación, de tener una existencia cónsona con las promesas de bienestar de la modernidad (que vemos satisfechas en las series televisivas extranjeras, en el cine y en las cartas que recibimos de nuestros familiares expatriados). Y a las distintas cepas de la oposición, porque casi todas han perdido la fe en que las cosas puedan cambiar:
hemos sido humillados con tal frecuencia, crueldad e inmisericordia, que hasta los ánimos más templados han comenzado a ceder al desencanto.
Además, los métodos democráticos han demostrado ser más frágiles que lo que creíamos, y muchos han fallado en el intento de torcer la ruta autoritaria por la que se despeña nuestro país.
POR SI ESTO FUERA POCO, ALGUNOS GAJOS DE LA OPOSICIÓN SE HAN PERMITIDO DESMELENARSE POR RAÍLES QUE CREYERON RÁPIDOS y que resultaron pantanos donde zozobraron sus aspiraciones. Estoy pensando en aquella época en que algunos opositores creyeron que si hacían mucho ruido en los lugares públicos donde descubrieran la presencia de un funcionario gubernamental, esto contribuiría a minar su moral y a hacerlo desistir de su frecuentación burocrática. Hubo, pues, quien creyera que Juan Barreto, pongamos por caso, el hombre que hizo publicar un panfleto anónimo donde insultaba a varias periodistas (entre quienes tuve el honor de contarme), se iba a amilanar porque le hicieran un cacerolazo.
Y estoy pensando en aquella otra época en que una parte de la oposición apostó a que en los oficiales disidentes de Altamira estaba la salvación de la República. Guardo en carpeta sellada los insultos que recibí entonces por haber reaccionado, a pocas horas de la maniobra del obelisco, señalando su inutilidad y patetismo teatral. (Condensa el estilo de los remitentes un mensaje que rezaba:
“perra, puta, maracucha”. Toda una imprecisión, por cierto, puesto que soy perijanera). Como puede verse, esa fracción de la oposición estaba convencida de que los oficiales disidentes derrocarían el gobierno de Chávez y se abriría para el país una nueva era. ¿Cómo se explica este desatino? Porque ya entonces comenzaba a fraguarse este estado de desesperanza que hoy se percibe con toda claridad en todo, absolutamente todo, el país.
VENDRÍAN OTRAS, TERRIBLES, ÉPOCAS. Los tiempos, por ejemplo, de lo que ha dado en llamarse, muy apropiadamente, “el fraude continuado”, tan minuciosamente documentado por El informe Súmate, la verdad sobre el Reafirmazo, uno de los libros más escalofriantes, por su riguroso tono técnico y lo irrebatible de sus argumentos, en la historia de la tortura, en este caso practicada a una situación en su conjunto y no a un sólo detenido en una dependencia militar (un libro, al parecer, que muy pocos hemos leído y respetamos, puesto que nadie lo cita cuando toca mencionar los grandes méritos de los directivos de Súmate, que rebasan con mucho sus gracias físicas, también innegables y muy de apreciar).
Aquella seguidilla de trampas, de burlas a la ciudadanía, de descarado abuso de poder, concluiría con el referéndum del 15 de agosto, sobre cuyos resultados aún existen dudas; si no en cuanto el apoyo con que contaba y cuenta el presidente Chávez (que las encuestas de entonces y de ahora refrendan), sí por aquellos antecedentes de grosero desconocimiento de los derechos políticos de muy buena parte de la población.
El 15 de Agosto estrangularía aún más la esperanza. Y me permito asegurar que la esperanza de todos, no sólo de quienes votamos por la opción revocatoria del mandato presidencial, sino de todos los venezolanos, porque esa fecha marcaría el desbordamiento del autoritarismo de Chávez (cuya máxima coagulación es la lista de Tascón), su nefasta alianza con Fidel Castro, la entrega de los recursos de Venezuela a la dictadura cubana, el ingreso de los agentes del G–2, ya, desde luego, en marcha desde el comienzo del gobierno pero entonces convertida en muchedumbre, claramente perceptible por la población. Y marcaría también, y sobre todo, el desbocamiento de la corrupción administrativa en todos los estratos del Gobierno. Nadie ganó con el 15–A, sólo Chávez y su camarilla. Y Fidel Castro, evidentemente, el principal beneficiario.
DESPUÉS DE AQUELLA FECHA, EL GOBIERNO SE COMPROMETERÍA EN UNA ESTRATEGIA DE INTIMIDACIÓN ELABORADA PARA QUE ALCANZARA A TODOS LOS VENEZOLANOS. A sus acólitos, para garantizar la militancia, la lealtad... y la complicidad, en muchos casos. Y a los adversarios, para demoler, dentro de sus cabezas, en el centro de sus almas, la rebeldía, el espíritu crítico, la claridad opositora. El miedo y la desesperación son los mejores estímulos para incurrir en errores, para dar bandazos, para dejar en la cuneta los principios porque la dolorosa impaciencia empuja a embestir sin mayores discernimientos.
Y en eso nos encontramos ahora.
Yo quisiera que mi escritura tuviera la eficiencia y el vigor necesarios para expresar la consternación que siento cuando veo al presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón, en el estrado de nuestra Asamblea Nacional. No he aprendido en mi peregrinación por el castellano las palabras exactas para dar cuenta del tornado que se desata en mi pecho, esa mortificante lava que rápidamente se desplaza hasta mi garganta y barre mis brazos. Los cubanos me han tatuado con la humillación.
La presencia del embajador de Cuba en nuestro Parlamento, en nuestra vida política, en los entornos que son de Venezuela y de los venezolanos, me ha impregnado de la mayor vergüenza que nunca he experimentado.
Pero si no tengo las palabras para nombrar la deshonra en que vivo desde que Fidel Castro y sus rufianes son los amos de mi país, los artífices de nuestro destino, quisiera tenerlas al menos para contribuir a desmontar el ardid preparado para mantenernos en el miedo y la desarticulación.
Es con el objetivo de paralizarnos de miedo que el dictador de Cuba, el último invasor de Venezuela y verdugo de nuestros soldados (durante los años sesenta), ha sido escogido como padrino de la promoción del curso de Estado Mayor del Ejército. Es para que nos convirtamos en colaboradores de su proyecto totalitario que el comandante general del Ejército, general Raúl Baduel, envía un boletín a los medios de comunicación para anunciar “la incorporación de la Reserva a los ejercicios militares que se realizan en la población de El Pao, estado Cojedes”. No es un gesto de mero carácter informativo que con su jerga abstrusa, el oficial esotérico reencarna en la perversión para hacernos saber que el Ejército está concentrado en reconvertirse en guerrero asimétrico, es decir, en instantáneo represor de cualquier iniciativa subversiva (la asimetría no es entre Estados Unidos y Venezuela, en cuyo caso hablaríamos de disimilitud sideral de las posibilidades militares, sino entre la población y el Gobierno).
Eso, que los aduladores llaman “pensamiento militar”, para atribuirle a Chávez una capacidad filosófica, está concebido para aterrar, confundir y obstaculizar la formidable tarea liberadora que tenemos por delante.
Todos los venezolanos.
Milagros Socorro
El Nacional, June 9, 2005
Una gran desesperanza abate el corazón de Venezuela.
Un agobio que acogota por igual a todos los sectores políticos de la nación. A los simpatizantes del Gobierno, porque tras seis años de retórica y de abuso del expediente de la confrontación, no ven una verdadera recuperación del país, no logran avizorar el inicio de un camino de paz, de trabajo, de perspectivas favorables para el desarrollo de una vida amable, con posibilidades de ejercer el derecho a la libertad y a la seguridad personal, de estudiar, de cultivar una vocación, de tener una existencia cónsona con las promesas de bienestar de la modernidad (que vemos satisfechas en las series televisivas extranjeras, en el cine y en las cartas que recibimos de nuestros familiares expatriados). Y a las distintas cepas de la oposición, porque casi todas han perdido la fe en que las cosas puedan cambiar:
hemos sido humillados con tal frecuencia, crueldad e inmisericordia, que hasta los ánimos más templados han comenzado a ceder al desencanto.
Además, los métodos democráticos han demostrado ser más frágiles que lo que creíamos, y muchos han fallado en el intento de torcer la ruta autoritaria por la que se despeña nuestro país.
POR SI ESTO FUERA POCO, ALGUNOS GAJOS DE LA OPOSICIÓN SE HAN PERMITIDO DESMELENARSE POR RAÍLES QUE CREYERON RÁPIDOS y que resultaron pantanos donde zozobraron sus aspiraciones. Estoy pensando en aquella época en que algunos opositores creyeron que si hacían mucho ruido en los lugares públicos donde descubrieran la presencia de un funcionario gubernamental, esto contribuiría a minar su moral y a hacerlo desistir de su frecuentación burocrática. Hubo, pues, quien creyera que Juan Barreto, pongamos por caso, el hombre que hizo publicar un panfleto anónimo donde insultaba a varias periodistas (entre quienes tuve el honor de contarme), se iba a amilanar porque le hicieran un cacerolazo.
Y estoy pensando en aquella otra época en que una parte de la oposición apostó a que en los oficiales disidentes de Altamira estaba la salvación de la República. Guardo en carpeta sellada los insultos que recibí entonces por haber reaccionado, a pocas horas de la maniobra del obelisco, señalando su inutilidad y patetismo teatral. (Condensa el estilo de los remitentes un mensaje que rezaba:
“perra, puta, maracucha”. Toda una imprecisión, por cierto, puesto que soy perijanera). Como puede verse, esa fracción de la oposición estaba convencida de que los oficiales disidentes derrocarían el gobierno de Chávez y se abriría para el país una nueva era. ¿Cómo se explica este desatino? Porque ya entonces comenzaba a fraguarse este estado de desesperanza que hoy se percibe con toda claridad en todo, absolutamente todo, el país.
VENDRÍAN OTRAS, TERRIBLES, ÉPOCAS. Los tiempos, por ejemplo, de lo que ha dado en llamarse, muy apropiadamente, “el fraude continuado”, tan minuciosamente documentado por El informe Súmate, la verdad sobre el Reafirmazo, uno de los libros más escalofriantes, por su riguroso tono técnico y lo irrebatible de sus argumentos, en la historia de la tortura, en este caso practicada a una situación en su conjunto y no a un sólo detenido en una dependencia militar (un libro, al parecer, que muy pocos hemos leído y respetamos, puesto que nadie lo cita cuando toca mencionar los grandes méritos de los directivos de Súmate, que rebasan con mucho sus gracias físicas, también innegables y muy de apreciar).
Aquella seguidilla de trampas, de burlas a la ciudadanía, de descarado abuso de poder, concluiría con el referéndum del 15 de agosto, sobre cuyos resultados aún existen dudas; si no en cuanto el apoyo con que contaba y cuenta el presidente Chávez (que las encuestas de entonces y de ahora refrendan), sí por aquellos antecedentes de grosero desconocimiento de los derechos políticos de muy buena parte de la población.
El 15 de Agosto estrangularía aún más la esperanza. Y me permito asegurar que la esperanza de todos, no sólo de quienes votamos por la opción revocatoria del mandato presidencial, sino de todos los venezolanos, porque esa fecha marcaría el desbordamiento del autoritarismo de Chávez (cuya máxima coagulación es la lista de Tascón), su nefasta alianza con Fidel Castro, la entrega de los recursos de Venezuela a la dictadura cubana, el ingreso de los agentes del G–2, ya, desde luego, en marcha desde el comienzo del gobierno pero entonces convertida en muchedumbre, claramente perceptible por la población. Y marcaría también, y sobre todo, el desbocamiento de la corrupción administrativa en todos los estratos del Gobierno. Nadie ganó con el 15–A, sólo Chávez y su camarilla. Y Fidel Castro, evidentemente, el principal beneficiario.
DESPUÉS DE AQUELLA FECHA, EL GOBIERNO SE COMPROMETERÍA EN UNA ESTRATEGIA DE INTIMIDACIÓN ELABORADA PARA QUE ALCANZARA A TODOS LOS VENEZOLANOS. A sus acólitos, para garantizar la militancia, la lealtad... y la complicidad, en muchos casos. Y a los adversarios, para demoler, dentro de sus cabezas, en el centro de sus almas, la rebeldía, el espíritu crítico, la claridad opositora. El miedo y la desesperación son los mejores estímulos para incurrir en errores, para dar bandazos, para dejar en la cuneta los principios porque la dolorosa impaciencia empuja a embestir sin mayores discernimientos.
Y en eso nos encontramos ahora.
Yo quisiera que mi escritura tuviera la eficiencia y el vigor necesarios para expresar la consternación que siento cuando veo al presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón, en el estrado de nuestra Asamblea Nacional. No he aprendido en mi peregrinación por el castellano las palabras exactas para dar cuenta del tornado que se desata en mi pecho, esa mortificante lava que rápidamente se desplaza hasta mi garganta y barre mis brazos. Los cubanos me han tatuado con la humillación.
La presencia del embajador de Cuba en nuestro Parlamento, en nuestra vida política, en los entornos que son de Venezuela y de los venezolanos, me ha impregnado de la mayor vergüenza que nunca he experimentado.
Pero si no tengo las palabras para nombrar la deshonra en que vivo desde que Fidel Castro y sus rufianes son los amos de mi país, los artífices de nuestro destino, quisiera tenerlas al menos para contribuir a desmontar el ardid preparado para mantenernos en el miedo y la desarticulación.
Es con el objetivo de paralizarnos de miedo que el dictador de Cuba, el último invasor de Venezuela y verdugo de nuestros soldados (durante los años sesenta), ha sido escogido como padrino de la promoción del curso de Estado Mayor del Ejército. Es para que nos convirtamos en colaboradores de su proyecto totalitario que el comandante general del Ejército, general Raúl Baduel, envía un boletín a los medios de comunicación para anunciar “la incorporación de la Reserva a los ejercicios militares que se realizan en la población de El Pao, estado Cojedes”. No es un gesto de mero carácter informativo que con su jerga abstrusa, el oficial esotérico reencarna en la perversión para hacernos saber que el Ejército está concentrado en reconvertirse en guerrero asimétrico, es decir, en instantáneo represor de cualquier iniciativa subversiva (la asimetría no es entre Estados Unidos y Venezuela, en cuyo caso hablaríamos de disimilitud sideral de las posibilidades militares, sino entre la población y el Gobierno).
Eso, que los aduladores llaman “pensamiento militar”, para atribuirle a Chávez una capacidad filosófica, está concebido para aterrar, confundir y obstaculizar la formidable tarea liberadora que tenemos por delante.
Todos los venezolanos.
Venezuela or Fidel
Manuel Felipe Sierra
El Nacional, June 8, 2005
La escogencia de Fidel Castro como padrino de la más reciente promoción del curso de Estado Mayor, no sólo coloca una mancha de deshonra en los uniformes de quienes tomaron la decisión, sino que desafía la dignidad nacional. Es un nuevo paso en el proceso de acelerada fidelización. Sería un error concebir el contubernio La Habana– Caracas como un asunto meramente diplomático o de la exclusiva responsabilidad de Chávez. La cesión deliberada de soberanía a la dictadura cubana asume una suprema importancia que se convierte en un desafío para los venezolanos.
Chávez no recibió un mandato para reproducir en Venezuela un modelo que después de 46 años ha devenido en un sangriento anacronismo histórico.
El gobernante fue electo democráticamente para generar un cambio sobre la base del respeto a los derechos humanos y el Estado de Derecho y no para instaurar tramposamente una versión del fidelismo aderezada con las perversas fórmulas autocráticas de Mugabe en Zimbabue. Es lógico que existan convenios comerciales y de cooperación entre los dos países.
Se entiende, incluso, que la trasnochada noción del socialismo que tiene el alto gobierno establezca una línea de simpatía con lo que hoy es una tiranía crepuscular. Pero la importación de agentes del G–2 para la reingeniería de los cuerpos policiales y de inteligencia y para reconvertir la Fuerza Armada Nacional en una milicia al servicio de un proyecto militarista y mesiánico, comportan un acto contrario al más elemental interés de la nación.
Hoy en día, la injerencia fidelista es mayor en Venezuela que la que hubo en el pasado en el Chile de Allende, la Granada de Bishop y los 10 años de la revolución sandinista en Nicaragua.
Que la señora Marta Harnecker trace las líneas de la revolución venezolana en instalaciones militares; que el presidente de la Asamblea de Cuba, Ricardo Alarcón, se permita dar clases de democracia, cuando ha sido un obsecuente devoto del gobierno más cruel de América Latina; que algunos consejos de ministros se realicen en el Palacio de la Revolución; que Castro haga chistes sobre las elecciones venezolanas y exalte la farsa plebiscitaria que suele montar para engañar a los cubanos; que Venezuela instale una sucursal del Banco Industrial en una nación sin sistema financiero y que no estará sujeta a control ni auditorías y que gracias a una oficina de Pdvsa el régimen cubano se convierta en exportador de petróleo; que las deplorables cartillas de la educación cubana sean recitadas en las escuelas venezolanas y que el país ponga en riesgo las relaciones con Estados Unidos por la extradición de Posada Carriles para servir de comparsa a uno de los shows de Castro frente al malecón habanero, son razones más que suficientes para comprender que la fidelización es un problema de mayor entidad y prioridad que los menudos cálculos electoreros y el desbordamiento de pequeñas ambiciones que llenan la agenda de los partidos.
Ahora es el momento de que sectores consecuentes de la oposición tomen la iniciativa de iniciar una movilización que seguramente despertará el orgullo y la fibra patriótica y si es posible, para activar el mecanismo de un referéndum consultivo que permita a los ciudadanos decidir si asumen la democracia que le ha sido tan cara o prefieren, en cambio, ser vasallos de una oprobiosa dictadura foránea. Está en juego nada menos que el destino de la patria.
Manuel Felipe Sierra
El Nacional, June 8, 2005
La escogencia de Fidel Castro como padrino de la más reciente promoción del curso de Estado Mayor, no sólo coloca una mancha de deshonra en los uniformes de quienes tomaron la decisión, sino que desafía la dignidad nacional. Es un nuevo paso en el proceso de acelerada fidelización. Sería un error concebir el contubernio La Habana– Caracas como un asunto meramente diplomático o de la exclusiva responsabilidad de Chávez. La cesión deliberada de soberanía a la dictadura cubana asume una suprema importancia que se convierte en un desafío para los venezolanos.
Chávez no recibió un mandato para reproducir en Venezuela un modelo que después de 46 años ha devenido en un sangriento anacronismo histórico.
El gobernante fue electo democráticamente para generar un cambio sobre la base del respeto a los derechos humanos y el Estado de Derecho y no para instaurar tramposamente una versión del fidelismo aderezada con las perversas fórmulas autocráticas de Mugabe en Zimbabue. Es lógico que existan convenios comerciales y de cooperación entre los dos países.
Se entiende, incluso, que la trasnochada noción del socialismo que tiene el alto gobierno establezca una línea de simpatía con lo que hoy es una tiranía crepuscular. Pero la importación de agentes del G–2 para la reingeniería de los cuerpos policiales y de inteligencia y para reconvertir la Fuerza Armada Nacional en una milicia al servicio de un proyecto militarista y mesiánico, comportan un acto contrario al más elemental interés de la nación.
Hoy en día, la injerencia fidelista es mayor en Venezuela que la que hubo en el pasado en el Chile de Allende, la Granada de Bishop y los 10 años de la revolución sandinista en Nicaragua.
Que la señora Marta Harnecker trace las líneas de la revolución venezolana en instalaciones militares; que el presidente de la Asamblea de Cuba, Ricardo Alarcón, se permita dar clases de democracia, cuando ha sido un obsecuente devoto del gobierno más cruel de América Latina; que algunos consejos de ministros se realicen en el Palacio de la Revolución; que Castro haga chistes sobre las elecciones venezolanas y exalte la farsa plebiscitaria que suele montar para engañar a los cubanos; que Venezuela instale una sucursal del Banco Industrial en una nación sin sistema financiero y que no estará sujeta a control ni auditorías y que gracias a una oficina de Pdvsa el régimen cubano se convierta en exportador de petróleo; que las deplorables cartillas de la educación cubana sean recitadas en las escuelas venezolanas y que el país ponga en riesgo las relaciones con Estados Unidos por la extradición de Posada Carriles para servir de comparsa a uno de los shows de Castro frente al malecón habanero, son razones más que suficientes para comprender que la fidelización es un problema de mayor entidad y prioridad que los menudos cálculos electoreros y el desbordamiento de pequeñas ambiciones que llenan la agenda de los partidos.
Ahora es el momento de que sectores consecuentes de la oposición tomen la iniciativa de iniciar una movilización que seguramente despertará el orgullo y la fibra patriótica y si es posible, para activar el mecanismo de un referéndum consultivo que permita a los ciudadanos decidir si asumen la democracia que le ha sido tan cara o prefieren, en cambio, ser vasallos de una oprobiosa dictadura foránea. Está en juego nada menos que el destino de la patria.
Thursday, June 02, 2005
Ay, María Corina, qué fastidio
Milagros Socorro, El Nacional, Thursday 2, June 2005
Lo peor de todo son las rodillitas. Esas manzanas de mármol (minuciosamente depiladas) asomando de la minifalda, un look entre ejecutivo y sexy, muy al uso entre las jóvenes ambiciosas del momento.
Están las sandalitas, desparpajadas, audaces, veraniegas. Pero lo descorazonador son esas rodillas apretadas para hacer más llevadero el piconcito, esas rodillas ateridas porque a su lado no se encuentra un buen muchacho, un “admirador”, como se decía antes, un amante tierno y caballeroso sino el hombre más poderoso de la Tierra, el más frío cuando toca ordenar un bombardeo, uno de los más sedientos a la hora de los bloody marys... Y allí, a su lado, con cara de colegiala elegida para recitarle un poema al general Perón de visita en el plantel, está María Corina Machado, con una sonrisita forzada porque algo dentro de sí debía estarle advirtiendo que en ese momento cometía el peor error de su vida.
SI LAS FOTOGRAFÍAS DEL PRESIDENTE HUGO CHÁVEZ CON FIDEL CASTRO PRODUCEN ESA TERRIBLE DESAZÓN porque son el emblema del descaro con que el gobierno autoritario de Venezuela procura y paga a precio de oro una intervención extranjera, que, encima, lleva la marca de una dictadura ferozmente represiva, sanguinaria y empobrecedora, esta imagen de la directora de Súmate de manitas con el presidente de Estados Unidos es lo más patético que podíamos imaginar. Lo que se llama la guerra simétrica: el presidente de la República se abraza con Fidel Castro y una parte de la oposición se retrata de manitos agarradas con Bush, el mayor promotor de la guerra que haya conocido la humanidad. Qué triste. Qué gran idiotez.
YO ME IMAGINO QUE ESA INSTANTÁNEA DE MARíA CORINA MACHADO CON GEORGE BUSH LLEGARÁ A VALER MILLONES EN EL MERCADO DE FOTOS RARAS porque no es común que en la actualidad alguien se exponga frente a la cámara en semejante compañía.
Nadie quiere estar en esa situación.
Muy por el contrario. Todos los artistas, todos los escritores, todos los intelectuales de valía, todos los luchadores sociales, toda la gente seria del mundo se ha deslindado de la manera más radical del primer mandatario estadounidense. Todo el mundo sensato, sensible, apegado a la justicia y con algún sentido histórico ha manifestado su repudio a la forma de gobernar de Bush, a su grosera noción imperialista, a su desprecio por la vida humana y por la convivencia de las naciones, por su conservadurismo, su mentalidad ultramontana.
No hay nada en el mundo más rayoso que el presidente Bush. Y esa es la ribera que escoge María Corina Machado para llevar a pastar sus rodillitas. Qué triste. Qué desatino.
¿Y LAS DECLARACIONES? POR QUÉ TIENE QUE IR MARÍA CORINA MACHADO A DECIRLE A BUSH QUE NOSOTROS LOS VENEZOLANOS TENEMOS EL “DESEO DE VIVIR EN LIBERTAD y en democracia”.
¿Por qué tiene que ir a decírselo precisamente al mandamás de la mayor potencia del mundo? ¿Tiene María Corina Machado tan poca fe en los resultados de nuestras luchas democráticas, que tiene que ir a buscar una especie de padre o de réferi que medie para solucionar nuestros problemas? ¿Se les ha ocurrido, a los directivos de Súmate, que así como deploramos la intervención de la dictadura cubana en el territorio y en los asuntos de Venezuela, de la misma manera rechazamos enérgicamente una eventual intervención norteamericana?
¿Se han paseado por esa reflexión? Es bueno que vayan cayendo en cuenta de que la visita de María Corina Machado a George Bush es una afrenta para muchos de nosotros, los que estamos determinados a vivir en nuestro país sin tutores y sin padrinos extranjeros.
Las rodillitas de María Corina Machado refractando la luz del flash, sentada en la butaca tapizada de raso, en la Casa Blanca, me producen una melancolía, cómo diría, espesa. Es algo así como una vaina más, como ese tipo de problema que no te da rabia, ni apremio, sino un inmenso aburrimiento, un fastidio impregnado de vaga irritación.
Y me imagino a los “asesores comunicacionales” del gobierno bolivariano justificando sus mesadas millonarias, reproduciendo la fotico donde María Corina y George se rozan los dedos... me los imagino introduciendo la foto en sobres manila... me los imagino armando cerros de sobres: el montón que va para América Latina, el de Europa, el de Asia, el de Oceanía, el de los círculos bolivarianos de todo el orbe, el de los todos los periódicos importantes del planeta... las rodillitas marfileñas multiplicadas casi a lo infinito. Su dueña es portadora de un mensaje que el gobierno revolucionario de Venezuela esparcirá por todos los confines: ¿vieron? Ahí tienen.
Era verdad. La vestal de Súmate, la defensora de los procesos eleccionarios transparentes, míramela, hombro con hombro con el tipo.
Cabe prever que ya María Corina no será molestada nunca más por la justicia bolivariana. No hará falta. Ella misma encendió la luz que había estado apagada por un siglo en el calabozo de Luisa Cáceres de Arismendi. Ella solita se ha metido, ha ajustado la puerta y ha arrojado la llave. Nadie vendrá a sacarla. Allí escuchará el rumor lejano del mar de la política en cuyas olas sólo se bañan los que tienen sentido de la oportunidad.
Milagros Socorro, El Nacional, Thursday 2, June 2005
Lo peor de todo son las rodillitas. Esas manzanas de mármol (minuciosamente depiladas) asomando de la minifalda, un look entre ejecutivo y sexy, muy al uso entre las jóvenes ambiciosas del momento.
Están las sandalitas, desparpajadas, audaces, veraniegas. Pero lo descorazonador son esas rodillas apretadas para hacer más llevadero el piconcito, esas rodillas ateridas porque a su lado no se encuentra un buen muchacho, un “admirador”, como se decía antes, un amante tierno y caballeroso sino el hombre más poderoso de la Tierra, el más frío cuando toca ordenar un bombardeo, uno de los más sedientos a la hora de los bloody marys... Y allí, a su lado, con cara de colegiala elegida para recitarle un poema al general Perón de visita en el plantel, está María Corina Machado, con una sonrisita forzada porque algo dentro de sí debía estarle advirtiendo que en ese momento cometía el peor error de su vida.
SI LAS FOTOGRAFÍAS DEL PRESIDENTE HUGO CHÁVEZ CON FIDEL CASTRO PRODUCEN ESA TERRIBLE DESAZÓN porque son el emblema del descaro con que el gobierno autoritario de Venezuela procura y paga a precio de oro una intervención extranjera, que, encima, lleva la marca de una dictadura ferozmente represiva, sanguinaria y empobrecedora, esta imagen de la directora de Súmate de manitas con el presidente de Estados Unidos es lo más patético que podíamos imaginar. Lo que se llama la guerra simétrica: el presidente de la República se abraza con Fidel Castro y una parte de la oposición se retrata de manitos agarradas con Bush, el mayor promotor de la guerra que haya conocido la humanidad. Qué triste. Qué gran idiotez.
YO ME IMAGINO QUE ESA INSTANTÁNEA DE MARíA CORINA MACHADO CON GEORGE BUSH LLEGARÁ A VALER MILLONES EN EL MERCADO DE FOTOS RARAS porque no es común que en la actualidad alguien se exponga frente a la cámara en semejante compañía.
Nadie quiere estar en esa situación.
Muy por el contrario. Todos los artistas, todos los escritores, todos los intelectuales de valía, todos los luchadores sociales, toda la gente seria del mundo se ha deslindado de la manera más radical del primer mandatario estadounidense. Todo el mundo sensato, sensible, apegado a la justicia y con algún sentido histórico ha manifestado su repudio a la forma de gobernar de Bush, a su grosera noción imperialista, a su desprecio por la vida humana y por la convivencia de las naciones, por su conservadurismo, su mentalidad ultramontana.
No hay nada en el mundo más rayoso que el presidente Bush. Y esa es la ribera que escoge María Corina Machado para llevar a pastar sus rodillitas. Qué triste. Qué desatino.
¿Y LAS DECLARACIONES? POR QUÉ TIENE QUE IR MARÍA CORINA MACHADO A DECIRLE A BUSH QUE NOSOTROS LOS VENEZOLANOS TENEMOS EL “DESEO DE VIVIR EN LIBERTAD y en democracia”.
¿Por qué tiene que ir a decírselo precisamente al mandamás de la mayor potencia del mundo? ¿Tiene María Corina Machado tan poca fe en los resultados de nuestras luchas democráticas, que tiene que ir a buscar una especie de padre o de réferi que medie para solucionar nuestros problemas? ¿Se les ha ocurrido, a los directivos de Súmate, que así como deploramos la intervención de la dictadura cubana en el territorio y en los asuntos de Venezuela, de la misma manera rechazamos enérgicamente una eventual intervención norteamericana?
¿Se han paseado por esa reflexión? Es bueno que vayan cayendo en cuenta de que la visita de María Corina Machado a George Bush es una afrenta para muchos de nosotros, los que estamos determinados a vivir en nuestro país sin tutores y sin padrinos extranjeros.
Las rodillitas de María Corina Machado refractando la luz del flash, sentada en la butaca tapizada de raso, en la Casa Blanca, me producen una melancolía, cómo diría, espesa. Es algo así como una vaina más, como ese tipo de problema que no te da rabia, ni apremio, sino un inmenso aburrimiento, un fastidio impregnado de vaga irritación.
Y me imagino a los “asesores comunicacionales” del gobierno bolivariano justificando sus mesadas millonarias, reproduciendo la fotico donde María Corina y George se rozan los dedos... me los imagino introduciendo la foto en sobres manila... me los imagino armando cerros de sobres: el montón que va para América Latina, el de Europa, el de Asia, el de Oceanía, el de los círculos bolivarianos de todo el orbe, el de los todos los periódicos importantes del planeta... las rodillitas marfileñas multiplicadas casi a lo infinito. Su dueña es portadora de un mensaje que el gobierno revolucionario de Venezuela esparcirá por todos los confines: ¿vieron? Ahí tienen.
Era verdad. La vestal de Súmate, la defensora de los procesos eleccionarios transparentes, míramela, hombro con hombro con el tipo.
Cabe prever que ya María Corina no será molestada nunca más por la justicia bolivariana. No hará falta. Ella misma encendió la luz que había estado apagada por un siglo en el calabozo de Luisa Cáceres de Arismendi. Ella solita se ha metido, ha ajustado la puerta y ha arrojado la llave. Nadie vendrá a sacarla. Allí escuchará el rumor lejano del mar de la política en cuyas olas sólo se bañan los que tienen sentido de la oportunidad.
Sunday, May 29, 2005
Voluntad de morir
Mario Vargas Llosa
El Pais
El Nacional, Sunday 29, May 2005
Tal vez la historia de ciertos países sería menos esotérica, para no decir indescifrable, si pusiéramos en tela de juicio la creencia, apuntalada y universalizada desde el optimismo filosófico del Siglo de las Luces, según la cual forma parte de la naturaleza de todos los pueblos la vocación de progreso, justicia y libertad. Porque, aunque es indudable que esta predisposición parece existir, en efecto, en las sociedades que han evolucionado desde la escasez hasta la prosperidad y desde el absolutismo hacia la democracia, lo cierto es que hay otras en las que aquel impulso natural colectivo brilla por su ausencia y, en su reemplazo, parece prevalecer una clara preferencia por el estancamiento, la involución histórica y hasta el suicidio económico y social.
Las razones por las que esta naturaleza reaccionaria y antimoderna se enraíza en una sociedad son muy variadas —ideológicas, religiosas, culturales— y, afortunadamente, cambiantes, lo que significa que, en distintas épocas de su desenvolvimiento, un mismo país puede estar en la vanguardia del progreso y en el furgón de cola de la modernidad. Los casos ejemplares de este fenómeno son, en Europa, Francia, y en América Latina, Argentina. Probablemente pocas naciones han hecho avanzar tanto el progreso social, económico y cultural en el mundo como Francia, sin cuyos pensadores, artistas, estadistas, y sin la voluntad transformadora y modernizadora de vastas capas de su población en los siglos XVIII y XIX, el mundo sería infinitamente más pobre y menos libre de lo que es hoy. ¿Por qué se ha extinguido ese espíritu en la sociedad francesa y lo ha reemplazado ese terrible letargo y resistencia a la modernización que está, paso a paso, hundiendo cada día más a Francia en una decadencia que parece irreversible? La Francia de la Enciclopedia y de les philosophes que inventó el universalismo, proclamó los Derechos del Hombre, inauguró la secularización de la cultura, es hoy una sociedad profundamente conservadora y reaccionaria, tratando desesperada y absurdamente de oponerse a la gran revolución de nuestro tiempo que es la globalización y oponiéndole un nacionalismo anacrónico y cerril, del que, aunque utilizando argumentos distintos, se alimentan prácticamente todas las fuerzas políticas, desde el fascista Le Pen hasta la extrema izquierda comunista y trotskista, pasando por gaullistas, republicanos, socialdemócratas y socialistas. El sector moderno y liberal es, políticamente hablando, insignificante y sin posibilidad alguna en lo inmediato de revertir este lento avance de la sociedad francesa hacia el abismo.
Esta involución recuerda la de la Argentina. Ya casi todo el mundo ha olvidado, luego del trágico espectáculo del país en los últimos decenios, que esta nación fue una de las más ricas y progresistas del mundo, una verdadera potencia industrial a principios del siglo XX, con un sistema educativo comparable a los mejores del planeta, que acabó con el analfabetismo antes que tres cuartas partes de Europa lo consiguieran, y que, a mediados del siglo XX, tenía todavía —aunque los desafueros del peronismo ya habían comenzado la tarea de zapa y demolición de su prosperidad— una vasta clase media, emprendedora, culta, y de un altísimo nivel de vida. (¿Alguien recuerda que esa Argentina rica envió harina y carne a la pobrísima España de la posguerra?). En menos de medio siglo, sin que mediara ninguna razón natural, única y exclusivamente por la incompetencia demagógica de su dirigencia política, y la ceguera y sinrazón con que enormes sectores populares apoyaron los desvaríos de aquélla —nacionalizaciones, populismo desenfrenado, intervencionismo estatal en la economía, mercantilismo y corrupción— Argentina ha conseguido la hazaña de regresar al tercermundismo del que fue uno de los primeros países en salir, y debatirse, ahora, en sus inevitables secuelas: pobreza, desempleo, crispación social, marginación, y una astronómica deuda que gravitará mucho tiempo como lastre asfixiante sobre todo plan de reforma y desarrollo. Produce vértigo comprobar que el mayor responsable de esta catástrofe histórica sin parangón, el peronismo, siga gozando en Argentina del favor popular al extremo de haber erradicado a todo otro competidor en la liza electoral en un futuro más o menos próximo. Si esto no es vocación de suicidio, no sé qué es. ¿Y cómo llamar a esa fantástica carrera en la que parece haberse lanzado el pueblo boliviano hacia su ruina y desintegración? En 1985, en su cuarta presidencia, Víctor Paz Estensoro tuvo el coraje de llevar a cabo reformas radicales e inequívocamente modernizadoras, que salvaron a la sociedad boliviana del caos de una hiperinflación astronómica en la que los precios cambiaban tres veces al día y el valor de los salarios se escurría entre los dedos de los trabajadores apenas los cobraban. El gran sacrificio que esto significó, el pueblo boliviano lo soportó con estoicismo, apoyando las medidas modernizadoras: la privatización del sector público, los incentivos a la inversión extranjera, el apoyo a la exportación, y, en suma, la reversión de la tendencia populista, intervencionista y estatizadora, impulsada por el propio Paz Estensoro en los años cincuenta, que hizo de Bolivia uno de los países más pobres e inestables del planeta.
Las reformas dieron resultados apreciables y la economía boliviana comenzó a crecer, a atraer capitales extranjeros, y su vida política a estabilizarse, por primera vez en una historia en la que nunca antes un presidente elegido democráticamente había podido terminar su mandato.
Había elecciones libres y alternancia en el poder. La política económica se mantenía y muchos países latinoamericanos empezaron a mirar con envidia y admiración al país del Altiplano.
Entonces, los dioses, o tal vez el diablo, decidieron premiar la sensatez de los bolivianos haciéndoles descubrir en su subsuelo vastísimos yacimientos de gas y de petróleo. Fue la catástrofe.
La aparición de esa riqueza, que en cualquier sociedad normal sólo hubiera provocado alborozo y alentado la voluntad de progreso nacional, en Bolivia tuvo un efecto cataclísmico: la antigua demagogia populista resucitó, ganó las calles, y, capitaneada por supuestos líderes “indígenas” como Evo Morales (del Movimiento al Socialismo) y Felipe Quispe (Movimiento Indigenista Pachacutik), desencadenó una crisis que ya tumbó al presidente Sánchez de Losada y amenaza ahora con tumbar a quien lo sucedió, el presidente Carlos Mesa, y sumir al país, además de la parálisis económica en que ya se encuentra, en la anarquía, una guerra civil o un golpe de Estado y precipitar acaso el desmembramiento territorial de Santa Cruz, la región más afluente y más moderna de Bolivia. ¿Cómo calificar a todo este proceso si no llamándolo locura colectiva, peste de estupidez?
Es una ingenuidad de europeos amantes del exotismo creerse aquello de que el dirigente de los cocaleros bolivianos y el gran hacedor del desbarajuste en que se halla su país, Evo Morales, es un “indígena” luchando por mejorar la suerte de su comunidad étnica. En verdad, es un criollo lenguaraz, vivo como una ardilla, y que no se propone resucitar el Imperio de los Incas, ni el Tiahuanacu, sino seguir las huellas de sus maestros, amigos y mentores, Fidel Castro y Hugo Chávez (este último es, además, el financista del MAS), capturando el poder absoluto e instalando en Bolivia una dictadura marxista.
No es imposible que lo consiga, por la vía democrática de las urnas. En las últimas elecciones salió segundo, a muy poca distancia del vencedor, y ahora domina las calles, apoyado por sectores campesinos y mineros y por la COB, la Central Obrera Boliviana.
Su popularidad sólo es explicable por aquella pulsión de muerte que, según Freud, se disputa en el légamo de la personalidad humana con la erótica la orientación de la vida y va trazando, desde el inconsciente, el destino del individuo.
Evo Morales ha conseguido paralizar dos intentos de dar una ley de hidrocarburos que permita a Bolivia beneficiarse de los yacimientos de gas y de petróleo y quemar etapas en el desarrollo, creando puestos de trabajo y elevando los niveles de vida de los sectores desfavorecidos. Y ha declarado, sin empacho, que es preferible que estas riquezas permanezcan en el subsuelo en vez de servir para enriquecer a “las compañías capitalistas y al imperialismo”.
O sea, ya sabe el pueblo boliviano lo que le espera si el popular Evo Morales toma el poder.
Ante este riesgo, hay irresponsables que creen que el mal menor es llamar a los cuarteles y entregar el gobierno a un Pinochet.
Es decir, apagar el incendio echando chorros de alcohol y keroseno a las llamas. Si los cuartelazos y los caudillos militares resolvieran los problemas, Bolivia sería Suiza o Suecia, no Bolivia. Porque en sus 200 años de historia republicana ha tenido más golpes de Estado y más dictadores militares que todos los otros países de la tierra. En verdad, a ello se deben en gran medida su postración, sus desigualdades abismales, su atraso.
Una dictadura no es jamás la solución.
Hay que aceptar la democracia con todas sus consecuencias.
Hoy en día, el país más aislado sabe perfectamente, examinando su pasado o el presente de muchos de sus vecinos, lo que significa acabar con el Estado de Derecho, y entregar el poder a un Fidel Castro, a un Fujimori, a un Hugo Chávez, a un Somoza, a un Trujillo, a un Papa Doc. Si, a pesar de ello, teniendo la oportunidad de escoger, elige suicidarse, yo creo que su vocación fanática, masoquista, debe ser respetada.
Que experimente en carne propia las secuelas de su libre decisión. Tal vez así aprenda, reaccione, cambie. Afortunadamente, la historia moderna está llena de ejemplos de sociedades que, rendidas ante la fascinación de un dictador —Hitler, Mussolini, Franco, Salazar, Pinochet—, después de pasar por el horror, han aprovechado la lección y son hoy sociedades donde la democracia parece irreversible. O, tal vez no, y prefiera perseverar en el error. Allá ella.
Mario Vargas Llosa
El Pais
El Nacional, Sunday 29, May 2005
Tal vez la historia de ciertos países sería menos esotérica, para no decir indescifrable, si pusiéramos en tela de juicio la creencia, apuntalada y universalizada desde el optimismo filosófico del Siglo de las Luces, según la cual forma parte de la naturaleza de todos los pueblos la vocación de progreso, justicia y libertad. Porque, aunque es indudable que esta predisposición parece existir, en efecto, en las sociedades que han evolucionado desde la escasez hasta la prosperidad y desde el absolutismo hacia la democracia, lo cierto es que hay otras en las que aquel impulso natural colectivo brilla por su ausencia y, en su reemplazo, parece prevalecer una clara preferencia por el estancamiento, la involución histórica y hasta el suicidio económico y social.
Las razones por las que esta naturaleza reaccionaria y antimoderna se enraíza en una sociedad son muy variadas —ideológicas, religiosas, culturales— y, afortunadamente, cambiantes, lo que significa que, en distintas épocas de su desenvolvimiento, un mismo país puede estar en la vanguardia del progreso y en el furgón de cola de la modernidad. Los casos ejemplares de este fenómeno son, en Europa, Francia, y en América Latina, Argentina. Probablemente pocas naciones han hecho avanzar tanto el progreso social, económico y cultural en el mundo como Francia, sin cuyos pensadores, artistas, estadistas, y sin la voluntad transformadora y modernizadora de vastas capas de su población en los siglos XVIII y XIX, el mundo sería infinitamente más pobre y menos libre de lo que es hoy. ¿Por qué se ha extinguido ese espíritu en la sociedad francesa y lo ha reemplazado ese terrible letargo y resistencia a la modernización que está, paso a paso, hundiendo cada día más a Francia en una decadencia que parece irreversible? La Francia de la Enciclopedia y de les philosophes que inventó el universalismo, proclamó los Derechos del Hombre, inauguró la secularización de la cultura, es hoy una sociedad profundamente conservadora y reaccionaria, tratando desesperada y absurdamente de oponerse a la gran revolución de nuestro tiempo que es la globalización y oponiéndole un nacionalismo anacrónico y cerril, del que, aunque utilizando argumentos distintos, se alimentan prácticamente todas las fuerzas políticas, desde el fascista Le Pen hasta la extrema izquierda comunista y trotskista, pasando por gaullistas, republicanos, socialdemócratas y socialistas. El sector moderno y liberal es, políticamente hablando, insignificante y sin posibilidad alguna en lo inmediato de revertir este lento avance de la sociedad francesa hacia el abismo.
Esta involución recuerda la de la Argentina. Ya casi todo el mundo ha olvidado, luego del trágico espectáculo del país en los últimos decenios, que esta nación fue una de las más ricas y progresistas del mundo, una verdadera potencia industrial a principios del siglo XX, con un sistema educativo comparable a los mejores del planeta, que acabó con el analfabetismo antes que tres cuartas partes de Europa lo consiguieran, y que, a mediados del siglo XX, tenía todavía —aunque los desafueros del peronismo ya habían comenzado la tarea de zapa y demolición de su prosperidad— una vasta clase media, emprendedora, culta, y de un altísimo nivel de vida. (¿Alguien recuerda que esa Argentina rica envió harina y carne a la pobrísima España de la posguerra?). En menos de medio siglo, sin que mediara ninguna razón natural, única y exclusivamente por la incompetencia demagógica de su dirigencia política, y la ceguera y sinrazón con que enormes sectores populares apoyaron los desvaríos de aquélla —nacionalizaciones, populismo desenfrenado, intervencionismo estatal en la economía, mercantilismo y corrupción— Argentina ha conseguido la hazaña de regresar al tercermundismo del que fue uno de los primeros países en salir, y debatirse, ahora, en sus inevitables secuelas: pobreza, desempleo, crispación social, marginación, y una astronómica deuda que gravitará mucho tiempo como lastre asfixiante sobre todo plan de reforma y desarrollo. Produce vértigo comprobar que el mayor responsable de esta catástrofe histórica sin parangón, el peronismo, siga gozando en Argentina del favor popular al extremo de haber erradicado a todo otro competidor en la liza electoral en un futuro más o menos próximo. Si esto no es vocación de suicidio, no sé qué es. ¿Y cómo llamar a esa fantástica carrera en la que parece haberse lanzado el pueblo boliviano hacia su ruina y desintegración? En 1985, en su cuarta presidencia, Víctor Paz Estensoro tuvo el coraje de llevar a cabo reformas radicales e inequívocamente modernizadoras, que salvaron a la sociedad boliviana del caos de una hiperinflación astronómica en la que los precios cambiaban tres veces al día y el valor de los salarios se escurría entre los dedos de los trabajadores apenas los cobraban. El gran sacrificio que esto significó, el pueblo boliviano lo soportó con estoicismo, apoyando las medidas modernizadoras: la privatización del sector público, los incentivos a la inversión extranjera, el apoyo a la exportación, y, en suma, la reversión de la tendencia populista, intervencionista y estatizadora, impulsada por el propio Paz Estensoro en los años cincuenta, que hizo de Bolivia uno de los países más pobres e inestables del planeta.
Las reformas dieron resultados apreciables y la economía boliviana comenzó a crecer, a atraer capitales extranjeros, y su vida política a estabilizarse, por primera vez en una historia en la que nunca antes un presidente elegido democráticamente había podido terminar su mandato.
Había elecciones libres y alternancia en el poder. La política económica se mantenía y muchos países latinoamericanos empezaron a mirar con envidia y admiración al país del Altiplano.
Entonces, los dioses, o tal vez el diablo, decidieron premiar la sensatez de los bolivianos haciéndoles descubrir en su subsuelo vastísimos yacimientos de gas y de petróleo. Fue la catástrofe.
La aparición de esa riqueza, que en cualquier sociedad normal sólo hubiera provocado alborozo y alentado la voluntad de progreso nacional, en Bolivia tuvo un efecto cataclísmico: la antigua demagogia populista resucitó, ganó las calles, y, capitaneada por supuestos líderes “indígenas” como Evo Morales (del Movimiento al Socialismo) y Felipe Quispe (Movimiento Indigenista Pachacutik), desencadenó una crisis que ya tumbó al presidente Sánchez de Losada y amenaza ahora con tumbar a quien lo sucedió, el presidente Carlos Mesa, y sumir al país, además de la parálisis económica en que ya se encuentra, en la anarquía, una guerra civil o un golpe de Estado y precipitar acaso el desmembramiento territorial de Santa Cruz, la región más afluente y más moderna de Bolivia. ¿Cómo calificar a todo este proceso si no llamándolo locura colectiva, peste de estupidez?
Es una ingenuidad de europeos amantes del exotismo creerse aquello de que el dirigente de los cocaleros bolivianos y el gran hacedor del desbarajuste en que se halla su país, Evo Morales, es un “indígena” luchando por mejorar la suerte de su comunidad étnica. En verdad, es un criollo lenguaraz, vivo como una ardilla, y que no se propone resucitar el Imperio de los Incas, ni el Tiahuanacu, sino seguir las huellas de sus maestros, amigos y mentores, Fidel Castro y Hugo Chávez (este último es, además, el financista del MAS), capturando el poder absoluto e instalando en Bolivia una dictadura marxista.
No es imposible que lo consiga, por la vía democrática de las urnas. En las últimas elecciones salió segundo, a muy poca distancia del vencedor, y ahora domina las calles, apoyado por sectores campesinos y mineros y por la COB, la Central Obrera Boliviana.
Su popularidad sólo es explicable por aquella pulsión de muerte que, según Freud, se disputa en el légamo de la personalidad humana con la erótica la orientación de la vida y va trazando, desde el inconsciente, el destino del individuo.
Evo Morales ha conseguido paralizar dos intentos de dar una ley de hidrocarburos que permita a Bolivia beneficiarse de los yacimientos de gas y de petróleo y quemar etapas en el desarrollo, creando puestos de trabajo y elevando los niveles de vida de los sectores desfavorecidos. Y ha declarado, sin empacho, que es preferible que estas riquezas permanezcan en el subsuelo en vez de servir para enriquecer a “las compañías capitalistas y al imperialismo”.
O sea, ya sabe el pueblo boliviano lo que le espera si el popular Evo Morales toma el poder.
Ante este riesgo, hay irresponsables que creen que el mal menor es llamar a los cuarteles y entregar el gobierno a un Pinochet.
Es decir, apagar el incendio echando chorros de alcohol y keroseno a las llamas. Si los cuartelazos y los caudillos militares resolvieran los problemas, Bolivia sería Suiza o Suecia, no Bolivia. Porque en sus 200 años de historia republicana ha tenido más golpes de Estado y más dictadores militares que todos los otros países de la tierra. En verdad, a ello se deben en gran medida su postración, sus desigualdades abismales, su atraso.
Una dictadura no es jamás la solución.
Hay que aceptar la democracia con todas sus consecuencias.
Hoy en día, el país más aislado sabe perfectamente, examinando su pasado o el presente de muchos de sus vecinos, lo que significa acabar con el Estado de Derecho, y entregar el poder a un Fidel Castro, a un Fujimori, a un Hugo Chávez, a un Somoza, a un Trujillo, a un Papa Doc. Si, a pesar de ello, teniendo la oportunidad de escoger, elige suicidarse, yo creo que su vocación fanática, masoquista, debe ser respetada.
Que experimente en carne propia las secuelas de su libre decisión. Tal vez así aprenda, reaccione, cambie. Afortunadamente, la historia moderna está llena de ejemplos de sociedades que, rendidas ante la fascinación de un dictador —Hitler, Mussolini, Franco, Salazar, Pinochet—, después de pasar por el horror, han aprovechado la lección y son hoy sociedades donde la democracia parece irreversible. O, tal vez no, y prefiera perseverar en el error. Allá ella.
Sunday, May 22, 2005
PDVSA social expenses
In this article of May 22, 2005, El Nacional looks at the "social" desimbursments of PDVSA; that is, direct payments instead of the normal process through the National Assembly and budget.
=== === === === === === === === === === === === === === === === ===
Gasto social de Pdvsa supera los 7 millardos de dólares
En tres asambleas extraordinarias de accionistas, Rafael Ramírez y Alí Rodríguez modificaron la constitución del Fondo para el Desarrollo Económico y Social del País. Según el acta, Fondespa es un fondo rotativo con dos cuentas:
una por 2 millardos de dólares y otra por 2 billones de bolívares. Tiene la aprobación del Banco Central de Venezuela
Mery Mogollón
Hace un año, Rafael Ramírez y Alí Rodríguez Araque se reunieron en la sede de Petróleos de Venezuela para modificar por tercera vez consecutiva la constitución de un fondo especial, mediante el cual el Gobierno nacional tendría acceso ilimitado al excedente de la renta petrolera y sin el control del Banco Central de Venezuela.
A las 10:00 de la mañana del 14 de mayo de 2004, Ramírez y Rodríguez, en su condición de ministro de Energía y Minas (ahora Energía y Petróleo) y presidente de Pdvsa, respectivamente, realizaron una asamblea extraordinaria de accionistas, la cual fue convocada con apenas 24 horas de anticipación, con el fin de considerar y aprobar un punto único, por instrucciones del jefe del Estado.
Según consta en el acta levantada por el secretario de Entes Corporativos, George Kabboul, el punto único se refería a la constitución de un fideicomiso en los siguientes términos:
“a) Con parte de los ingresos extraordinarios por las ventas de exportación de hidrocarburos en dólares, y b) en moneda nacional con los aportes que se realicen a este efecto, todo ello con la finalidad de atender pagos en el exterior y en el país, por la ejecución de programas y proyectos destinados al desarrollo de infraestructura, actividad agrícola y vialidad”.
Una vez que el secretario leyó el punto, Ramírez se refirió a los principios establecidos en la Ley Orgánica de Hidrocarburos “relativos a la vinculación apropiada de los ingresos provenientes de los hidrocarburos con la economía nacional, en función del bienestar del pueblo”.
Como representante del accionista, Ramírez planteó: “Por consiguiente, visto que existen ingresos extraordinarios para Pdvsa y que el directorio del BCV en su reunión Nº 3.614 del 29 de enero de 2004 autorizó a Petróleos de Venezuela, S.A. de conformidad con el artículo 14 del Convenio Cambiario Nº 1 de fecha 5 de febrero de 2003, la constitución de un fondo en dólares, se propone la creación de un fideicomiso con parte de dichos ingresos, una vez deducida la regalía correspondiente, así como los impuestos y otras cantidades que hubiere que cancelar al Fisco Nacional, inclusive las previstas en la Ley de Presupuesto, distintas a las cantidades correspondientes al Fondo para la Estabilización Macroeconómica”.
De esta forma, el fideicomiso fue constituido por Pdvsa, a través de la Corporación Venezolana del Petróleo y se dispuso su depósito en el Banco de Desarrollo Económico y Social (Bandes).
En esa asamblea extraordinaria, Ramírez y Rodríguez le dieron por primera vez un nombre al fideicomiso: Fondo para el Desarrollo Económico y Social del País (Fondespa).
De acuerdo con el acta de la asamblea, Fondespa está conformado por los aportes de la CVP, en dos clases de moneda que deberán mantenerse en cuentas separadas.
La primera por la cantidad de 1 millardo de dólares como aporte inicial, pudiendo ser incrementado por la CVP en aportes sucesivos de 250 millones de dólares hasta alcanzar la cifra máxima de 2 millardos de dólares, “los cuales serán destinados para atender compromisos en moneda extranjera adquiridos por la CVP para la ejecución de programas y proyectos destinados al desarrollo de infraestructura, actividad agrícola y vialidad de conformidad con la autorización emanada del BCV”.
Y se agrega: “Los egresos deducidos del fondo fiduciario en dicha moneda podrán ser repuestos, dentro de los límites señalados”.
La segunda cuenta aprobada por Ramírez y Rodríguez asciende a “la suma de 2 billones de bolívares, mediante aportes parciales, los cuales serán depositados en una cuenta especial del BCV”.
Fondo a la carta
Fondespa originalmente no fue constituido con las características antes señaladas. Unos días después de que el jefe del Estado anunciara la constitución de un nuevo fondo con los ingresos petroleros, Rafael Ramírez y Alí Rodríguez efectuaron el 23 de enero de 2004 una asamblea extraordinaria de Pdvsa para aprobar una primera versión.
Según el acta de esa asamblea, el aporte inicial sería de 1 millardo de dólares hasta alcanzar la cantidad de 2 millardos de dólares.
Este fondo no era rotatorio y no se estableció la cantidad de los aportes sucesivos para completar el monto total.
El 11 de mayo de 2004, Ramírez y Rodríguez se reunieron por segunda vez en Asamblea Extraordinaria de Accionistas para modificar la constitución del fondo y darle un carácter rotatorio.
El texto aprobado fue el siguiente: “El aporte inicial al fideicomiso será de 1.000 millones de dólares hasta alcanzar la cantidad de 2.000 millones de dólares, en el entendido de que los egresos deducidos del fondo deberán ser repuestos continuamente, con el fin de mantener el fondo dentro de los límites señalados”.
Las actas de estas tres asambleas extraordinarias, obtenidas en el desarrollo de esta investigación periodística, son documentos importantes para entender el basamento jurídico que el Gobierno utilizó para la creación de un fondo discrecional, independiente del Presupuesto Nacional y del control del Banco Central de Venezuela.
Recientemente, Domingo Maza Zavala, director del BCV, propuso reemplazar a Fondespa por “un fondo especial de desarrollo, económico y social a la vista de todos”.
En sus declaraciones, Maza Zavala aseguró que lo que viene haciendo Pdvsa hace casi un año “ocurre sin contar con el permiso del BCV, como lo establece la ley”.
Sin embargo, el acta reseñada en los primeros párrafos de este trabajo señala que Pdvsa sí recibió autorización del ente emisor en su reunión Nº 3.614, del 29 de enero de 2004. Frente a esta polémica existen dos posibilidades: Pdvsa miente en el acta o Maza Zavala no fue invitado a esa reunión.
Cifras gigantescas
Con los 2 billones de bolívares y los 2 millardos de dólares en las dos cuentas de Fondespa, el total del gasto de Pdvsa para obras de infraestructura, agricultura y proyectos sociales supera 7 millardos de dólares.
En una presentación realizada en agosto de 2004, en la embajada de Venezuela en Washington, con la asistencia de Rafael Ramírez y Alí Rodríguez, se totalizó la cantidad de recursos financieros que el Gobierno viene tomando directamente de la caja de Pdvsa.
Bajo el título La verdad sobre el gasto social de Pdvsa, se detallan los aportes: 600 millones de dólares para las misiones Ribas, Sucre, Vuelvan Caras y Barrio Adentro; 600 millones de dólares para el Fondo de Desarrollo Agrícola; 500 millones de dólares para el Fondo de Desarrollo de Infraestructur; 2 millardos de dólares para Fondespa; 2,7 millardos de dólares del presupuesto de gasto social de Pdvsa.
En total: 6,4 millardos de dólares.
A esta cifra hay que agregar 2 billones de bolívares de la segunda cuenta de Fondespa.
Ramírez y Rodríguez informaron en Washington que el presupuesto propio de Pdvsa para gasto social se había incrementado de 38 millones de dólares en 1999 a 62 millones de dólares en 2003 y de allí a la cifra de 2,7 millardos de dólares en 2004.
¿Cómo, cuándo y en qué?
Al parecer, no existen informes consolidados ni detallados sobre el destino final de todo este dinero. Ni en Pdvsa ni en el Bandes ni en la Contraloría General de la República. Fuentes de la industria afirman que ello se debe a que no hay un presupuesto ni un plan consolidado de cómo y dónde se va a gastar el dinero. “Se gasta de manera desordenada, de acuerdo con las instrucciones que van llegando”, dijo uno de los auditores que trata de conciliar una gran cantidad de erogaciones, la mayoría sin respaldo técnico ni justificación, de acuerdo a los objetivos de los diferentes fondos.
Por ejemplo, al presupuesto de desarrollo social de Pdvsa, cuyo responsable es el director Dester Rodríguez, se le cargó el 6 de agosto de 2004 la cantidad de 93 millones de dólares como una donación a Mercal, sin especificar en qué se utilizaría. Esta no fue la primera donación recibida por Mercal. Hay otras, entre las cuales destaca una aprobada el 22 de junio de 2004 por 67,2 millardos de bolívares.
También del presupuesto social de la corporación petrolera salieron, el 16 de julio de 2004, 27,7 millardos de bolívares para la dotación tecnológica de la Misión Ribas, que consistió en la adquisición de 9.000 ambientes educativos (computadoras, impresoras, equipos de telecomunicaciones y accesorios), que serían distribuidos en la geografía nacional. Dónde, cuándo, cómo y a quién se compraron tales equipos, es una relación que no ha llegado aún a las manos de los auditores.
Para el pago de becas en el programa Gran Mariscal de Ayacucho se aprobaron 50 millardos de bolívares, el 1º de junio de 2004, mientras que la Fundación Oro Negro para gastos sociales recibió en tres donaciones diferentes más de 90 millardos de bolívares, entre mayo y junio de 2004.
Otra donación que destaca es la otorgada por Pdvsa el 16 de julio del año pasado a la Fundación Frente Bolivariano de Luchadores Sociales, por 30 millardos de bolívares, “con el fin de atender los requerimientos solicitados por el Ministerio de Energía y Minas en apoyo a la Misión Identidad”, según indica la instrucción emanada de la oficina de Dester Rodríguez.
Entre los documentos que tratan de organizar y cuantificar los auditores de Pdvsa, hay donaciones de todo tipo, entre ellas la recibida por la Federación Venezolana de Fútbol, como apoyo a la Vinotinto, por 7 millardos de bolívares, de los cuales 3,6 millardos fueron entregados en 2004 y 3,4 millardos en lo que ha transcurrido de 2005.
Los auditores de Pdvsa que facilitaron el acceso a estos documentos, cuya identidad solicitaron mantener en reserva, indicaron que apenas están comenzando el trabajo de conciliar las cuentas, pero requieren el apoyo de un número mayor de personal calificado y que el Gobierno exija a todos los entes que han recibido dinero de Pdvsa presentar sus balances detallados, con los respectivos respaldos, gestión que hasta ahora no se ha concretado.
In this article of May 22, 2005, El Nacional looks at the "social" desimbursments of PDVSA; that is, direct payments instead of the normal process through the National Assembly and budget.
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Gasto social de Pdvsa supera los 7 millardos de dólares
En tres asambleas extraordinarias de accionistas, Rafael Ramírez y Alí Rodríguez modificaron la constitución del Fondo para el Desarrollo Económico y Social del País. Según el acta, Fondespa es un fondo rotativo con dos cuentas:
una por 2 millardos de dólares y otra por 2 billones de bolívares. Tiene la aprobación del Banco Central de Venezuela
Mery Mogollón
Hace un año, Rafael Ramírez y Alí Rodríguez Araque se reunieron en la sede de Petróleos de Venezuela para modificar por tercera vez consecutiva la constitución de un fondo especial, mediante el cual el Gobierno nacional tendría acceso ilimitado al excedente de la renta petrolera y sin el control del Banco Central de Venezuela.
A las 10:00 de la mañana del 14 de mayo de 2004, Ramírez y Rodríguez, en su condición de ministro de Energía y Minas (ahora Energía y Petróleo) y presidente de Pdvsa, respectivamente, realizaron una asamblea extraordinaria de accionistas, la cual fue convocada con apenas 24 horas de anticipación, con el fin de considerar y aprobar un punto único, por instrucciones del jefe del Estado.
Según consta en el acta levantada por el secretario de Entes Corporativos, George Kabboul, el punto único se refería a la constitución de un fideicomiso en los siguientes términos:
“a) Con parte de los ingresos extraordinarios por las ventas de exportación de hidrocarburos en dólares, y b) en moneda nacional con los aportes que se realicen a este efecto, todo ello con la finalidad de atender pagos en el exterior y en el país, por la ejecución de programas y proyectos destinados al desarrollo de infraestructura, actividad agrícola y vialidad”.
Una vez que el secretario leyó el punto, Ramírez se refirió a los principios establecidos en la Ley Orgánica de Hidrocarburos “relativos a la vinculación apropiada de los ingresos provenientes de los hidrocarburos con la economía nacional, en función del bienestar del pueblo”.
Como representante del accionista, Ramírez planteó: “Por consiguiente, visto que existen ingresos extraordinarios para Pdvsa y que el directorio del BCV en su reunión Nº 3.614 del 29 de enero de 2004 autorizó a Petróleos de Venezuela, S.A. de conformidad con el artículo 14 del Convenio Cambiario Nº 1 de fecha 5 de febrero de 2003, la constitución de un fondo en dólares, se propone la creación de un fideicomiso con parte de dichos ingresos, una vez deducida la regalía correspondiente, así como los impuestos y otras cantidades que hubiere que cancelar al Fisco Nacional, inclusive las previstas en la Ley de Presupuesto, distintas a las cantidades correspondientes al Fondo para la Estabilización Macroeconómica”.
De esta forma, el fideicomiso fue constituido por Pdvsa, a través de la Corporación Venezolana del Petróleo y se dispuso su depósito en el Banco de Desarrollo Económico y Social (Bandes).
En esa asamblea extraordinaria, Ramírez y Rodríguez le dieron por primera vez un nombre al fideicomiso: Fondo para el Desarrollo Económico y Social del País (Fondespa).
De acuerdo con el acta de la asamblea, Fondespa está conformado por los aportes de la CVP, en dos clases de moneda que deberán mantenerse en cuentas separadas.
La primera por la cantidad de 1 millardo de dólares como aporte inicial, pudiendo ser incrementado por la CVP en aportes sucesivos de 250 millones de dólares hasta alcanzar la cifra máxima de 2 millardos de dólares, “los cuales serán destinados para atender compromisos en moneda extranjera adquiridos por la CVP para la ejecución de programas y proyectos destinados al desarrollo de infraestructura, actividad agrícola y vialidad de conformidad con la autorización emanada del BCV”.
Y se agrega: “Los egresos deducidos del fondo fiduciario en dicha moneda podrán ser repuestos, dentro de los límites señalados”.
La segunda cuenta aprobada por Ramírez y Rodríguez asciende a “la suma de 2 billones de bolívares, mediante aportes parciales, los cuales serán depositados en una cuenta especial del BCV”.
Fondo a la carta
Fondespa originalmente no fue constituido con las características antes señaladas. Unos días después de que el jefe del Estado anunciara la constitución de un nuevo fondo con los ingresos petroleros, Rafael Ramírez y Alí Rodríguez efectuaron el 23 de enero de 2004 una asamblea extraordinaria de Pdvsa para aprobar una primera versión.
Según el acta de esa asamblea, el aporte inicial sería de 1 millardo de dólares hasta alcanzar la cantidad de 2 millardos de dólares.
Este fondo no era rotatorio y no se estableció la cantidad de los aportes sucesivos para completar el monto total.
El 11 de mayo de 2004, Ramírez y Rodríguez se reunieron por segunda vez en Asamblea Extraordinaria de Accionistas para modificar la constitución del fondo y darle un carácter rotatorio.
El texto aprobado fue el siguiente: “El aporte inicial al fideicomiso será de 1.000 millones de dólares hasta alcanzar la cantidad de 2.000 millones de dólares, en el entendido de que los egresos deducidos del fondo deberán ser repuestos continuamente, con el fin de mantener el fondo dentro de los límites señalados”.
Las actas de estas tres asambleas extraordinarias, obtenidas en el desarrollo de esta investigación periodística, son documentos importantes para entender el basamento jurídico que el Gobierno utilizó para la creación de un fondo discrecional, independiente del Presupuesto Nacional y del control del Banco Central de Venezuela.
Recientemente, Domingo Maza Zavala, director del BCV, propuso reemplazar a Fondespa por “un fondo especial de desarrollo, económico y social a la vista de todos”.
En sus declaraciones, Maza Zavala aseguró que lo que viene haciendo Pdvsa hace casi un año “ocurre sin contar con el permiso del BCV, como lo establece la ley”.
Sin embargo, el acta reseñada en los primeros párrafos de este trabajo señala que Pdvsa sí recibió autorización del ente emisor en su reunión Nº 3.614, del 29 de enero de 2004. Frente a esta polémica existen dos posibilidades: Pdvsa miente en el acta o Maza Zavala no fue invitado a esa reunión.
Cifras gigantescas
Con los 2 billones de bolívares y los 2 millardos de dólares en las dos cuentas de Fondespa, el total del gasto de Pdvsa para obras de infraestructura, agricultura y proyectos sociales supera 7 millardos de dólares.
En una presentación realizada en agosto de 2004, en la embajada de Venezuela en Washington, con la asistencia de Rafael Ramírez y Alí Rodríguez, se totalizó la cantidad de recursos financieros que el Gobierno viene tomando directamente de la caja de Pdvsa.
Bajo el título La verdad sobre el gasto social de Pdvsa, se detallan los aportes: 600 millones de dólares para las misiones Ribas, Sucre, Vuelvan Caras y Barrio Adentro; 600 millones de dólares para el Fondo de Desarrollo Agrícola; 500 millones de dólares para el Fondo de Desarrollo de Infraestructur; 2 millardos de dólares para Fondespa; 2,7 millardos de dólares del presupuesto de gasto social de Pdvsa.
En total: 6,4 millardos de dólares.
A esta cifra hay que agregar 2 billones de bolívares de la segunda cuenta de Fondespa.
Ramírez y Rodríguez informaron en Washington que el presupuesto propio de Pdvsa para gasto social se había incrementado de 38 millones de dólares en 1999 a 62 millones de dólares en 2003 y de allí a la cifra de 2,7 millardos de dólares en 2004.
¿Cómo, cuándo y en qué?
Al parecer, no existen informes consolidados ni detallados sobre el destino final de todo este dinero. Ni en Pdvsa ni en el Bandes ni en la Contraloría General de la República. Fuentes de la industria afirman que ello se debe a que no hay un presupuesto ni un plan consolidado de cómo y dónde se va a gastar el dinero. “Se gasta de manera desordenada, de acuerdo con las instrucciones que van llegando”, dijo uno de los auditores que trata de conciliar una gran cantidad de erogaciones, la mayoría sin respaldo técnico ni justificación, de acuerdo a los objetivos de los diferentes fondos.
Por ejemplo, al presupuesto de desarrollo social de Pdvsa, cuyo responsable es el director Dester Rodríguez, se le cargó el 6 de agosto de 2004 la cantidad de 93 millones de dólares como una donación a Mercal, sin especificar en qué se utilizaría. Esta no fue la primera donación recibida por Mercal. Hay otras, entre las cuales destaca una aprobada el 22 de junio de 2004 por 67,2 millardos de bolívares.
También del presupuesto social de la corporación petrolera salieron, el 16 de julio de 2004, 27,7 millardos de bolívares para la dotación tecnológica de la Misión Ribas, que consistió en la adquisición de 9.000 ambientes educativos (computadoras, impresoras, equipos de telecomunicaciones y accesorios), que serían distribuidos en la geografía nacional. Dónde, cuándo, cómo y a quién se compraron tales equipos, es una relación que no ha llegado aún a las manos de los auditores.
Para el pago de becas en el programa Gran Mariscal de Ayacucho se aprobaron 50 millardos de bolívares, el 1º de junio de 2004, mientras que la Fundación Oro Negro para gastos sociales recibió en tres donaciones diferentes más de 90 millardos de bolívares, entre mayo y junio de 2004.
Otra donación que destaca es la otorgada por Pdvsa el 16 de julio del año pasado a la Fundación Frente Bolivariano de Luchadores Sociales, por 30 millardos de bolívares, “con el fin de atender los requerimientos solicitados por el Ministerio de Energía y Minas en apoyo a la Misión Identidad”, según indica la instrucción emanada de la oficina de Dester Rodríguez.
Entre los documentos que tratan de organizar y cuantificar los auditores de Pdvsa, hay donaciones de todo tipo, entre ellas la recibida por la Federación Venezolana de Fútbol, como apoyo a la Vinotinto, por 7 millardos de bolívares, de los cuales 3,6 millardos fueron entregados en 2004 y 3,4 millardos en lo que ha transcurrido de 2005.
Los auditores de Pdvsa que facilitaron el acceso a estos documentos, cuya identidad solicitaron mantener en reserva, indicaron que apenas están comenzando el trabajo de conciliar las cuentas, pero requieren el apoyo de un número mayor de personal calificado y que el Gobierno exija a todos los entes que han recibido dinero de Pdvsa presentar sus balances detallados, con los respectivos respaldos, gestión que hasta ahora no se ha concretado.
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