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Monday, April 07, 2008

ALEXIS ALZURU interview

"El Gobierno intenta corromper a los ciudadanos para así someterlos"

REYNALDO TROMBETTA
RTROMBETTA@EL-NACIONAL.COM

La principal línea de investigación del profesor Alexis Alzuru es la ética política. Desde hace dos décadas estudia cómo la acción en ese campo se relaciona con el marco moral del venezolano.

Este filósofo y politólogo, docente del Doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela, advierte que el problema de la corrupción que hoy vive el país "es más definitivo y radical" que en el pasado.

Alzuru sugiere que el Estado se transforma en una red delictiva y denuncia que el Gobierno institucionalizó una visión de la política vaciada de todo contenido moral, que intenta corromper a los ciudadanos para así someterlos.

–La corrupción no es un fenómeno nuevo. Venezuela siempre ha figurado en los primeros lugares de la lista de países más corruptos que desde 1995 publica Transparencia Internacional... –Ningún venezolano puede negar o desconocer que en los gobiernos anteriores, en especial desde la primera elección de Carlos Andrés Pérez, hubo un proceso creciente de corrupción. Muchos políticos robaron los recursos públicos de manera brutal y descarada.

Los partidos y muchas organizaciones se corrompieron de manera obscena. En ese período tuvimos gobiernos profundamente corruptos. Pero no hay hechos que permitan interpretar que entonces la corrupción era entendida y ejercida como una política de Estado. Es decir, como una de las principales estrategias políticas en las que se afinca y preserva el poder del Estado.

–¿Cuál es la diferencia entre esa corrupción y la que vemos ahora? –Venezuela había tenido gobiernos profundamente corruptos, pero nunca tuvimos la percepción de que el aparato del Estado se estaba transformando en una red delictiva. Todo indica que estamos frente a un fenómeno distinto, de otra calidad, de otra entidad y magnitud y de otras implicaciones morales, sociales y culturales. Cada día hay más indicios que permiten pensar que con la llegada de Hugo Chávez al poder se produjo un hecho insólito, único y decisivo en la cultura moral, social y política del país: se institucionalizó una visión de la política vaciada de todo contenido moral. No estamos únicamente frente a otro gobierno corrupto. El problema es más definitivo y radical. Estamos frente a una comprensión, una visión de la política que fundamentalmente quiere una cosa, que es apropiarse de la capacidad de decisión de los sujetos. Esa visión del Gobierno intenta corromper a los ciudadanos hasta los tuétanos para así someterlos, dominarlos y humillarlos.

–¿Ya no se trata sólo de llenar las cuentas bancarias? –El corrupto de cuello blanco se conformaba con llenar sus bolsillos y sus cuentas bancarias. Pero el que tiene una comprensión autoritaria y totalitaria del poder es corrupto no sólo porque quiere bienes materiales. No satisface su apetito y voracidad de poder solamente con un Rolex, un avión de 100 millones de dólares, 20 fincas o con una corbata Louis Vuitton. Él quiere eso, pero desea algo más: el alma de cada uno de los ciudadanos. Su verdadero deseo, su placer más intenso, es apoderarse y someter al ciudadano hasta la humillación más aberrante.

–El Gobierno dice que sí combate la corrupción, y pone como ejemplo el caso de Eduardo Lapi o el de los más de 400 ex funcionarios inhabilitados... –Y yo puedo poner por ejemplo el caso del gobernador de Yaracuy, o el de los otros tres gobernadores en el banquillo de los acusados. Creo que eso es parte del juego, de la tecnología de la corrupción. Es decir, yo te corrompo y en el momento en que necesite llevarte al patíbulo, te voy a llevar. Pero no es para hacer la corrección institucional, moral, social y cultural. Se trata de que yo necesito colocar en el patíbulo a unos cuantos porque tenemos elecciones a la vuelta de la esquina. Pero si tú quisieras hacer algo contra la corrupción, comenzarás a establecer mecanismos correctivos en términos institucionales.

–Más allá de robar un dinero, ¿qué manifestaciones concretas tiene esa visión amoral de la política? –Hay un hecho reciente que expresa con claridad lo que estoy diciendo: el minuto de silencio que el Presidente y su equipo guardaron por la muerte de Raúl Reyes. Ese gesto es obviamente censurable por los valores que Raúl Reyes encarnaba y representaba como persona. Pero, en realidad, lo que estremece es lo que ese gesto indica del Presidente: su comprensión de la política. Él entiende que la política es una práctica despotenciada de todo contenido moral. Eso significa que todo está permitido. Dentro de esa comprensión, personas como Raúl Reyes o Marulanda calzan los puntos de lo que debe ser un buen político. Entonces el buen político es el tipo que apela a cualquier táctica, estrategia o recurso, incluso el secuestro, la venta de drogas y armas, para obtener y ejercer el poder del Estado.

–¿Qué efectos tiene esta visión sobre la sociedad venezolana? –Esta idea tiene consecuencias prácticas muy contundentes y devastadoras, pues la función pública se instrumenta para desarrollar los medios que garanticen el ejercicio de ese tipo de poder. Una de esas consecuencias es la supresión de los marcos institucionales hasta donde sea posible. Las instituciones se personalizan y se someten a la voluntad del gobernante. Otra es el uso deliberado de los cargos y de los dineros públicos para corromper a los seguidores, funcionarios y militares.

Otro ejemplo es el canje de beneficios sociales a cambio del silencio y el apoyo o respaldo cómplice de los sectores medios y pobres: se trata de la compra de la conciencia y de la paz social. Otra de las consecuencias es el uso intencionado del lenguaje procaz, vulgar, soez y violento, como estrategia para configurar la amenaza y el chantaje. Pero también implica el adoctrinamiento y los cambios de patrones educativos y culturales de la población. Hablamos entonces de toda una tecnología de la corrupción.

–¿Se puede enfrentar exitosamente esa tecnología? –En medio de todo esta delicada situación debemos reconocer que los venezolanos tenemos una inmensa reserva moral. Parte de esa reserva es lo que ha permitido que en los últimos meses hayamos presenciado una sucesión impresionante de denuncias de actos de corrupción, formuladas por los propios seguidores del Presidente. El coraje de quienes denuncian, el rechazo y la protesta pública de muchos sectores de la población, así como la postura de los medios de comunicación privados, indican también que no todo está perdido. Hay un asunto aquí en el que yo quiero hacer énfasis. Esto no se trata de los políticos de la cuarta o de la quinta república. Aquí hay políticos que se llaman de la cuarta, que también tienen una visión autoritaria de lo que son la política y el ejercicio del poder.

–En unos meses habrá elecciones y quizás se vea cómo se manejan los "otros"... – Justamente por eso la pertinencia del tema. Cuando uno elige un alcalde, un gobernador, un concejal, un diputado, o más aún un presidente, hay que interpelarlo sobre su perfil, sobre su concepción de la política. Nosotros hemos sido muy flexibles con las exigencias que le tenemos que hacer a los políticos. Yo creo que un aprendizaje que tienen que hacer los venezolanos es que tenemos que ser mucho más estrictos con los políticos que se lanzan a los cargos públicos.

–¿Ve una salida a esta situación? – Que venga otra clase política con una visión potenciada de lo moral. En Venezuela hay un error fundamental. Nosotros suponemos que el sostén de la democracia es el voto. Pero la columna vertebral de la democracia es que los ciudadanos crean en las instituciones y que las instituciones respeten las reglas del juego. Si esa credibilidad se desfonda, usted tiene otra cosa, que puede ser hasta parecida a la democracia, pero eso no es democracia.

Thursday, May 17, 2007

LAND GRAB: Farms Are Latest Target

Co-ops of City Dwellers
On Seized Acreage Are
Mostly a Bust So Far

By JOSÉ DE CÓRDOBA
May 17, 2007; Front page of the Wall Street Journal

SAN FELIPE, Venezuela -- Vicente Lecuna jabs a wall map of his Santa Isabel ranch so angrily that the map crashes to the floor. "I used to produce 10,000 tons of sugar cane a year," says the 67-year-old Venezuelan cattleman. "Now it's zero! Zero!" he shouts.

Two years ago, squatters seized about half of Mr. Lecuna's 3,000-acre ranch, setting up a cooperative named "Re-Founding the Fatherland." Far from being evicted, the squatters got loans and tractors from the government of President Hugo Chávez. They then uprooted the sugar cane and decided to try their hand at growing plantains.

"We are building socialism and fighting capitalism!" says co-op leader Juan Nava, standing amid wooden shacks on what used to be Mr. Lecuna's land. The rancher's efforts to fight the takeover in court have gone nowhere.

If the rhetoric smacks of the 1960s, it's because Mr. Chávez dreams of transforming Venezuela just as Fidel Castro did Cuba. Mr. Chávez has already sharply cut private companies' role in Venezuela's lucrative oil industry, and uses the state oil company to funnel billions of dollars to his social projects. He has nationalized the leading telephone company and the main electric utility. He speaks of wanting to drive a stake through the heart of capitalism, limiting the role of money and installing a barter system.

Now Mr. Chávez is taking his revolution to the Venezuelan countryside. "We must end latifundios," he said in a televised speech in March, referring to large agrarian estates. "The people order it, and we will do it, whatever the cost." Then he announced the seizure of a land area larger than the state of Rhode Island.

Since coming to power, the Chávez government has handed over 8.8 million acres, an area bigger than Maryland, for use by the poor. While much of this was state-owned land that was either idle or leased to ranchers, some 4.5 million acres were "recovered" from private owners, Mr. Chávez said recently. In some cases, the government compensated them. In most others, like Mr. Lecuna's, it has simply turned a blind eye to land invasions.

The government bills land reform as a way to make Venezuela self-sufficient in food. But so far, the effect has been to undercut production of beef, sugar and other foods, as productive land is handed to city dwellers with no knowledge of farming. Established farmers and ranchers, fearing their land may be seized next, are cutting investment in their operations to a minimum.

The chaos in the countryside has contributed to shortages in basic items like milk and meat, a paradox in a country enjoying an economic boom traceable to high oil prices. Also spurring the shortages are price controls on certain foods that keep them priced below the cost of production. Meanwhile, 19%-plus inflation -- as oil revenue floods the economy -- spurs panic buying: purchasing price-controlled and other goods the shopper might not immediately need for fear of having higher prices in the future or not finding the items at all.

"You get up at dawn to hunt for a breast of chicken all over town. Housewives are in a foul mood," says Lucylde González, a Caracas homemaker, who says she hasn't seen an egg in a week.

After squatters took part of Mr. Lecuna's land, his bank said he could no longer use what remained as collateral for loans, and asked him to put up a Caracas office building he owns instead. Mr. Lecuna says he can't get financing from state banks, because they now won't lend to farmers with more than 100 acres. He has stopped buying fertilizer and machinery. "I'm afraid of investing," he says. In addition, kidnappings of farmers and ranchers for ransom are on the rise, and scandals have plagued the co-op program.

Mr. Chávez blames the shortages on "speculation" by distributors and producers. Agriculture Minister Elias Jaua recently called a news conference to deny there's been any decline in food production during the eight years of Chávez rule. The central bank stopped publishing agricultural statistics in 2005. A private farm association called Fedeagro estimates Venezuela grew 8% less food last year than the year before, citing factors including the price controls, land seizures and the wave of kidnappings of farmers.

Oil-Fueled Experiments

Some Chávez initiatives recall disastrous past experiments with collectivized agriculture, such as in Mao's China and the Cuban revolution, which helped turn one of Latin America's richest lands into one of its poorest. But as the world's fifth biggest oil exporter, Venezuela has an advantage they didn't. Oil revenue gives the fiery nationalist leeway to pursue utopian policies despite the doubts of many mainstream economists that they are sustainable.

Members of new farm co-ops receive training via a program called Misión Vuelvan Caras, ("Mission About-Face"), which Mr. Chávez has just renamed Misión Che Guevara. It pays thousands of slum dwellers monthly stipends to learn a hodgepodge of Marxism, "ancestral" Venezuelan farming methods, and Cuban fertilizer-making techniques. In two years, the program has graduated nearly a million people.

At the Re-Founding the Fatherland co-op, the 96 members have four tractors, including a bright red Veniran made by a Venezuelan-Iranian government joint venture. Co-op members have uprooted about 540 acres of sugar cane planted by the former owner, Mr. Lecuna. The co-op's Mr. Nava, a wiry former construction worker in plastic sandals, says members have planted 60 acres of plantains, a figure he ups later in the interview to 170. Lecuna ranch hands say it's 10 acres at most. Co-op members have also planted small plots of corn, beans and watermelons.

The co-op's production doesn't come close to sustaining its members, and most work in nearby cities and towns. The dozen or so who live in shacks on the land are currently building a concrete trough that they plan to fill with millions of worms. The worms will be fed cow manure to create a fertilizer called humus de lombrices, or worm humus. The technique comes recommended by Cuba. "By next year, we will live from this," says Mr. Nava, as two rail-thin dogs fight nearby and kick up a cloud of dust.

Referring to the rancher whose land was seized, Mr. Nava demands, "Why so much land owned by one man and so many others dying for land? Tell Lecuna we are going to take everything. We are coming his way!"

Until Mr. Chávez became president in 1999, land reform wasn't a big issue in Venezuela. A land-redistribution program in the early 1960s had ended a system of big estates with absentee owners and serf-like laborers, handing hundreds of thousands of acres over for the use of peasants, say Venezuelan agriculture experts.

Early on, Mr. Chávez pushed legislation permitting the government to seize land from large farms, but opposition from farmers, ranchers and the supreme court largely stopped his efforts. He tried again in 2005 and this time faced little resistance. Mr. Chávez by then controlled the courts as well as the Congress, where he had no opponents because opposition parties, thinking legislative elections rigged, had boycotted the polls.

One of the first battlegrounds over land reform was Hato Paraima ranch, on the scorching plains of Cojedes state in central Venezuela. In 2005 the state governor, a Chávez ally, announced he would seize the 120,000-acre ranch outright from its owners, the Branger family. The federal government stepped in and, after months of negotiation, purchased about 80,000 acres. "It was a reasonable negotiation -- within the context that it was a forced negotiation," says Jaime Pérez Branger, president of the family company.

Hato Paraima's land gets virtually no rain about six months of the year. During the other six, it is subject to repeated flooding. So it's acceptable for grazing cattle and growing grass seed, but not much else. Even grazing is difficult because of the acidic soil and extreme rainfall pattern. The Branger family has a seed company that developed hardy grasses adapted to the tough conditions of Venezuela's plains.


Without any sort of water study, the government distributed 80,000 acres of Hato Paraima to dozens of co-ops and individuals -- who submitted plans for growing everything from sugar cane to vegetables on it, as well as for raising cattle on small plots. The government hoped the results would be a showcase.

But the co-op members have seen their pastures dry up in the searing sun of the dry season. Some gave up. Others, in desperation, have turned to the Branger family for help.

"The people are going crazy for lack of pasture," says Rodolfo Barrios, who manages the family's seed company, called Sembra. He says that co-op members pleaded with him five times this March for hay to feed their cattle, and that he donated about 1,000 bales, plus the use of a bulldozer to make a road to connect distant co-ops to the main road.

Today the co-ops feature a succession of empty shacks and a couple of skinny cows among dust devils and hard, rocky soil, with just a few people around. A planned community center is half-finished, as are some 25 houses that will eventually replace squatters' shacks. Roads and drainage systems promised by the government are, for most part, yet to be built.

Co-op member Arturo Morffe lives in a shack made of tin and sticks, with no water or electricity. The 50-year-old former construction worker is the only member of a 20-person co-op, all city dwellers, who lives full time at the co-op's 750 acres. He says the rest, including his wife and children, are back in the city of Maracay, where they first formed the co-op, and eight have abandoned the co-op effort altogether.

His wife visits occasionally, he says, as he takes a break from clearing brush with a machete. "She says I should quit the struggle." But the lanky Mr. Morffe, who has planted 100 maracuyá fruit plants by his shack, is determined to see the project through. "It's tough, but we have to keep going," he says. Pointing with his machete toward the stony ground, he says, "If the government helps out as it says it will, then in two years we could have 200 to 300 milk cows."

Taking Advantage

For some, the Venezuelan co-op program -- which readily makes loans available to members of a wide variety of co-ops, not just agrarian -- is evidently just a way to make a buck. Some city residents hire watchmen to live a subsistence existence in shacks on their rural homesteads while waiting for government loans. In Guárico state, officials say some local businessmen gave local prostitutes a few hundred dollars for the use of their names to form ghost co-ops and then receive loans of up to $100,000.

The repayment rate on farm co-op loans in Venezuela is less than 1%, says Olivier Delahaye, an expert on agrarian reform in Latin America. The whole Venezuelan co-op program is a "loan factory," Mr. Delahaye says.

José López occupies a tin and wood shack down one dusty road on a co-op. "I'm the watchman here," says the one-eyed Mr. López, sprawled on a hammock surrounded by empty beer bottles. Mr. López says the 40-acre homestead belongs to a person who works for a television cable company in the city of Valencia, three hours away, who drops by once a week to pay his salary.

An official from the government land institute, which certifies that the land's occupiers are making improvements, stops by, making his rounds. The official says the government has granted the homesteader a $40,000 loan to build fences and improve the place, although there is no water nearby.

Many involved in the land-reform effort say it is riddled with corruption, such as in San Carlos, the capital of the state of Cojedes, a sweltering town with a statue of a giant mango marking its entrance. The last three local administrators of the agency that grants squatters "agrarian letters" -- the first step in getting a government loan -- have been fired amid charges of mismanagement and fraud. "The struggle against the oligarchy is paralyzed," says Anibal López, an aging former guerrilla sent from Caracas to run the agency.

Scandals have dogged almost every agency involved with Venezuela's new agricultural development. Fondafa, which is supposed to fund the new co-ops, has the worst reputation. Reinaldo Barrios, a Chávez supporter and municipal official in the town of Zaraza in the main corn-producing region, estimates that $100 million of money intended for farmers was stolen or lost in the last two years.

"Impunity, inefficiency and corruption are destroying the economic and political bases of the country," he charges. Venezuela's Congress is doing an investigation. But some high-ranking Chavistas have labeled Mr. Barrios a "counterrevolutionary," suggesting the inquiry may not go very deep.

Mr. Chávez is undaunted. In late March, he held his weekly televised address from a farm that had just been seized. He asked an aide what kind of land it was. "This is a very flood-prone zone," the aide replied, saying that 80% of the land is at times under water. That didn't stop Mr. Chávez, who promised that in three months the government would have an economic development plan for the land. "The Revolution is here," he said.

Monday, May 14, 2007

An interview with one of the ideologues of Chavez

An interview that Appeared in Tal Cual May 14 2007. Juan Carlos Monedero is the head of the CIM which is the organization trying to create an ideological structure to Chavez autocratic project.

First the curriculum of the guy and then the co0mpelte and fascinating interview by Alejandro Botía

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JUAN CARLOS MONEDERO (1963)
Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, UCM, (número 1 de su promoción), con posgrado en la Universidad de Heidelberg (Alemania). Ha sido profesor invitado en Universidades de Alemania, Argentina, Colombia, México y Venezuela. Doctor en Ciencias Políticas de la UCM con su tesis sobre el hundimiento de la República Democrática Alemana.

Profesor titular de Ciencia Política y de la Administración.

Ha publicado una decena de libros sobre socialismo Coordina la Escuela Internacional Complutense de Gobierno y Ciudadanía, dentro del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI). Es el responsable de Formación del Centro Internacional Miranda.

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La discusión sobre el socialismo del siglo XXI no es tan infranqueable como parece.

Al hablar con Juan Carlos Monedero, surge la certeza de que el núcleo del debate es más semántico que ideológico y que la dificultad para llegar puntos de encuentro obedece más a las palabra con que definen las cosas que a una verdadera diferencia de conceptos.

El director de Formación del Centro Internacional conversó el pasado miércoles con TalCual y entre muchas de sus observaciones, esbozó al menos una que podría ser el primer punto de aproximación:
“el socialismo no es un modo de producción como se podría definir el capitalismo, sino un modo integral de reorganizar la sociedad...” .

Para Monedero, la socialdemocracia europea (que se llegó a considerar punto final al enfrentamiento entre socialismo y capitalismo) sólo funcionó en ese rincón del mundo debido a una serie de condiciones sociales, políticas e históricas y no es reaplicable en Venezuela, a causa de esas diferencias.

A su juicio, en Latinoamérica el Estado nunca se desarrolló plenamente y en vez de ser parte de la solución, siempre ha formado parte del problema. De allí la necesidad de inventar o errar, de promover un modelo más justo, basado en la solidaridad y no en la explotación, en la satisfacción de necesidades y no en el lucro.

Todavía, sin embargo, no encuentra la forma de aplicar en la práctica la teoría marxista de los excedentes, ni tampoco, una fórmula precisa para repartir la ganancia que genera el trabajo y acabar con la” explotación” del patrón. Esto no le impide reconocer que toda empresa, debe ser rentable, aún cuando todo lo que implique hacer más ética a la economía de mercado, a su juicio ya no puede llamarse capitalismo.

–¿Cuáles son los elementos que usted propone para pasar en Venezuela de una sociedad capitalista a una socialista?
–Venezuela tiene como cuatro grandes líneas de comportamiento económico: una primera, urgente, paliativa (...) son políticas públicas participadas socialmente.

Una segunda fase, nace de la constatación de las insuficiencias de las misiones y busca estructurarlas en programas más amplios (...) Un tercer gran pilar de la economía en Venezuela es una mezcla de capitalismo de estado y socialismo de mercado. El primero hace referencia a al comportamiento dentro de una sociedad capitalista de empresas cuyo capital total o principal es del Estado y cuyos beneficios se utilizan para redistribución de la riqueza.

Socialismo de Mercado implicaría un comportamiento público ya no necesariamente estatal, que operando dentro de un sistema mercantil siente las bases para ir superando ese sistema mercantil:
esas son las empresas de producción social es el modelo cooperativo, es el modelo de intercambio del Alba. La cuarta fase, sería la fase socialista, donde los intercambios estuvieran guiados por las necesidades sociales y no por ningún afán de lucro...

–¿Cómo se aplicaría el principio de los excedentes en el caso de un médico? –Sería un error intentar resucitar la discusión marxista de la transformación del valor en precios. Hay una verdad profunda en la teoría del valor de Marx, como tantas cosas en él, que es la injusticia de entender que mercancías que incorporan tiempo de trabajo similar no tengan un precio similar al final del proceso, porque eso significa a fin de cuentas que hay gente que se está beneficiando del trabajo de seres humanos... .

–¿Pero, cómo llevar a lo práctico la teoría de los excedentes en el sector servicios?
– (...) hay una orientación para construir las sociedades emancipadas del s XXI.

Todo aquello que supere el estatismo, la modernidad y el capitalismo va en la dirección correcta. En ese sentido, las economías de servicios, cualquier persona que extraiga de su funcionamiento económico, fuera del régimen mercantil algunas parcelas va en la dirección correcta.

No se trata de que un sistema de planificación general obligue a toda la economía a un determinado tipo de comportamiento porque hoy por hoy no tenemos ningún método de validación del sistema económico como el del mercado, El mercado hoy por Hoy es un sistema eficiente de validación de la eficiencia económica y creo que no se debe sustituir el mercado en términos generales en tanto en cuanto no haya un sustituto que garantice la satisfacción de las necesidades como lo hace el mercado...) Pero en esta misma definición tendríamos que darnos cuenta de que hay millones de personas que no pueden acceder al mercado, por tanto tampoco se puede afirmar tampoco que el mercado sea un buen asignador de recursos.

–Déjeme hacer la pregunta al revés:
¿es válido que un zapatero que arregla muchos zapatos gane mucho dinero?
–Pero es que no es un ejemplo real.

Nadie se enriquece trabajando. Al comienzo del Manifiesto Comunista Marx plantea que por qué se acusa a los comunistas de querer acabar con la propiedad privada cuando quien ha acabado con ella es el sistema capitalista.

Un análisis repetido desde la ciencia social del capitalismo es que separa a los productores de los medios de producción. A menudo, cuando se interroga al socialismo, se interroga pensando que la alternativa es una sociedad de pequeños productores.Yo siempre insisto que si el capitalismo hubiese sido una sociedad de pequeños productores nunca habría surgido el socialismo. Marx no tiene nada contra el trabajo ganado con tu propio esfuerzo, nadie en su sano juicio lo tendría.

–No ha contestado mi pregunta:
¿qué pasa con un médico que trabaja para sí y genera riqueza y acumula dinero?
–Insisto en que el modelo con el cual tú me quieres contrastar una supuesta insuficiencia del socialismo es irreal, es el modelo donde individuos particulares pueden enriquecerse con su trabajo.

Creo que eso no es real, fíjate que las posibilidades que tenemos de enriquecernos sin explotar a otros es prácticamente nula.

–¿En un modelo socialista cómo debe distribuirse entre el patrón y el obrero la ganancia producto del trabajo?
–Siempre que cualquiera de nosotros no recibe el producto íntegro de su trabajo, salvo lo que se deprecia la maquinaria con la cual trabajamos, está habiendo explotación. Eso es incuestionable. Tú produces 10, uno (1) va para la reproducción del aparato, de la maquinaria y a ti te pagan 5, entonces alguien se está apropiando con 4 de tu trabajo y eso significa explotación.

–¿Entonces la totalidad de la ganancia (descontando depreciación de equipos) debe repartirse mitad y mitad entre trabajador y empleador?
–No, por eso digo que ahí hay explotación y el socialismo, como una reconstrucción integral basada en que todos los seres humanos somos iguales en dignidad, no puede convivir con la explotación. Esto es un principio claro para el cual no necesito tener alternativa para entender que eso moralmente está mal.

A partir de esa constatación, surgen algunas posibilidades, algunas contrastadas y otras por contrastar: una es la propiedad cooperativa de los medios de producción; otra es la propiedad pública de determinados bienes esenciales cuya distribución no puede estar sometida al albur de la oferta y la demanda, porque son bienes públicos que tienen que estar garantizados para todos los seres humanos. Hay otras fórmulas de cogestión y otras que están todavía por probar. Lo que antes solventaba al Estado, el capitalismo y la modernidad, lo tenemos que solventar desde nuevas perspectivas.

–Pero en este momento no hay nada claro, definitivo...

–Tenemos claro lo que no debe ser. El socialismo del s. XXI tiene claro lo que no debe ser y eso no es poco, eh?
–¿Cuando se plantea que el trabajador debe recibir el producto de la ganancia que genera su esfuerzo no se está hablando de la redistribución de la riqueza?
–Yo no sé si no te estoy entendiendo o me estoy explicando mal. Hay un objetivo y es que el grueso de la sociedad de beneficie de las ventajas de vivir en sociedad, Todos somos necesarios.. en la sociedad actual todos somos necesarios a través de la división del trabajo para que las cosas funcionen y tan importante es el que se encarga de que haya luz y agua... como los que están pensando la organización general de la sociedad. La pregunta es cómo logramos eso.Y fíjate que ahí ya hay una diferencia entre el capitalismo ay el socialismo.

Al capitalismo no le preocupan las desigualdades. Al contrario, se basa en su existencia. Necesita las desigualdades, porque si no, no funciona, –¿Para eso no está el Estado?
–Depende. Durante el neoliberalismo el Estado ha servido al capitalismo, el Estado se transformó para dejar de servir a los intereses colectivos y pasar a servir a los intereses de esa élite globalizada.

Por eso el capitalismo siempre limitar al estado a funciones de garantía de la propiedad privada, defensa de las fronteras e inversión de las infraestructuras de las cuales a lo mejor no se va a beneficiar el sector privado. En el momento en que tu me estás diciendo que el Estado intervenga, me estás metiendo formas socializantes de la economía capitalista.

–En EEUU o Europa hay legislación antimonopolios, regulación de tasas de interés e impuestos directos progresivos, pero nadie discute que el sistema de generación de riqueza es capitalista.

–Pero esa es sólo una de las posibilidades.

Otras es la propiedad pública de los medios de producción –En Francia la Renault es pública, pero si no es rentable no puede repartir beneficios..

–Pero puede haber una rentabilidad no capitalista. Desde el socialismo del siglo XXI entendemos que debemos reconsiderar los indicadores que miden la rentabilidad empresarial. El capitalismo funciona con un único indicador que es el nivel de beneficios obtenidos por la empresa.

(...) El socialismo de s. XXI incorpora otros indicadores que miden el retorno social porque las empresas no están aisladas, Esos indicadores son rojos, por ejemplo, de salario justo y digno –¿No es eso redistribución de la riqueza?
–Rojos, que tiene que ver con una redistribución del beneficio al interior de la empresa a través de salarios justos y dignos, estabilidad laboral, higiene en el trabajo, seguridad sociales. Indicadores verdes, que miden si esa empresa colabora con la sustentabilidad del planeta, algo que tradicionalmente le ha resultado irrelevante a la empresa capitalista; indicadores violeta, en qué medida la empresa está colaborando a la igualdad de géneros; indicadores amarillos, en qué media se colabora con el mantenimiento del patrimonio cultural e identitario; indicadores blancos, acerca de la paz –Pero esto se puede implementar en cualquier sociedad sin desconocer las leyes de la economía...

–Durante toa la entrevista estás insistiendo en intentar construir el capitalismo ético, en intentar construir el capitalismo con rostro humano, algo que te vengo diciendo que ha sido posible sólo en un rincón del mundo, con unas circunstancias muy concretas, con un agotamiento radical de la naturaleza, sobre los hombros del sur, sobre el endeudamiento de las generaciones futuras y con el límite estructural de que cuando el capitalismo necesitó mantener su tasa de beneficios, esa retribución de la renta se terminó y salió el verdadero rostro del capitalismo, que es voraz y depredador...

–¿Acaso el reto no es lograr que el Estado a través de las instituciones y las leyes asegure la máxima inclusión y la mejor distribución de la riqueza?
–Si lo que tu dices fuera cierto, me tendrías que explicar cómo es posible que en ese modelo tan chévere que me defines, tan estupendo y siendo hegemónico en todo el mundo el capitalismo, prácticamente el 80% del mundo esté umbral de pobreza, cómo es posible que hayamos depredado el planeta y 300 personas tengan tanta renta como 3000 millones que se están muriendo de hambre. Es una visión muy idílica la que tienes del sistema capitalista.

–No podemos llegar progresivamente a estados de bienestar como los europeos en vez de pretender desconocer el capitalismo como sistema generador de riqueza?
–No porque el sistema de bienestar europeo, como te vengo explicando funciona con unos elementos previos que no son replicables en América Latina. Yo creo que ningún país de la Unión Europea ha hecho el esfuerzo que ha hecho Venezuela para crear cooperativas. El principal esfuerzo que se hace allá es para crear empresas capitalistas.

–Pero en ambos casos deben ser rentables y generar riqueza para repartir.

–Sí, pero la rentabilidad que busca ahora Venezuela no es ya una rentabilidad estrictamente de cuenta de beneficios.

–En Venezuela se promueven formas alternativas de propiedad social pero eso no significa que dejen de regirse por la lógica de generación de dividendos...

–No de generar dividendos. El fin de una empresa no es generar beneficios sino satisfacer necesidades de manera eficiente y dentro de esa eficiencia debe también estar funcionando la garantía de que esa empresa es sustentable económicamente.

Una empresa que fuera muy solidaria pero que no tuviera lógica económica sería una mala empresa, para eso es mejor montar una ONG. Una empresa si es empresa debe tener lógica económica. Ahora bien, lo que hay que cambiar es en qué consiste la lógica económica. La lógica económica tiene en cualquier caso que cumplir un requisito y es que satisfaga unas necesidades sociales y que lo haga de la manera más eficiente posible (...) Ahora bien, sobre esto que es la base, metemos el resto de los indicadores porque en el método del socialismo lo que funciona no es sólo la maximización de la junta de resultados de la empresa sino que hay más elementos detrás que responden a otras lógicas.

–Entonces estamos de acuerdo en que la empresa, cualquiera sea su naturaleza tiene que ser eficiente en sus sistema de producción y por lo tanto rentable.

–Es obvio, es tan de cajón que no hace falta ni mencionarlo.

–Para algunos esa es la esencia del capitalismo: la generación de riqueza...

–Eso es una simpleza. El capitalismo es un sistema que se basa en la propiedad privada de los medios de producción, la definición de las cantidades y los precios a través de la oferta y la demanda y la potencial mercantilización de todos los aspectos de la vida.

–¿Si admitimos la rentabilidad y agregamos la gama de colores que miden la eficiencia para los socialistas, eso no podría llamarse capitalismo ético?
–No porque esos colores van directamente contra el sistema capitalista, si tu radicalizas - es decir, vas a la raízesos colores estás negando el capitalismo.

Si tú una empresa la haces radicalmente roja, nunca el empresario se quedará con la totalidad del beneficio sino que la repartirá con los trabajadores..

–¿No es posible entonces un capitalismo ético?
–Capitalismo ético es una contradicción en los términos, es como estruendoso silencio o soledad concurrida.

Se niega mutuamente porque la ética prioriza es el bienestar individual y la competitividad, En el capitalismo hay ganadores y perdedores, mientras que la ética lo que busca es la igualdad un comportamiento cooperativo. Por tanto, quererlos juntar no es sino engañar. De hecho, la responsabilidad social de la empresa no sino es algo que surge después de la depredación empresarial neoliberal cuando las empresas han roto tanto que necesitan de alguna manera lavar su cara y la única forma de hacerlo y generar un poco de confianza social es presentarse como éticas

–¿No está todo este dilema en un plano retórico? ¿No es posible desde ambos extremos llegar al mismo punto de empresas solidarias frente a la sociedad y sus empleados, sólo que unos lo llaman capitalismo ético y otros socialismo?
–No, porque si tú al capitalismo lo haces ético deja de ser capitalismo. Un capitalismo donde desaparezca la explotación de los trabajadores donde reciban su suelo y el empresario reciba también su sueldo... . ya no es capitalismo es otra cosa.